El día 30 de abril de 1939 se produce una quema de libros en la Universidad Central de Madrid, un auto de fe, paradigma de la intolerancia, imitación de los nazis, muestra de la barbarie que una guerra puede producir. Desde el cuartel donde quedó detenido, Santo Domingo, el día cinco de mayo de 1939, el Mayor José Pastor fue ingresado en el Campo de Trabajo denominado Prisión de San Miguel, antiguo seminario de Orihuela. En los archivos aparece como Comandante Mayor, con cinco hijos, la mayor de doce años y el menor de dos. Pasó a disposición del Comandante Militar de Orihuela junto con otro detenido llamado Miguel Cornejo Martín. Unos meses más tarde, desde su ciudad fue trasladado a la prisión de El Puerto de Santa María, pues debía ser juzgado en Algeciras (Cádiz), provincia donde estaba destinado como cabo de carabineros cuando se inició el conflicto, un dieciocho de julio de 1.936.

Mientras, en los últimos días en Orihuela, tuvieron que soportar desprecios y venganzas absurdas. Incluso del vecino que se escondía en el sótano, cuyos hijos comían en casa de Ignacia. El mayor, con no más de quince años, se acercó a la puerta para ordenarle a la tía Carmen que fuera a la catedral para limpiarla. Esa mujer que supo su secreto familiar, sin descubrirlo, que ayudó a todos cuanto pudo, respondió con airada frase tamaña impertinencia, y no tuvo consecuencias. Al fin y al cabo, el falangista que aguantó toda la guerra en el sótano toleró para agradecer el gesto que le pudo salvar la vida. Volvieron a Cartagena, donde estaba su familia. Ascensión y su madre, más tarde, regresaron a pie a Orihuela. Primero hasta Murcia en un camión de naranja, desde allí caminaron cuarenta kilómetros para recabar avales para protegerlo de la muerte, pues muchos combatientes y vecinos de la zona habían servido con él. Era un hombre querido y admirado, por eso no regatearon papeles que lo demostraran, a pesar de caminar por varios pueblos y pedanías de la comarca.

En Cartagena se produce la ruptura familiar. Había que acomodarlos como pudieran en tiempos de carencias absolutas. Ignacia, la abuela y el pequeño de los hermanos, Fernando, vivieron en casa de su tía Luisa. Ángel, el segundo de los hermanos, se lo llevó el tío Juan, hermano de Ignacia, a Jadraque (Guadalajara). Los hermanos Carmen y Pepe fueron entregados a una familia de amigos que vivían en Benferri, cerca de Orihuela. Ascensión se acomodó en casa de sus tíos Ramón Mercader y Josefina, que era prima de su madre.

Esta dislocación duró casi un año. Mientras, en Algeciras, un 22 de diciembre de 1939, el Mayor José Pastor fue sometido a Consejo de Guerra (número 231), y condenado a la pena de veinte años de reclusión menor, con las accesorias legales, por Auxilio a la Rebelión, con arreglo al artículo 240 del Código de Justicia Militar, computando como fecha de inicio de la pena el 11 de mayo de 1939. En la sentencia se consideraba probado que:” José Pastor Martínez, 35 años, excarabinero, era en Julio de 1936 Comandante del Puesto de Carabineros, como cabo, en Castellar de la Frontera (estación). Después del alzamiento solicitó el pase al Ejército de Línea, donde obtuvo el empleo de Comandante”. Comenzó su periplo penitenciario con el número 88681, sentencia de Algeciras, según consta en la Comisión Central de examen de Penas del Campo de Gibraltar. Una semana antes se estrenaba en Atlanta la película: “Lo que el viento se llevó”. Paradojas que parecen hacer coincidir desgracias familiares. Y el veintidós de diciembre se inauguraba el Museo del Oro en Bogotá (Colombia).

Un año en blanco. Los que estaban en Cartagena, al menos, se veían, no así los otros tres hermanos: Ángel, Pepe y Carmen, lejos de todos. Su padre, aún en el Puerto de Santa María, el 27 de marzo de 1940, ve ratificada la pena de veinte años por parte de la Comisión de Penas, pero la Autoridad Judicial, tras el examen legal de la sentencia, estimó que se debía conmutar a la de quince años de reclusión menor. El procedimiento siguió el trámite durante años, mientras el preso cambiaba de destino, pasando primero por Madrid y terminando en el Campo de Trabajo de Valdenoceda (Burgos). La resolución final no llegará hasta el diecinueve de mayo de 1944, cuando será conmutada la pena a doce años y un día de reclusión menor. Curiosamente, el siete de marzo de 1943, saldrá en libertad de dicho penal, con documento firmado por el director Don José María Figueroa Mons. José Pastor guardó siempre entre sus ropas una tarjeta con su nombre, cargo y destino en Castellar, así como una estampa de la Santísima Virgen de la Caridad, patrona de Cartagena.

Pero entre los marzos de 1940 y 1943, en el espacio temporal de tres años, más de lo que duró la guerra, las vidas rotas de una familia destrozada seguirán sufriendo en el silencio de la desgracia. A primeros de 1940 una institución llamada Patronato de Redención de Penas para el Trabajo se hizo cargo de los tres hermanos de Cartagena. Ascensión fue a parar al internado en San Antón, el colegio de La Rambla. Carmen y Pepe se quedaron en la Casa de Misericordia, que era mixta, como eran más pequeños no quisieron separarlos. Su hermano Ángel siguió con su tío Juan en Jadraque, y Fernando, el menor, siguió con su madre, pero por poco tiempo, pues se lo llevó un antiguo compañero de armas del Mayor José Pastor, que penaba en Burgos, donde tantos presos murieron de frío, un campo de trabajo maldito donde se aprovechó de su formación en bachiller, lo que le valió trabajar de maestro, una ventaja para soportar un suplicio colectivo.

Documento escrito por José Francisco Roldán Pastor, Comisario Jefe de la Policía Nacional en la provincia de Albacete