Hola de nuevo. Es el segundo día que me pongo a escribir estas notas y no sé ni por dónde empezar. Ha sido una vorágine de noticias, llamadas, rellamadas, disgustos, decepciones, incredulidad…

Es un cúmulo de sentimientos que, seguramente, también os embarga a todos vosotros y que nos hace vivir cada día como una noria.

Pero de todos esos sentimientos, me quedo con uno que resume la sensación que tiene la mayoría de personas con las que he tenido la suerte de intercambiar pareceres.

Comencé esta mañana, a eso de las seis de la madrugada (reconozco que en estos días sufro insomnio) repasando noticias del día anterior que no me había dado tiempo a leer. Entre tantas y tantas noticias malas, funestas muchas de ellas, hubo una en particular que me sobrecogió.

En ella, una madre toledana con un bebé de seis meses cuenta su sensación de estar, literalmente, abandonada a su suerte.

Cuenta que ella, diagnosticada por teléfono como infectada por el desgraciadamente ya famoso COVID-19, o coronavirus, no ha podido recibir ayuda para contar con mascarillas y otro material para no contagiar al bebé, que es lactante. Que ninguna autoridad de nuestro sistema de Salud, ese que pagamos todos, le ha ofrecido una solución.

Esa enorme congoja me ha hecho pensar en el gran número de casos que hay de infectados de carácter no grave que permanecen en sus casas y la angustia de sus familiares que, lógicamente, temen el contagio y tienen pánico a que alguno de ellos, si es contagiado, padezca la enfermedad de una manera mucho más virulenta.

Esa sensación de orfandad, de estar abandonados nos asola. Porque una cosa es que temamos a la pandemia, pero otra mucho más grave es que temamos que no va a haber nadie que nos ayude.

Y yo, a eso, me niego. Y os aseguro que voy a luchar con todas mis fuerzas para que, hasta donde yo pueda llegar, eso no ocurra.

Esta misma mañana he tenido ocasión de pedir al Gobierno regional que ponga en marcha pruebas masivas para detectar el virus, incluso desde el propio vehículo, tal y como se está haciendo en Andalucía y , por ejemplo.

Sé que es posible. Que solo hay que ponerse en marcha y dedicar todas nuestras fuerzas a ello.

Voluntad. Es cuestión de voluntad. Lo mismo que la de abrir ya el nuevo hospital de Toledo, que está acabado y que es el más grande de toda Europa, aunque permanece cerrado. Un hospital con espacio suficiente para atender a todos los enfermos y a los nuevos casos que van a venir.

Decepción. Eso es lo que invade ahora mi estado de ánimo mientras escribo este texto. Porque han dicho que no. Que de momento no hace falta.

No lo entiendo. Sinceramente. No podemos seguir por el camino erróneo de la falta de previsión. Eso nos llevará a sufrir más y a sufrir más tiempo.

No lo entiendo. Pero no me voy a parar. Seguiré reclamando los test y el hospital sin descanso. Ahora no me voy a parar en reproches. No es el momento. Voy a insistir porque creo y me dan argumentos para creer, que eso es lo mejor.

No perdáis la esperanza. No podemos permitírnoslo. Mientras nos quede un gramo de fuerza vamos a pelear contra este monstruo. Quizá haya quien no sepa cómo combatirlo. Desde luego nosotros y los castellano manchegos sí. Torres más altas han caído.

Como siempre, a vuestra disposición.