Muchos han sido los personajes del noveno arte hispano que han currado de forma prolongada, temporal o fugaz en la remota y fascinante prehistoria ya que, además de Purk, Piel de Lobo y Castor, los tres de , ejercieron sus funciones, en este caso humorísticas , el “Don Triqui” de Ayné, el “Troglodito” de Martz Schmid, “Hug el Troglodita”, de Gosse e incluso los “Zipi y Zape” del genial Escobar. “Hug” buscaba, rebuscaba y encontraba un huevo descomunal de avestruz gigante y le daba sopas con honda a una boa gritando que no le molestara porque él colaboraba en un feliz aniversario y desgranaba a pleno pulmón: ¡Hurra los 75 abriles del semanario “TBO” mientras los niños de don Pantuflo y doña Jaimita, inventores de “El Tonel del Tiempo”, ponían la aguja del reloj en el punto cero, daban la corriente, se metían en el artefacto, giraban la palanca… y en breves segundos salían despedidos y se encontraban al pie de Villa Altamira contemplando a un “Utilidocus” que intentaba aparcar a la vez que ellos, Zipi y Zape disfrutaban del frenético y divertido “Carnavalocus” lanzando piedrecitas a los participantes porque el confetti no se había inventado.

Frente a los peques un dolmen o monumento funerario y la llegada del “Megateribus” o “piojo verde”, como se le llamaba a los atobuses oficiales de Albacete en las décadas de postguerra que tenían sus cocheras en la calle Benavente. Los “hijos adoptivos” de papá Joseph merendaban tortilla de patatas, decoraban su cueva con figuras de bisontes y lo hacían tan “requetebién” que corrían perseguidos por su enfadadísimo progenitor al observar las “obras de arte” de sus vástagos, los cuales tornaban al tonel y a la época actual que era más cómoda y menos conflictiva que la que le tocaba vivir a Purk el Hombre de Piedra.

Con él me quedo y os cuento que a poquito de dejar la galería de la muerte y combatir contra los monstruos del mar (reptiles acúaticos y arañas de agua salada) ayudado por Alio y en presencia de las horrorizadas Lila y la se enteraba de la muerte del autor de sus días a manos de “Mamok el Invencible” (algunos le decían “Mamuk”) y corría en pos de la venganza hacia su tribu, apartaba a Tarruk, el pretendiente de su hermana Tula, nada que ver con la heroína de don , y lo mandaba al otro barrio sin carnet ni pasaporte.

A continuación Purk se preparaba a fondo pues ante él se presentaba nada más y nada menos que “mania la Feroz” y el gran Dámula, el primogénito de “Matarrón”, jefe del poblado de los namas u hombres monos y hermanito de Malacín y Matalar. Estos nuevos enemigos moraban en las copas de los árboles en sólidas cabañas y creían que todo el mundo era suyo.

Pero de Mania, Dámula y demás familia os informaré en sucesivos episodios relatando cosillas que recordarán los veteranos y que quiero que conozcan las nuevas generaciones, ya que como muy bien dice la entrañable y deliciosa Pepa Fernández en su brillante programa de radio “Hoy no es un día cualquiera” os aseguro que “Purk, el Hombre de Piedra” tampoco es un personaje cualquiera sino uno de los grandes pilares del fabuloso tebeo español. ¡Chao, amigos!

Valeriano Belmonte