Domingo con sol en el agosto imborrable de 1955…Tras asistir a la misa de nueve celebrada por el padre Buenaventura Yague en a punto de estrenar nuevo templo, me dirijo al Bazar del Libro, compro el último número de “El Capitán España” y ojeo diversos ejemplares de mi queridísimo “Hombre de Piedra” acariciando las portadas de “Lanzabrava”, el astuto, fuerte y malvado guerrero de Olín, la bella hija del rey Unvenir de la tribu de los “Verdas” y una doble de la perversa Linai en cuanto a físico se refiere aunque Olín tenía un corazón de oro y desea la paz de los suyos y del mundo, “El segundo rey”, “El puente del fin”, “El Rey de las Cumbres”, “Lucha contra Ocán”, “Los cien guerreros marinos “ y “Nasa y sus leonas “, cuadernillo que leo a fondo por la tarde en Bonifacio Sotos número 2 en pleno barrio de San Vicente y en el hogar de mis amigos , y ( “Rafaelete” ) Cuesta, los chicos del panadero de Pozo Lorente que madruga para cocer el pan del horno de .

Antes visito a mi tío Jesús, hermano de mi madre e ingresado en el antiguo hospital de San Julián. A mis doce abriles he estrenado los primeros pantalones bombachos dada mi elevada estatura… y así con mi “puesta de largo” y un entusiasmo sin límites disfruto observando las viñetas de la citada Nasa y de una epopeya corta, entretenida y sustanciosa.

La historia de la ambiciosa soberana y de su ejército de singulares mujeres guerreras se desarrolla en un solo numerillo y cuenta que las intrépidas féminas y bellas habían dominado en escasas semanas a tres poblados vecinos y ahora anhelaban ser las dueñas y señoras del país de los “Mungos”, infranqueable por la existencia de un espíritu infernal que atacaba a todo el que se acercaba a su territorio. Nasa y las suyas lo intentaban irrumpiendo con agallas en el fatídico lugar y, naturalmente, salían “trasquiladas” ya que de la oscura boca de una caverna surgían los mil y un tentáculos del monstruo y segaban la vida de cantidad de hermosísimas odaliscas y de las cebras que las transportaban al peligroso paraje.

Metido en situación se me ocurría que si yo hubiera sido “Purk” me habría enfrentado lanza en ristre a la terrible bestia… pero no hacía falta porque rápidamente aparecía el invencible “Hombre de Piedra” y en catorce viñetas con un afiladísimo cuchillo de hueso resultaba vencedor… y castigaba a la fanfarrona y vanidosa reina por poner en peligro a tantas damas de la etapa prehistórica pidiendo que la nueva conductora de la tribu fuera la dulce y sensata “Unis”.

La jornada concluía, oscurecía y un servidor debía volver a , 10. Al despedirme de mis amigos me enteré que se marchaban a en busca de un futuro mejor, algo que lamenté por dos razones: primero porque los iba a echar de menos… y segundo porque se me acababa el “chollo”, pues Manolo ,cada vez que los visitaba, me dejaba parte de sus colecciones de “El Guerrero del Antifaz”, “El Pequeño Luchador” y del singular y fabuloso “Hombre de Piedra”. ¡Hasta el viernes, amiguitos!

Valeriano Belmonte