Los republicanos en este país son como las setas: cuando se da el clima adecuado surgen en manada, por todos sitios. Y como pasa con las setas, los hay comestibles, nocivos y abiertamente venenosos; sólo unos pocos alcanzan la excelencia gastronómica, pero cuesta mucho encontrar el rodal donde se dan esas “rarae aves”.

Al hilo de la sucesión dinástica, que hará a Felipe VI rey constitucional de España en apenas unos días, han resurgido con fuerza los republicanos antisistema. Los conocemos desde hace tiempo. No están contra la monarquía, están contra el sistema que tenemos: están contra la democracia representativa (les gustan más las asambleas o las manifestaciones, donde la razón no la dan los votos sino los decibelios); están contra el sistema de libre mercado (prefieren las soluciones populistas de esencia bolivariana); están contra (suspiran por opciones a la cubana o incluso por caducas dictaduras del proletariado al estilo ). Están en contra de todo lo que huela a siglo XXI, a progreso de corte occidental, a superación personal por el esfuerzo.

Como digo, esos republicanos de alharaca y revolución (siempre pendiente) tienen la ventaja de que se les ve venir. Anidan en grupos como “Podemos” y últimamente en Izquierda Unida. Y son como esas setas de color morado, que nadie con dos dedos de frente se atrevería a echarse al coleto. Más peligro tienen los republicanos de salón, que en los últimos días salen por todas las esquinas en las Casas del Pueblo. Son los que aseguran aceptar la monarquía a regañadientes, como un mal menor, pero no ocultan que lo que de verdad albergan en su armario es un republicanismo razonado y razonable. En esta región, en Castilla-La Mancha, a Page le han salido unos cuantos republicanos de salón: el presidente de la Diputación de Ciudad , el alcalde de Cuenca o la portavoz regional del PSOE, nada menos. Estas setas esconden el veneno disolvente tras un inocuo color pardo, casi de champiñón.

El debate monarquía-república está viciado por quienes pretenden decir que sólo una de las dos opciones es democrática. Una monarquía parlamentaria moderna es tan democrática como una república moderna; y una república popular o socialista sería igual de antidemocrática que una monarquía dictatorial. Se trata sólo de formas de organizar un estado, formas inocentes en sí mismas cuyo grado de libertad personal y colectiva dependerá de las normas que las llenen.

Hoy en España la mejor forma de organizar el Estado se llama Felipe VI. Hacer republicanismo de salón sólo sirve para dar alas al republicanismo en boga, que es el que pretende acabar con eso que la Constitución dice que somos: un Estado social y democrático de derecho.

Artículo de opinión de , Senador del en representación de la provincia de