Decía Virginia Wolff que cuando una obra solía ir firmada como “anónimo”, lo más probable es que su verdadero autor fuera una mujer.

Durante siglos, el mundo silenció la contribución de las mujeres en muchos ámbitos. No sólo en la cultura, sino también en la ciencia y el conocimiento. Fueron silenciadas sus vidas; fueron silenciadas sus obras; fue silenciado un legado que, en muchos casos, ha sido fundamental para el progreso humano.

nació en La Roda en 1953. Y, pese a sus enormes méritos científicos y humanos, fue víctima de ese olvido selectivo al que fueron sometidas injustamente tantas mujeres de nuestra historia. También en su tierra.

El ayuntamiento de La Roda, en sesión plenaria celebrada este martes 28 de enero de 2020, ha querido reparar este ejercicio de injusto olvido con un acto de gran valor simbólico tratándose de la denominación oficial de un centro educativo. Un acto con el que paliamos, aún con un imperdonable retraso, una doble injusticia: el haber relegado la memoria de una figura que une, y el haber mantenido en el tiempo la memoria de otra figura que divide.

La Roda ha ocupado el triste honor de ser el último municipio de la provincia y la comunidad autónoma —y uno de los últimos de España— que perpetúa el recuerdo de un personaje histórico vinculado al periodo más negro de nuestra historia. Durante años se intentó reparar sin éxito este hecho, a sabiendas de que era absolutamente excepcional. A sabiendas de que gobiernos locales de todo signo político habían actuado desde el sentido común en idénticos casos.

Esta semana, con el liderazgo del y la total implicación del AMPA, se pone fin a esta inexplicable situación.

Una sociedad democrática como la nuestra, que se reconoce a sí misma como hija de los valores contenidos en nuestra Constitución, no puede honrar en espacios públicos a quienes promovieron la defensa de valores totalitarios. No sólo es contrario a la normativa vigente; también lo es a las recomendaciones de organismos internacionales como Naciones Unidas o , de los que nuestro país forma parte y que reiteradamente han llamado la atención sobre ello.

Si algo hemos aprendido en el duro camino que España tuvo que recorrer para ganar su libertad, es que la democracia tiene que asentarse sobre el poder de símbolos lo suficientemente sólidos como para ser compartidos por la inmensa mayoría. Símbolos que remitan a los valores constitucionales y a la defensa de los derechos humanos.

Purificación Escribano encarna ese inmenso poder simbólico. No sólo desde su compromiso con la igualdad plena entre mujeres y hombres y la lucha contra la infamia de la violencia de género. Sino también desde su contribución destacada a la ciencia, como Catedrática de Química Inorgánica de la Universidad Jaume I de .

El día de mañana, cuando niñas y niños que estudian en este colegio cuenten a quién honra el nombre de su centro, podrán decir que se trata de una científica brillante nacida en su pueblo, en La Roda. Podrán decir que Purificación Escribano se abrió paso con valentía en un mundo de hombres. Podrán decir que derribó muros de incomprensión y se rebeló contra la injusticia. Podrán decir que el nombre de su colegio honra a una luchadora por la democracia, la igualdad y la libertad en España, cuyo recuerdo exhibe su tierra —ahora sí— con inmenso orgullo y gratitud.

Llegamos tarde. Pero llegamos, al fin y al cabo. Ocho años después de su fallecimiento, La Roda rinde homenaje a una mujer cuya memoria vivirá asociada por siempre a la enseñanza. Al ámbito en el que, en último término, descansa la esperanza de nuestra sociedad de seguir avanzando y construir un mundo mejor en el futuro.

Ese futuro, por fin en La Roda, tiene nombre de mujer. Una mujer cuya memoria inspirará a los niños y niñas que hoy estudian en ese colegio para que, —quien sabe— pronto tengamos a una nueva “Purificación Escribano” que siga la senda abierta por ella. Quien se ganara el apodo de “Puri Matrículas” por su tesón y esfuerzo en un mundo difícil para la mujer, resultó ser una auténtica pionera de la ciencia, a la que su pueblo honra con la máxima gratitud.