José Pastor soportó en Astorga, antes de llegar a Valdenoceda, un periodo muy largo de condena aguantando la ausencia lejana de todo y de todos, con una limitada esperanza en un futuro absolutamente incierto. Lejanía que suplía con alguna carta cruzando datos con su hija , que solía pasar temporadas con su madre, , y que perdió la paciencia, probablemente porque creyó que fue condenado a muerte para nunca regresar. Eso hizo que orientara su vida hacia otros derroteros, movida por la absoluta necesidad.

El preso José Pastor, que hubiera sido teniente coronel con otro final de la guerra, debía afrontar una ruina familiar y personal. Salió enfermo de la cárcel pidiendo ayuda a su prima Ascensión, la viuda de un militar que, aunque no disfrutó del éxito, venció. Algo que muchas familias debieron afrontar, pues los que ganaron acogieron a sus perdedores domésticos, que pudieron vivir para contarlo o aguantaron donde huyeron para poder volver, los que quisieron o dejaron.

Su hermana , también vivía con la prima en , en cuya Comisaría de Policía debía firmar regularmente, porque su libertad era condicional. Quería olvidar la guerra, que tanto mal había causado, especialmente a su familia, por eso esquivaba cualquier comentario sobre sus vivencias, pero aunque no hablaba, sí podía recordar cada uno de los minutos de terror que pudo experimentar en aquellos montes de .

Entre todo el reguero de muerte y desgracia, que los rodeó tanto tiempo, en medio del frío, tenía memoria para estremecerse recordando el fusilamiento en Mora de Rubielos, el 20 de enero de 1938, cuando el Teniente Coronel de Carabineros, Andrés Nieto Carmona, Comandante de la 40ª División, ordenó la ejecución sumarísima de tres sargentos y cuarenta y tres soldados de los batallones 1º y 2º de la 84 Brigada Mixta. Otros 60 componentes fueron detenidos a la espera de juicio.

La Brigada tuvo una destacadísima intervención en la toma de Teruel, con muchos muertos. Los supervivientes pasaron de héroes a villanos cuando se negaron a volver al frente después de haberles prometido un permiso y mil pesetas. En algún lugar existe un documento donde Andrés Nieto Carmona daba cuenta al Jefe del Ejército de : “Al cumplimentar su orden de trasladar la 84ª Brigada Mixta a ocupar posiciones a las órdenes del jefe del V Cuerpo de Ejército en Teruel, los batallones primero y segundo de la referida Brigada se negaron a cumplir mi orden declarándose en plena insubordinación según me comunicó el jefe de la referida Brigada a las 18 horas del mismo día. Me trasladé seguidamente al cuartel donde se encontraban los batallones y pude confirmar la situación de rebeldía que consideré gravísima por las circunstancias que concurrían en todas las fuerzas del frente también agotadas y que su contagio podría traer serias consecuencias. Previos los informes de los comisarios, oficiales y jefes de batallones, aprecié la presencia de elementos provocadores y hasta del comité de enlace y propaganda de rebelión y en tales circunstancias procedía al desarme general y a ordenar el fusilamiento en el acto de los elementos agitadores cuya relación acompaño. Seguidamente se abrió información para depurar responsabilidades resultando presuntos inculpados los comprendidos en otra relación que también acompaño y a los cuales por mi orden el jurídico de la Brigada instruye diligencias pre-judiciales que servirán de la incoación del sumario. El resto de las fuerzas, en número de 497, quedan a disposición de V.E. para que puedan ser destinada si lo cree oportuno a cubrir bajas de otras unidades, donde separados no puedan crear problemas análogos. Además de considerarles tal traslado como sanción a su conducta. Además de lo expuesto, me permito proponer a V.E. la suspensión de los delegados y comisarios del batallón y la degradación al empleo inmediato inferior de los oficiales y jefes de los dos batallones, ya que aun apreciando atenuantes por sus trabajos al lado de esta jefatura no excluye su responsabilidad de falta de carácter y dotes de mando que son los que han permitido llegar a esta situación de nulidad de su autoridad. Asimismo he de participar a V.E. que además de las causas de falta de autoridad en los mandos y mala preparación política de los comisarios ha motivado tal estado de insubordinación una oferta que el mayor Marquina obligó a hacer al jefe de la brigada de manera oficial de que terminados los focos facciosos de la ciudad, tenían concedidos tres meses de permiso, 1.000 pesetas en metálico y ascenso general, cosa tan imposible y absurda que ya entonces se le advirtió sus posibles consecuencias que desgraciadamente han tenido confirmación». Poco después la 84º Brigada Mixta fue disuelta. En 2009 recuperaron los restos en una fosa común. La mayoría de los fusilados procedían de .

