Despoblación: causas y asimetrías

El despoblamiento del interior peninsular es una realidad a la que Castilla-La Mancha no es ajena. Las corrientes migratorias del campo a la ciudad se han acentuado últimamente y nuestros pueblos pierden habitantes de forma palpable. Entre las causas que provocan la emigración hacia las ciudades están: a) las ofertas laborales, más abundantes en las ciudades, b) la mayor rentabilidad de las actuaciones económicas en la urbe, c) la mejor calidad y cercanía de los servicios de sanidad y de educación, d) las posibilidades de ocio y el ambiente social. Finalmente, son decisivos la facilidad de transporte y las mejores comunicaciones que tienen las ciudades frente a las deficiencias que estos dos factores presentan en los pueblos.

El problema del despoblamiento se agrava porque la emigración no es homogénea: el número de mujeres rurales tiende a disminuir de una forma más acelerada que el de los varones. Los niños y jóvenes siguen esta misma tendencia frente a las personas mayores.

Además, estas pérdidas de población muestran asimetrías en el territorio: las sierras y las zonas más secas acortan su número de habitantes a un mayor ritmo, mientras que las zonas de llanura con acceso al agua mantienen su población en mayor medida. Una razón de peso es que los terrenos de regadío tienen una productividad de entre 3 y 4 veces mayor que los terrenos de secano, lo que posibilita la generación de riqueza y de empleo y por tanto que la gente se pueda quedar a vivir en estas zonas. La Mancha es un ejemplo, donde los cultivos leñosos y hortofrutícolas en regadío fijan la población.

Agua

La agricultura de regadío, que han creado los agricultores con su trabajo del día a día, depende sobremanera de la cantidad de agua disponible para regar. Un agua que Castilla-La Mancha genera en las cabeceras montañosas de sus siete cuencas hidrográficas: principalmente Guadiana, Júcar, Tajo, Segura y Guadalquivir, y de forma testimonial, Duero y Ebro. Las masas forestales que cubren con su manto vegetal las montañas desde hace siglos, contribuyen de manera decisiva a la infiltración del agua de lluvia en los terrenos, especialmente en los situados en zonas con pendiente, evitando las escorrentías superficiales instantáneas y regulando los caudales de arroyos y ríos a lo largo del año.

Estas aguas, nacidas en la Región, tienen que poder utilizarse aquí para producir empleo y riqueza. Somos una región seca y necesitamos el agua que generamos para crecer económicamente y desarrollarnos, sin olvidar el mantenimiento de los caudales ecológicos que requiere el funcionamiento de los ecosistemas fluviales y de recarga de los acuíferos para no superar las tasas de renovación de las masas de agua subterráneas.

Trasvase

¿Qué sentido tiene entonces el Trasvase Tajo-Segura? ¿Cómo puede una región seca trasvasar la escasa agua que tiene? Es un hecho ilógico que tiene varios agravantes:

• El trasvase Tajo–Segura se pensó para unas precipitaciones medias anuales en la cabecera del Tajo de tiempos pasados, precipitaciones que se han visto mermadas por los efectos adversos de mayor sequía, irregularidad de las precipitaciones y aumento de la temperatura causados por el cambio climático. La realidad es que los embalses de Buendía y Entrepeñas apenas ya tienen agua, siendo frecuente que no alcancen el 20 % de su capacidad.

• Las pérdidas por evaporación son del orden del 15% a lo largo de una conducción abierta que supera los 260 km de longitud sin olvidar los 32 km de túnel, que además de conducir el propio agua del trasvase, captura también el agua subterránea de los acuíferos de Castilla-La Mancha por las infiltraciones que se producen en esta conducción subterránea.

• El trasvase también contribuye a la expansión de especies exóticas invasoras como la almeja asiática que puede alcanzar altas densidades causando daños en infraestructuras hidráulicas y obstruyendo tuberías y filtros en los sistemas de riego.

• Pero la sinrazón mayor, es que las zonas de riego de levante pueden abastecerse de agua del mar desalinizada. Las desalinizadoras que se construyeron con dinero público no están funcionando al 100% de su capacidad y esto no es de recibo. Además, el mar lo tienen al lado y por el contrario el agua del trasvase se genera a más de 300 km. de las zonas de uso para regadío.

De todas formas, con independencia de la actuación humana, el trasvase de agua a levante tiene un final cercano, sencillamente porque ya no hay agua que trasvasar. La disminución del régimen de precipitaciones debida al cambio climático hará que el escaso volumen de agua que se genere en la cuenca del Tajo sea necesario en su totalidad para el mantenimiento de sus caudales ecológicos y de los regadíos sostenibles en Castilla-La Mancha, una región que solo riega un 13,6% de su superficie y donde se hace un buen uso y ahorro del agua, porque los sistemas de regadío son en su mayoría por goteo. Otros territorios que demandan agua sin cesar no ahorran lo mismo y, por cierto, no tienen el grave problema de despoblamiento del medio rural que tenemos nosotros.

Necesitamos el agua para una agricultura productiva y sostenible de regadío que permite fijar la población en las zonas rurales. Ello unido a un empleo estable y un menor coste económico para residir en un pueblo (fiscalidad sustancialmente más ventajosa) podrá frenar el despoblamiento del campo. Hay que tener en cuenta que, en la mayoría de los casos, las personas respondemos a motivos económicos para vivir en un sitio, siempre que tengamos una mínima calidad de vida, y ahí pueden actuar las administraciones públicas.

Poblar el territorio rural: soluciones

El agua no solucionará todos los problemas del despoblamiento pero es una pieza clave para su consecución. Urge invertir la tendencia a la concentración de la población solo en grandes núcleos, ¿pero cómo? Se ha escrito y hablado mucho sobre posibles soluciones para no terminar todos viviendo en la ciudad. Pueden abordarse siete medidas concretas:

  1. Mantener abiertas las escuelas y los centros de salud en los pueblos.

  2. Fiscalidad más ventajosa para la actividad económica en los núcleos de población de menos de 10.000 habitantes: industrias y comercios.

  3. Menores tarifas energéticas para aquellas personas que residan realmente en los pueblos más de seis meses al año.

  4. Viviendas y huertas a bajo precio de alquiler, con opción a compra.

  5. Seguir invirtiendo en la mejora de la red de comunicaciones por carretera y en telecomunicaciones e internet.

  6. Mejorar los montes existentes mediante tratamientos selvícolas que generan jornales en las zonas más deprimidas, posibilitan el uso multifuncional de estos espacios naturales y contribuyen a la regulación del agua y a la defensa del medio ambiente.

  7. Continuar aplicando la metodología LEADER: que sean los habitantes de una comarca los que decidan los proyectos que les interesan.

Hay pueblos que desgraciadamente ya no tienen recuperación: la mayoría de los menores de 500 habitantes están en esta situación. Un método realista para frenar la despoblación del medio rural deprimido sería focalizar los esfuerzos de las administraciones públicas en la consolidación de las cabeceras de comarca, conformando un sistema policéntrico de núcleos de población con una dimensión y servicios que lo hagan estable y que, a su vez, afiancen la población en sus entornos de influencia.

El impulsa importantes medidas, contra la despoblación y el envejecimiento en el marco del Programa de Desarrollo Rural de Castilla-La Mancha 2013-2020 dotado con 1.487 M€ globales. Este montante, que se destina para un periodo de 7 años y para una región de 8 millones de hectáreas, debería aumentar de manera importante en el siguiente periodo de programación 2021-2027 si queremos frenar efectivamente el despoblamiento de nuestro medio rural, antes de que sea tarde. Todavía estamos a tiempo. ________________________________________________________09/06/2019