“La Avalancha Terrible”, es decir, el temible pelotón de hombres alados, aparecieron en viñetas al final del cuadernillo 57 de la exitosa serie y lo hicieron arrasando el poblado de los berings mientras “Purk” luchada contra leones en ayunas, a sea con más hambre que pasaba “Carpanta” en la revista “Pulgarcito”.

El “Hombre de Piedra” , en el corazón de el “Jardín sagrado” se medía las fuerzas con los felinos observado de cerca por los diabólicos y astutos “Tugor” y “Linai”… y de lejos por “Lila” y el quinceañero “Sandar” trocado en “hijo adoptivo” del héroe de la historia que salía ileso del jardincito sin flores y acudía presuroso a la diezmada tribu de los hombres rinoceronte dispuesto a socorrer a los supervivientes y rescatar a la “” de las garras del pérfido “Alermo”.Enseguida se daba una guerra en el aire impresionante… Y si los padres de “Carles” ( no Puigdemont ), compañero de colegio solían decir en el barrio de García Morato que a su hijito del alma tendrían que “cortarle las alas” porque “volaba” demasiado, “Purk” se adelantaba y se las cortaba al jefe de los voladores tras una pelea sensacional en jornadas heroicas para un Manuel Gago metido de lleno en otras odiseas de la Editorial Garga ( “El Libertador”, “El Misterioso X”, “El Rey del Oeste” y “El Hijo de las Galeras” ).

Derrotados los alados emprendían la marcha hacia su territorio y se topaban con los terribles centauros en el “Camino del Terror” ( para algunos de pesadilla ). Total que el titán prehistórico intervenía de nuevo en favor de los alados y les plantaba cara y cuerpo a los seres sobrenaturales y mitológicos semejantes a la célebre y legendaria “Bicha de Balazote” que ocupaba y ocupa en la actualidad un lugar de privilegio en los jardines de la Plaza del Altozano ( en tiempo de carnaval los peques nos disfrazábamos de esos monstruos fabulosos mitad hombres y mitad caballos y de varones con alas con los escasos medios que teníamos en la época ).

Los centauros no se lo ponían fácil ni cómodo al catak y tanto el fiero “Unto”, que no untaba el pan con mantequilla de los americanos recién llegada a suelo patrio en la etapa, como su lugarteniente “Arano” utilizaban brazos y patas delanteras y traseras convencidos de abatir al enemigo supremo lanzando a grito abierto: ¡Por los mares sagrados!. Ni por los mares ni por los continentes ya que pese a la traición de los jefecillos que golpeaban bárbaramente a “purk” a punto de combate oficial, éste respiraba hondo y les cantaba las siete en bastos , las cuatro en oros y las cinco en copas a los truhanes dejándolos para el arrastre… Y agonizantes pregonaban la valentía del guerrero más poderoso de la tierra, el que se había hecho merecedor de respeto y reconocimiento.

“El Hombre de Piedra” se apuntaba otro galardón en su copioso haber y se preparaba para las siguientes hazañas.

Valeriano Belmonte