Hablando el otro día con un amigo, le pregunté si ellos no reivindican su día del hombre, y me contestó, jocoso: “no es necesario, nosotros tenemos los 364 restantes”. Bromas aparte, lo que comenzó como una conversación intrascendente me hizo pensar qué habría de verdad en su respuesta. ¿Por qué no hay día del hombre?; ¿hacemos bien en celebrar un día de la mujer?

Parto de la base de que mi interlocutor, a quien conozco muy bien, es un gran defensor de las mujeres, no tanto por sus palabras sino por sus hechos, principalmente porque no muestra ningún tipo de distinción, exceptuando la de la mera cortesía, y trata con el mismo respeto a hombres y mujeres, según se lo merezcan como personas. Lo cual, a mi entender, es muy de agradecer porque nunca he sido partidaria de las listas cremalleras, y prefiero que me consideren por mi valía, con mis cualidades y mis defectos.

Pero volviendo a las preguntas, creo que si no hay un día del hombre es porque, históricamente, no han sido suyos los 364 restantes, sino que lo han sido los 365 días que tiene el año. No hay más que recordar que, no hace tantos años, la mujer debía pedir permiso al marido para trabajar o para realizar una compra-venta. Tampoco podíamos votar hasta que en 1.931 Clara Campoamor, apoyada por las filas de la derecha, y abandonada por quienes se autoproclaman progresistas, consiguió el sufragio femenino en nuestro país.

En este sentido, hemos avanzado mucho. Ya somos iguales en derechos y obligaciones. En España así lo recoge nuestra Carta Magna en su artículo 14, y se demuestra con la derogación y desarrollo de leyes para adecuar la situación jurídica de la mujer en igualdad con el hombre.

Alguien podría llegar a la conclusión de que el hombre no reivindicaba su día porque tenía derechos reconocidos por ley que le permitían obrar por cuenta propia, mientras que la mujer necesitaba este día porque a ella no se le permitía ser dueña de sus actos y decisiones. Entonces, ¿por qué quieren seguir las mujeres, en la actualidad, manteniendo este día de la mujer?

Bueno, realmente no queremos tener un día especial, porque cuando no tengamos que hacer visible este día, será que el motivo por el que surgió, y que por desgracia todavía persiste, ha desaparecido y ya somos iguales de facto. No querríamos tener un día de la mujer, pero aún es necesario y lo es incluso en los países más avanzados.

Aunque en muchos países, no en todos, ya seamos jurídicamente iguales, no lo somos ante una buena parte de la sociedad y no tenemos aún las mismas oportunidades. Empezando por países como el nuestro, el salario medio de una mujer, en las mismas condiciones que un hombre, es un 23% inferior; las mujeres con igual cualificación y formación acceden a puestos de trabajo de menor categoría; todavía las mujeres soportan una doble carga laboral y familiar en mayor medida que los hombres.

En lo que se refiere a la violencia contra el sexo opuesto, es evidente (aunque surjan excepciones) que la mujer está en desventaja. A nuestro favor hay que decir que España es un ejemplo para otros países europeos, tanto gobiernos de un signo como de otro han hecho importantes esfuerzos legislativos y ejecutivos para ayudar a las mujeres que padecen malos tratos.

Pero aún queda mucho camino, por lo que el gobierno actual ha extendido estas políticas y coberturas no sólo a las mujeres maltratadas, sino también para los menores víctimas de esta violencia. La Estrategia Nacional del gobierno cuenta con 1.500 millones de euros para cuatro años divididos entre los presupuestos del gobierno central y las comunidades autónomas para el desarrollo de numerosas medidas de ayuda y prevención contenidas en dicha Estrategia.

Sin embargo, todos somos conscientes de que hay que seguir redoblando esfuerzos y animando a las víctimas a denunciar las situaciones de maltrato. He aquí, otro motivo evidente de porqué un día para la mujer y por qué otro para la violencia contra ella.

Si me fuera a datos de desigualdad laboral o de maltrato hacia las mujeres discapacitadas, o a países menos desarrollados, o con culturas menos evolucionadas, las cifras disparan las desigualdades entre hombres y mujeres, se hacen insostenibles. Por todas las mujeres del mundo sigue siendo necesario un día de la mujer.

Aunque las legislaciones avancen y nos otorguen los mismos derechos, es difícil cambiar lo que las culturas y costumbres han inculcado durante tantos siglos. Podría entender que muchos de nuestros mayores ya no se sumen a este cambio, pero me preocupa que entre las nuevas generaciones perdure la desigualdad; las empresas se pierden un importante valor al no contar con las mejores, o al desincentivarlas con salarios inferiores.

Sin embargo, aún es más preocupante la nueva ola de violencia que se extiende entre la juventud. Un fenómeno creciente que requiere la atención por parte de todos, políticos, padres y educadores, por toda la sociedad en general, y aunque este es otro tema, no deja de tener relación porque, en mi opinión, las desigualdades derivan de la distinción entre el inferior y el superior, no como jerarquía organizada, sino como abuso de poder y falta de respeto por el ser humano.

La desigualdad se genera cuando das más valor a lo tuyo que a lo de los demás; cuando uno no tiene libertad de elegir o de decidir y, cuando el que la tiene no entiende que su libertad empieza donde acaba la de los demás.

Cuando hombres y mujeres entendamos que somos personas, sexuadas pero personas racionales, todos seres humanos, entonces podremos dejar de celebrar el día de la mujer. Hasta entonces seguiremos trabajando por convivir en armonía los 365 días del año.

Artículo de opinión de Maravillas Falcón - Diputada nacional del