Esta crisis está cambiando muchas cosas. No es como las de antes, es un cambio de paradigma y necesitamos superar muchos tópicos y principios, que hoy nos parecen inamovibles, para no perder el tren de la recuperación. Eso coloca a los autónomos y a los valores que les son propios, como el esfuerzo, la adaptabilidad y la innovación, en el centro de una revolución que es necesaria en nuestra forma de comprender el trabajo y la evolución de nuestras sociedades, en un mundo que ya no acepta lo estático y en el que claramente las nuevas tecnologías son a la vez medios y protagonistas de dicha transformación.

Esa revolución de nuestro mercado laboral, tiene nombre propio: el nuevo autónomo o emprendedor. Una figura que no es sólo capaz de autoemplearse y emplear a su vez, si no que está regenerando desde la base nuestro tejido empresarial e instaurando una nueva cultura del trabajo, que nada tiene que ver con los modelos de relaciones laborales tradicionales. No sólo ha desaparecido “el mismo empleo para todo la vida” sino que el hecho de que hoy sea más fácil crear tu propio puesto de trabajo que encontrarlo, está desintegrando a una velocidad vertiginosa las antiguas estructuras proteccionistas y paternalistas de nuestro mercado laboral.

Estamos hablando de un colectivo cuya masa crítica es tal, que puede por sí solo transformar nuestro modelo productivo o reducir el paro a la mitad de un plumazo contratando cada uno de ellos a un solo trabajador. Un colectivo que pese a todas las barreras económicas: la falta de crédito, la presión fiscal, la morosidad y un largo etcétera de obstáculos, ha generado 60 mil empleos asalariados en un contexto recesivo.

Pero el fenómeno va más allá de estos hechos. Empezamos 2014 con 30 mil nuevos emprendedores y quizás nadie haya reparado hasta la fecha en el hecho de que por primera vez en la historia de cuando el paro ha aumentado, los autónomos bajaban y que ahora que en términos interanuales el paro disminuye, los autónomos crecen.

En todas las crisis que ha vivido nuestro país, pasaba lo contrario. El autoempleo era un sector refugio, una alternativa temporal al desempleo.

Hoy ya no es así. Hoy a miles de jóvenes que optan por emprender, que han despertado de su letargo y están transformando el tejido empresarial de nuestro país y cambiando el perfil tradicional del autónomo de baja tecnificación.

Tanto es así que en 2013, los autónomos menores de 25 años concentraron el 41,5% del crecimiento de autónomos. Estos jóvenes no conciben su mundo sin las nuevas tecnologías, y ya sean éstas como medio o producto de sus negocios, están emprendiendo con ellas y protagonizando un cambio sustancial en los sectores tradicionales que abarcaban los autónomos.

Las bajas estructuras de costes de inicio de una actividad que supone un negocio relacionado con las TIC’s, o su uso como herramienta básica del desarrollo del mismo, no sólo les facilita la puesta en marcha sino que les hace muchísimo más competitivos en una economía en la que la demanda ya no entra por la puerta de los negocios si no que hay que salir a buscarla.

Las TIC’s permiten adaptarse rápidamente a las necesidades de la demanda, ofrecer un servicio 24 horas o internacionalizar un producto sin salir de una habitación. Seamos conscientes de esta realidad. No erremos en las políticas intentando imponer visiones y tópicos de los que nunca han emprendido un negocio. Ni la internacionalización tiene ya nada que ver con la dimensión de la empresa, ni la innovación o las TIC’s son patrimonio de sectores científicos o industriales. Aceptemos que nuestro tejido empresarial está en un 90% conformado por autónomos y no tengamos vergüenza de nuestros sectores tradicionales, son los que nos han dado nuestra marca “España” y en lo que realmente somos buenos.

Sigamos en la senda de impulsar a los emprendedores, al nuevo autónomo, ese joven capaz de revolucionar nuestro sector turístico con un smartphone y venderlo al resto del mundo. No olvidemos que Ferrá Adriá revolucionó la gastronomía mundial, a base de innovación, nuevas tecnologías y haciendo helado de lentejas.