Hoy hace una semana desde que el Gobierno decretó el estado de alarma. Y parece que hace de eso un siglo.

Desde ese día, nuestro mundo, el mundo de cada día, el de los niños en el cole, los adultos en el trabajo, nuestros padres en el parque jugando a la petanca o en la residencia con sus amigos… todo eso ha dejado de existir.

Es duro y difícil para la gran mayoría, pero es más duro y difícil para otras personas: los sanitarios, por ejemplo, con turnos extenuantes y sin medios para poder hacer su trabajo de forma segura. Corriendo un enorme riesgo.

Es muy duro también para policías, para guardia civiles, camioneros, repartidores, trabajadores de los supermercados, farmacéuticos, ganaderos, agricultores…

Muy duro para todos los que tenemos padres en situación de riesgo, rezando cada día para que no se contagien.

Y hoy, cuando parece que esta situación se puede alargar, me he decidido a escribir estas reflexiones de alguien que, como yo, se dedica al servicio público y sufre cada día, cada hora y cada minuto con las noticias que todos vamos conociendo.

Algunas malas. Otras buenas. Ninguna indiferente.

Llevo estos días y los anteriores trabajando con mi equipo para trasladar a los responsables de la gestión de esta crisis, el gobierno regional y el nacional, todas las necesidades, preocupaciones e ideas que nos cuentan los castellano manchegos.

Hoy, gracias a las redes y a internet, podemos comunicarnos con nuestros concejales, alcaldes, colectivos, asociaciones, amigos, conocidos, o personas anónimas que nos transmiten sus preocupaciones.

Y nosotros las trasladamos todos los días a los responsables de gestionar esta catástrofe sanitaria.

Os prometo que intento hacerlo con ánimo constructivo, sin una crítica. Ayudando todo lo que podemos. Porque ya habrá tiempo de exigir responsabilidades más adelante. Cuando esto haya pasado.

Porque, creedme cuando os digo que lo que más me abruma hoy es el dolor de todos los familiares de los fallecidos. El miedo de mis paisanos ante un posible contagio. La cara de los niños cuando miran las noticias.

Por eso me he decidido a contaros mis reflexiones. Lo que pienso y lo que siento. Contaré lo que hacemos y para qué lo hacemos. Y siempre intentaré dejar un mensaje de esperanza para todo aquel que lea esos párrafos.

Te diré, porque estoy convencido de ello, que vamos a ganar esta batalla. Que intentes ser fuerte. Que vamos a poder con esto. Que #TodoIráBien. Y que estoy y estaré siempre dispuesto a ayudar a cualquiera que lo necesite.