Las primarias son un procedimiento político que -desde mi punto de vista- está sobrevalorado como expresión de democracia interna de los partidos. Hay países como donde las primarias constituyen una tradición muy acendrada, y no se conciben unas formaciones políticas que no recurran a ellas. Pero en muchísimas otras naciones tan democráticas o más que EE.UU. los partidos funcionan con democracia interna representativa como en España, o sea, a base de congresos y compromisarios. E incluso en , un presidente en activo no necesita someterse a las primarias para optar a la reelección, porque eso sería simplemente un suicidio: ¿puede alguien imaginarse a un presidente perdiendo las primarias y cerrándose el acceso a un segundo mandato? Las supuestas ventajas de las primarias suponen un alto precio de enfrentamiento interno y riesgo de aventuras demagógicas.

Yo creo que la democracia interna que la Constitución consagra para los partidos se cumple perfectamente con el sistema de congresos, y las primarias me recuerdan demasiado a la democracia directa o plebiscitaria que encaja mal con el modelo representativo. Hay grupúsculos muy aficionados al asamblearismo, y pretenden convencernos de que treinta personas votando a mano alzada en una plaza representan la voluntad popular; yo pienso más bien que esas treinta personas se representan sólo a sí mismas, y que la voluntad popular se expresa en elecciones libres celebradas cada cierto tiempo de donde surgen los representantes legítimos de todos.

En todo caso el PSOE, en ejercicio de su libertad de organización, ha decidido embarcarse en unas primarias que si algo han dejado claro es la división interna, Más de la mitad de los militantes socialistas no han apoyado a , y eso no parece un buen comienzo para alguien que afronta el reto de sacar a su partido de un marasmo y unas contradicciones muy preocupantes. Ojalá el nuevo secretario general sea capaz de centrar al PSOE y devolverle la moderación y el sentido de estado que debe tener un partido de centro izquierda.

Y en Castilla-La Mancha la división interna ha sido aún más explícita. En dos de las cinco provincias (Ciudad Real y Guadalajara) se ha impuesto con claridad Madina, y en Cuenca ha habido un empate técnico. Sólo Albacete y han apostado por Sánchez. El secretario general de los socialistas manchego ha dado un nuevo ejemplo de debilidad y falta de liderazgo. Los socialistas de esta región parecen no confiar mucho en un Page que sigue deshojando la margarita de su candidatura y que tiene a su partido desnortado y sin criterio. Eso no es bueno para Castilla-La Mancha, y no se arregla a base de primarias.