En los últimos tiempos estamos acostumbrados a escuchar el término de ‘anomalía democrática’, una expresión que hace referencia a todo aquello que se escapa de lo que la normalidad de la Democracia, la norma que rige nuestro país, dicta y que indirectamente provoca un perjuicio a los vecinos del país.

Son muchos los motivos que pueden dar lugar a que se produzca una anomalía democrática, pero si los extrapolamos al ámbito político, en la mayoría de ocasiones están provocados por la cerrazón y la ceguera que causa a algunos responsables de formaciones el partidismo, el sectarismo y priorizar los intereses de unas siglas a los de los vecinos de un territorio.

Para encontrar estas anomalías no hace falta levantar la mirada en exceso, no es necesario fijar la vista al horizonte, hacia el noreste de la península. Aquí mismo, en , en Castilla-La Mancha, comprobamos como el PSOE en la región se ha radicalizado y polarizado de tal forma que nada queda de aquella formación moderada que basaba su actividad política en el consenso y en escuchar al rival político.

No, aquello quedó atrás con dirigentes moderados y ha dejado un PSOE en el que los apellidos Gutiérrez, Mora, , Fernández, Bellido o Abengózar hacen del insulto, de la trampa y de las formas rancias su modus operandi diario, convirtiendo las instituciones en una especie de cortijo socialista en el que, si no bailas a su son, estás perdido.

Una muestra más de ese sectarismo desmedido, de esa cerrazón y del partidismo que impregna a todo el es la negativa de Page, el secretario general en la región, a mantener un encuentro con , presidente del .

Es incomprensible que Page se niegue a mantener un encuentro de trabajo con el líder de la oposición, con el responsable del segundo partido con mayor representación en las Cortes Regionales, un encuentro en el que se aborden temas imprescindibles para el desarrollo de nuestra tierra.

Desde el PSOE se esfuerzan en esgrimir razones sin fundamento para excusar a Page y que esa reunión no se lleve a cabo, pero no se dan cuenta de que están evitando que los dos principales líderes políticos de la región traten asuntos que afectan a la práctica totalidad de los castellano-manchegos como la agricultura y la ganadería, la financiación autonómica, el estado de la sanidad pública, la devolución de los 135 millones de euros de IVA o la posición que debe adoptar Castilla-La Mancha para evitar la reforma del Código Penal y que Junqueras salga de la cárcel.

Esta semana cobra más sentido todavía el que los líderes de los dos principales partidos de la región se sienten y muestren que, desde Castilla-La Mancha, no vamos a permitir que los independentistas cuenten con más derechos que cualquier otro ciudadano. El fin último es el de alcanzar un acuerdo para que no haya españoles de primera y de segunda.

Acabamos de presenciar, y tomo prestadas las palabras de mi presidente, , una mesa de despiece de la soberanía nacional, de la solidaridad interterritorial y de la igualdad entre los españoles. Una mesa que imita vergonzosamente las cumbres entre estados y que se celebra con muchos lazos amarillos pero pocas líneas rojas. Eso es lo que debemos de frenar desde Castilla-La Mancha, conseguir que nuestra región lidere un grito de ¡Basta ya! de cesiones a los independentistas.

Por lo tanto, a través de estas líneas y como secretaria general del Partido Popular de Castilla-La Mancha, quiero insistir e incidir en la necesidad de una reunión entre y Paco Núñez, ya que los temas de los que hemos hablado no pueden esperar un minuto más y desde el PP estamos dispuestos a aportar nuestras ideas, sugerencias e intenciones de mejora en dichos asuntos para que la región avance.