El socialista Pérez Galdós denunció el caciquismo como la forma más eficaz de perpetuar el fascismo, la mala praxis y las jerarquías en la sociedad de su tiempo. , y posteriormente Tierno Galván, encabezaron movimientos de regeneración de nuestro país mediante la reforma de las estructuras sociales, políticas y económicas. Han sido muchos más los intentos por conseguir la regeneración política, y posiblemente, el cambio impulsado por la militancia socialista, y recogido en las resoluciones del , va en esa línea y deba considerarse como un nuevo movimiento regeneracionista interno en el socialismo español.

En este intento de regeneración, en el PSOE se han incorporado una serie de modificaciones estatutarias, que buscan impedir a los candidatos a puestos de responsabilidad en el partido, que desde el momento en que son aspirantes, puedan ejercer algún tipo de presión sobre los que puedan ser sus electores, buscando con ello una mayor transparencia y limpieza en estos procesos. La cláusula obliga a cualquier miembro de una ejecutiva que aspire a un cargo, a abandonar inmediatamente cualquier responsabilidad orgánica que ostente, inclusive al Secretario general. Pese a eso, no puede cuestionarse que en nuestra democracia, el papel ejercido por los aparatos partidistas, es el que más ha propiciado la existencia de un clientelismo que hace muy difícil que no exista una sombra de duda sobre su imparcialidad real en sus respectivos procesos electorales internos.

No es nada sorprendente el hecho de que muchos años en el ejercicio de un cargo de responsabilidad, es lo que ha permitido a algunos establecer verdaderas tramas clientelares a su alrededor. Existen en localidades alrededor de alcaldes con varios mandatos sucesivos, pero es mucho más acentuada la presencia de ese clientelismo alrededor de los llamados barones, diputados o miembros de las ejecutivas de los partidos. Esta figura contemporánea ha venido a llenar el vacío social dejado por la (clásica en nuestra historia reciente) figura del cacique local, tan tradicional en el final del siglo XIX y a principios del XX. Eran los notables, siempre hombres, por los que pasaba cualquier decisión que pudiese afectar a la comunidad en la que ejercían su influencia. Todo un clásico en aquella España nuestra, sobre todo en , y en Castilla.

Su existencia estaba ligada a la corrupción electoral, bien porque usaban su capacidad de influencia para un objetivo político, o porque empleaban su poder económico, pero de una u otra manera actuaban como verdaderos dueños de la sociedad, como los dueños del cortijo. A su papel estaba vinculada la adulteración del voto, la manipulación de los electores y las trampas en el proceso electoral. Si ellos pactaban la victoria de un partido, todo valía, inclusive falsear los resultados, para que ese partido la consiguiera. Su existencia está muy documentada tanto en el medio rural, donde era común que los ricos propietarios la ejerciesen sobre los jornaleros que empleaban, pero también la ejercían abogados, médicos o funcionarios, como en las ciudades donde su definición es más difusa, pero también real.

Utilizaban su influencia, para falsificar censos, orientar cuando no comprar votos, manipular actas electorales, amenazar a los electores, etc., para luego agradecer esa obediencia con favores. ¿Existe ese riesgo en el siglo XXI? En el sentido clásico no, pero si sigue existiendo en democracia un clientelismo político, mucho más visible en los procesos internos de los partidos, donde se juega a materializar el “yo te doy para que tú me des”. Si con alguien es fácil establecer ese clientelismo, es con los representantes locales, responsables de pequeños municipios donde toda ayuda es poca, y en cuya mentalidad impera el principio de “quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”.

Quienes ejercen el poder de decisión en instituciones de ámbito supramunicipal, provincial o regional, conocen que una subvención o una ayuda extraordinaria, es capaz de remover conciencias y convertir al más feroz rival, en un fiel colaborador. El beneficio obtenido al actuar así, no es individual sino colectivo, pero eso no cambia el mecanismo utilizado, que es idéntico al clásico, y permite concluir que aún funciona ese patronazgo político. Incluso en muchas ocasiones, a ese apoyo a proyectos locales, está unido el afecto personal entre las partes o la afinidad de concepciones religiosas, en lugar de presentarse como un modelo de sometimiento. Aunque Unamuno opinaba que el caciquismo era la consecuencia de la falta de cultura y de la falta de amor al trabajo, no siempre es así, y muchos son más listos de lo que pueda suponerse.

Son las estrategias del poder, capaces de impedir cualquier intento de cambio en los ámbitos local, provincial e incluso regional. La capacidad de dominio es directamente proporcional al volumen de recursos disponibles para distribuirse tras esa finalidad. Este moderno clientelismo político, se aprovecha de la desigualdad existente entre el poder local y los otros poderes, que en muchos casos no es intelectual, sino una consecuencia de los sistemas de otorgamiento de subvenciones establecido, que va desde la concesión graciosa a la que está condicionada por la limitación de recursos disponibles, lo que acaba haciendo que no obtenga la ayuda el municipio más necesitado, sino aquel cuyo alcalde sabe vender mejor su necesidad o tiene mejores relaciones internas. Mantener el control político sin necesidad de un esfuerzo organizativo por parte del otorgante, se combina con la falta de conciencia de que lo que obtiene el peticionario no es propiedad del otorgante, sino público.

Quien conoce el funcionamiento de los llamados aparatos (locales, provinciales y regionales) sabe que las mismas personas llevan instaladas años en el poder, y eso me hace valorar como insuficiente esta norma congresual, si previamente no ha estado establecida la limitación de mandatos. En esa situación no es extraño que surja una pregunta ¿La victoria de Sánchez será suficiente para garantizar la limpieza y transparencia en todos los procesos provinciales y locales que van a celebrarse? No lo parece, porque solo afecta al candidato, no al resto de personas que forman parte de la red clientelar que pueda asistir al candidato, que siguen ejerciendo sus responsabilidades orgánicas. Curiosamente esas redes están en muchos casos formadas por las mismas personas que se han opuesto frontalmente a cualquier cambio en el modelo de partido, que pusiese en riesgo su estatus de poder interno.

Sánchez sabe que no le será nada fácil desplazar a quienes llevan años en las poltronas, aun habiendo obtenido un apoyo mayoritario en las primarias en esos territorios. Muy distinto sería, si en lugar de buscar con la regeneración el cambio en el modelo de partido, lo que se busque sea que un nuevo aparato suplante al anterior, pero eso sería perpetuar los mismos vicios y servidumbres del aparato anterior. Si antaño eran los caciques quienes ejercían el control político por su posición social, ahora su papel ha sido sustituido por políticos profesionales, que actuando como delegados del partido que los ha nombrado, no sirven al interés general del partido, sino a la facción del partido que les mantiene en sus cargos. Se aprovechan de esa cultura política de los munícipes para los que “mi pueblo es lo primero”, que le convierte en cliente del cargo de más nivel.

Es legítima la posición del dirigente local, que así podrá arreglar calles o construir polideportivos, aunque así no consiga cambiar la mentalidad de sus gobernados. Por eso digo que no lo tendrá fácil Sánchez para cambiar los aparatos provinciales. rural tiene muchas necesidades y cubrirlas, para muchos, bien vale cambiar e irse junto al árbol que más calienta. Y por si eso fuese poco, ya sabemos que los más incondicionales suelen ser los primeros en cambiar cuando llegan los momentos difíciles, y los actuales son de todo, menos fáciles.