En cierta ocasión, , una de las bellas y encantadoras hijas del inolvidable maestro Dámaso, me invitó a un programa de televisión de corte taurino destinado a “Visión Seis” para que le contara lo que había supuesto en el noveno arte hispano el mundo de la Tauromaquia, es decir en la historia de nuestros tebeos.

Le expliqué que el material dedicado a la llamada fiesta española no era demasiado abundante y que no existía un personaje fijo que se vistiera de luces semanal o quincenalmente e hiciera faena (una “faena” para los aficionados). Solamente se dieron pinceladas apareciendo pasajes aislados, especialmente dentro del género de humor de Bruguera, Valenciana, Marco y Buygas (“El repórter Tribulete” entrevistaba a los diestros en plena corrida y “Carpanta” y “Petra”, de don emulaban fugazmente a Dominguín y a en algún que otro festival benéfico).

El fantástico “Mortadelo” , “hijo predilecto” del impagable Ibáñez, ataviado de grana y oro, trotaba como alma que lleva el diablo decidido a escapar de las garras de “Joe el Masticamondongos” a la vez que la gordita “Hermenegilda”, moza del fabuloso , soñaba con “ el novillero”, caballero cuarentón que había hecho “novillos” en las Escuelas Graduadas de la época ( Yo llevo en el corazón las aulas de José Juncos dirigidas por Severino Teruel y capitaneadas por y Arsenio Fernández entre otros ).

A lo largo , ancho y ameno espacio, le relaté a Elenita que el que cortó orejas y rabos y salió a hombros sin utilizar capa, espada y banderillas fue “Purk, el Hombre de Piedra”, el forzudo prehistórico que se enfrentó a dos mamíferos rumiantes, fieros y corpulentos propiedad de “Tugor” y “Linai”, la “Pareja maldita” en el episodio titulado “Los Hijos del Sol”, tornando a la carga sin “paseíllos”, sonido de clarines ni coplas de doña tan espectaculares como el legendario “Romance de valentía ni las pasodobles y zambras de Juana Reina “” y “Silencio por un torero” ni las joyas de ( “ Yo, quiero ser mataor” ) y Mikaela ( “La Luna y el toro” ) en las aventuras y desventuras de “Antúa” y su perversa hijita “Florlinda”.

También “Purk” toreó a su aire a la “Bestia Zor”, animalito que no correteaba por ganaderías tan prestigiosas como la de don Samuel Flores… y dominó al toro “Kun”, cuyo propietario “Ojo Lun” cogió un berrinche de campanillas cuando el bóvido de marras caía abatido por el invencible protagonista en los alrededores del territorio del sabio “Sacuba”.

Por último, Elena me puso a prueba acerca de mi valor espetándome que cómo me sentiría si divisara a un toro “sin divisa” mirándome con ojos desafiantes y cuernos de primera línea… Si un torete de esas características – le dije – saliese a “saludarme” haría lo que hizo “Mariano Calamidad” que estuvo pidiendo una oportunidad y cuando se la dieron y se vio las caras con un enemigo de cuantiosas toneladas tiró los utensilios, emprendió carrerilla, abandono la plaza y salió galopando hacia el Polo Norte… y , según fuentes fidedignas, todavía no ha dejado de correr”.

Valeriano Belmonte