“El Gran Taro”, hijo del rey Tarkit, soberano del poblado de los Tarutis, aparece en la brillante historia de como un regalo fugaz pero gratificante. Taro, el galán rubio, atlético, apuesto, generoso y tan fuerte y valeroso como el mismísimo “Hombre de Piedra” estuvo a punto de robarle planos al protagonista de la serie, ya que en el instante de su presentación, en el número 87 de la fantástica odisea se luce abiertamente salvando a Lila del acoso de una horrible fiera que estaba a punto de despedazarla. Allí se hallaba el guapo mozo provisto de lanza y puñal. Lucha feroz.

El temible felino astado saltaba una y otra vez sobre el chicarrón que apuñalaba repetidamente a un adversario poderoso y peligrosísimo lanzando, tras la victoria, un grito semejante al de Tarzán, mientras la bellísima esposa de Purk huía asustada temiendo a cualquier vencedor. Taro la seguía a corta distancia y volvía a salvarla de las garras de unos extraños hombrecillos que la rodeaban e intentaban llevarla a presencia del rey “Gururu”.

A partir de ese momento, el galante guerrero se convertía en su ángel protector preparándole un reconstituyente a base de hierbas medicinales y asando carne tierna de cervatillo (ternura y delicadeza en las viñetas contemplando a Taro reanimando a Lila, mimándola y enamorándose perdidamente de ella).

Pronto la llevaba a su tribu, invadida posteriormente por los tercos y revoltosos Gurus, y la rescataba ayudado por Purk que reaparecía , abrazaba a la compañera de sus entrañas y al lado de Taro corría al “Volcán de los Dioses” a liberarla, prisionera del perverso Kurko. Gorilas del corte de “King Kong” frente a Purk, Taro y Lila y tigres, cocodrilos y serpientes marinas. Los dos colosos resolviendo papeletas increíbles protegiendo a la fémina a lo largo de ocho soberbios ejemplares (Taro merecía más “metraje”).

Al final hombres, mujeres y niñas aclamaban a los titanes gritando: ¡Viva Taro y viva Purk! Intuyo que Gago cortó la aportación de Taro antes de lo previsto temiendo que el rubiales le quitara protagonismo… y a la Lila de sus desvelos porque ella decía al despedirse que siempre recordaría la amistad y el afecto de Taro que había salvado su vida arriesgando la suya y que no lo olvidaría jamás.

P.D. Como veis, me he apropiado de la tercera ilustración porque me habría encantado participar en la aventura de Taro.