A la Editorial Garga le ocurrió lo mismo que a “”, la productora de dibujos animados fundada para una sola película basada en los cuentos de y los hermanos Grimm. Esa cinta, que contaba con un director de animación que merecía matrícula de honor, se llamaba y era el creador de personajes tan recordados y queridos como “Zipi y Zape”, “Carpanta”, “Petra” y “Toby”, colaboradores habituales del semanario “Pulgarcito”.

Se ocupó de cantidad de planos de la superproducción que iba a titularse “La Cenicienta”, ambientada por obra y gracia de don Alejandro Cirici –Pellicer, director artístico del largometraje, en el Renacentismo, por eso los protagonistas vestían prácticamente igualito, como decía , que los de la época de “ y ”.

Al parecer todo estaba saliendo a las mil maravillas (De “Cenicienta” y el príncipe se encargaba Ferrándiz, el rey de las tarjetas navideñas, y de la madrastra, hermanastras, pajes Raúl, Gualterio, Lisardo, y Bertoldo, amén del perrito “Chao”, el gatito “Ulises”, el hada madrina y “Scariot”, el citado, acertado y magnífico Escobar… Pero he aquí, acá, acullá, dentro… y fuera que en los Estados Unidos, el impagable… y ladino rodaba otra versión de la heroína de la dulce, triste y sagrada narración… y se enteró de la puesta en marcha de una “Cenicienta” española que prometía… Y con la rapidez del rayo y la astucia de un zorro a punto de asaltar el corral de gallinas de la parcela de al lado, registró el título y se puso en contacto con Cirici y equipo, recordándoles que se abstuvieran de estrenar la peli con el conocido nombre de la deliciosa historia, es decir que nuestra joya hispana, animada… y “desanimada” tuvo que aparecer en las salas cinematográficas de la tierra como “Érase una vez”, puñalada trapera que le hizo un daño infinito a la obra paisana que pasó bastante desapercibida para el público e hizo escasa taquilla para amortizar los gastos, pese a que logró un premio especial en el Festival de cine de Venecia.

Cerrojazo pues, grupo disuelto y cada uno a lo suyo… a la vez que se separaba artísticamente de sus hermanos y y emprendía en solitario una segunda carrera en programas de radio y espacios televisivos. Y ahora, sí, entrañables y pacientes lectores, ahora le toca el turno al flamante y supremo “Libertador” que aguantaba los zarpazos de la adversidad a tres pasitos y un cuarto de “El Misterioso X”, “El Hijo de las Galeras” y “El Rey del Oeste”, todas de un Gago prolífico e infatigable e imagino que cansadísimo. salía airoso en la arena del anfiteatro midiéndose las fuerzas con gladiadores bien preparados… que caían bajo el peso de sus puños… Y recibía el indulto de los espectadores que pedían a gritos su libertad, concedida a regañadientes por el pérfido y malévolo emperador, el cual le decía en voz baja a su general más próximo que lo escoltara y en las afueras de lo acribillara.

Intento fallido gracias a la providencia y al coraje del rubio y talentoso mozo que escapaba y despistaba a sus perseguidores ocultándose en el refugio de un pordiosero que odiaba a muerte a Diocleciano. En medio del caos y para colmo de males surgía el verdugo “Bruto”, sin parentesco con el de un sin par en “Julio César”, que peleaba con Tito y salía mal parado.

Claudio liberaba a Dalia, Minucio y a los demás cristianos cautivos de la prisión del circo y les daba sopas con honda a los enfurecidos y coléricos pretorianos que le rodeaban. Una odisea de pasiones con sus dosis de violencia, fanatismo, sexo contenido y frenado por los censores e hipócritas puritanos, que no perdonaban los forofos de la serie, especialmente el jovencito Manuel Cuesta, natural de Pozo Lorente, afincado en Albacete capital e imitador oficial de , que bebía los vientos por un Libertador que terminaba sus aventuras en el exilio, a la vera de sus fieles amigos, excepto de la pobrecita Opimia, que exhalaba el postrer suspiro al ser alcanzada por la lanza de un soldado al borde de un barranco abrupto e inexpugnable. Claudio y Marcia se casaban y vivían dichosos y felices a la espera de la llegada del emperador Constantino, el hombre que pondría fin a las horrendas y cruentas persecuciones… Y, como siempre, un servidor, que no se va de vacaciones, tornará a vuestra vera la próxima semanilla… ¡Un abrazo, camaradas!

Valeriano Belmonte