No quería recordar, pero por la noche, cuando creía que, por fin, el sueño le podía, regresaba a esos momentos y lugares de frío y muerte, sin parangón. José Pastor morirá sin saber que muchos años después, el que firmaba esa carta, fue homenajeado en , donde había sido alcalde antes de la guerra.

Pero siendo grave el recuerdo, no era tan importante como el caos familiar que se encontró, pues intentó reconstruir su casa pero fue imposible. Su mujer, Ignacia, hacía un tiempo que había unido su vida a un militar de la Armada, en . Era de los vencedores y tenía mucho que ofrecer, sobre todo futuro. A él nadie lo esperaba, más aún vivo. Ignacia tenía un hijo con Pedro Moliner, al que conoció mientras limpiaba en la Escuela Técnica de la Armada.

Alguien le contó todo lo que había pasado en su ausencia, al menos en su entorno más cercano. Poco después de ser detenido, a mediados de 1939, su hija Ascensión fue acogida en casa de la tía Josefina Garrido Esteban, casada con el veterinario municipal del Ayuntamiento de Cartagena, Don Ramón Mercader. Tenían una hija llamada . Vivían en la Plaza de España. El hijo más pequeño, , que lo tenía su madre, fue llevado con una familia en Benferri. Ignacia se quedó sola. Ascensión, con doce años y el cariño de sus tíos, tomó la Primera Comunión. Ignacia alquiló una habitación con derecho a cocina en la calle San Cristóbal, la corta, donde vivió un tiempo. Más tarde alquiló una casa en la calle Don Matías, a la bajada de la estación.

En esos años, entre 1940 y 1941, su hija Ascensión pasaba temporadas con ella, pero Ignacia inició la relación con Pedro, con el que tuvo un hijo en 1942, lo que determinó la separación definitiva de su hija, que jamás volverá a tener contacto con ella, pues la consideró como si hubiera muerto, pues le pareció una terrible traición a un buen hombre y el abandono de una familia, que no tuvo más remedio que orientar su futuro bajo el manto protector de su tía Carmen, la única hermana de José Pastor, que será el referente para toda la vida. Ascensión soportó un auténtico suplicio al saber de las visitas nocturnas de un hombre en casa de su madre, cuando escuchaba el paso clandestino. Se fulminó el cariño que tuviera a su madre cuando vio al pequeño Pedro, criatura preciosa, que no tenía la culpa de nada, pero suponía el nacimiento de otra familia de la que se consideraba ajena, más aún sabiendo que su padre estaba a mucha distancia cumpliendo condena en la prisión de Astorga y a la espera de morir. Porque en su casa todos pensaron que lo habían condenado a muerte.

Pero José Pastor también tuvo la oportunidad de conocer acontecimientos de Cartagena, que sucedieron en su ausencia, cuando se mataban entre paisanos, incluso familiares separados por ideologías irreconciliables, donde asesinos campaban libremente eliminando inocentes o adversarios. Cuando el Mayor José Pastor tuvo que recomponer sus unidades, se llevó al frente a varios falangistas muy jóvenes, de Cartagena y alrededores, para evitarles la muerte segura. Un primo, que era de la FAI, con otros criminales, sembraba el terror en la ciudad entre sus conocidos más vulnerables.

Artículo de opinión de - Comisario Jefe de la en la provincia de