Ya han pasado las primeras elecciones de este endiablado año político. Y el primer comentario ha de ser para felicitar a la ganadora: . La única ganadora en unos comicios donde desde luego no han ganado los andaluces (que tendrán más de lo mismo) ni el propio PSOE, que se encuentra con los mismos 47 escaños de hace meses, y aún más dificultades para gobernar por la irrupción de una formación radical y antisistema como es Podemos. La única que ha ganado algo, ya digo, es Susana Díaz, que ha ganado puntos dentro de su partido que es lo que buscaba con el adelanto electoral. Del resto de resultados cabe destacar la enorme caída de Izquierda Unida, fagocitada por un Podemos del que al menos ya sabemos el apoyo real con que cuenta: importante, sí, en torno al 15%, pero no tan masivo como algunos –y ellos mismos- vaticinaban.

El evidentemente no ha obtenido un gran resultado, pero su 27% de votos lo consolida como segunda fuerza política y son dos puntos más de los obtenidos en las elecciones europeas en Andalucía. Cuatrocientos mil andaluces más que hace diez meses han confiado en el PP, y ahora toca representar a ese millón largo de votantes.

Y, aparte del entierro de UPyD, quizá el dato más destacable sea la aparición de Ciudadanos con un nada desdeñable 9%. Son menos de la tercera parte de votos que los obtenidos por el PP, pero son muchos. Y tengo la intensa convicción de que la gran mayoría de ellos son votantes naturales del Partido Popular, personas que apoyaron al PP y ahora han preferido la papeleta del partido de . De hecho, los votos de PP y Ciudadanos, sumados, son más que los votos del PSOE, casi tantos como el resultado del PP en comicios anteriores, lo que representa un panorama más fiel del electorado andaluz.

El problema es que quien vota a Ciudadanos vota a una marca sin contenido, porque poco sabemos de sus propuestas, de su ideología y ni siquiera de sus dirigentes. El programa de Ciudadanos se agota en una página, y en ella sólo hay una foto, la de Albert Rivera. Pienso que para convencer a la gente de que les vote deben definirse, posicionarse, enseñar la patita y presentar a sus candidatos para qué todos sepamos quiénes son y cómo piensan.

La fragmentación del voto de centro-derecha tiene un coste importante en nuestro sistema electoral. Un coste que cada persona tiene perfecto derecho a asumir renunciando al voto útil, pero a cambio debe exigir, cuando menos, saber qué vota, a quién vota y para qué le vota. A nosotros, para bien o para mal (yo creo que más para bien, dados los resultados de nuestras políticas), ya nos conocen. A otros les ha llegado la hora de retratarse.

Artículo de opinión de , Senador del Partido Popular en representación de la provincia de