Termina la Semana Santa. Semana religiosa, de tradiciones, cultural, vacacional. Días para vivir con la familia, de encuentro con los amigos, de vuelta a los lugares de origen para evocar otros tiempos los mayores, y hacer camino, los más jóvenes.

Vivimos años de turbulencias donde se alzan manifestaciones y foros laicistas que dicen respetar a los demás, pero que rechazan y atacan las manifestaciones religiosas, especialmente católicas, y agreden, a veces, física, otras verbalmente, a quienes las practican abiertamente.

No obstante, es curioso que, incluso muchos de quienes repudian lo religioso, en estos días, se enorgullecen de llevar a “su Virgen” o a “su Santo” a cuestas, y si les preguntas por tal incoherencia resulta que, según ellos, nada tiene que ver la religión con la devoción.

Claro es que hay quien vive la Semana Santa con más pasión o recogimiento, y quien simplemente está de vacaciones, pero lo cierto es que yo recuerdo ver llevar los pasos motorizados por falta de costaleros y, sin embargo, en los últimos años, hay cada vez más cofradías y los pasos procesionales vuelven a salir en andas acompañados de un creciente número de nazarenos, símbolo evidente de que crece el fervor y de que la Semana Santa está viva.

España es un país de tradiciones. Nuestra tradición y nuestra cultura están histórica y culturalmente ligadas a la religión cristiana, a pesar de la incultura de quien niega este hecho cierto y evidente. Otra cosa distinta es desear, por no sé bien qué motivo, que no fuera así.

El pueblo vuelve la vista y los sentimientos a sus raíces y quiero, con este artículo, agradecer a todos los que se implican en estos días en hacer posible que devotos y no devotos podamos seguir disfrutando de la Semana Santa, ¡Santa!

Gracias a cofradías y cofrades por su esfuerzo para que todo esté organizado; gracias a las órdenes religiosas, sin quienes no tendría sentido esta tradición; también a las administraciones locales que colaboran doblemente con el orden, limpieza y seguridad vial en estos días y, gracias a la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha por destacar el valor que para los castellano-manchegos tiene esta fiesta religiosa.

Finalmente, gracias a todos los que con su participación hacen posible estas fiestas y a quienes, sin compartir este sentimiento religioso, respetan esta tradición.

Artículo de opinión de Maravillas Falcón Dacal - Diputada Nacional por Albacete GPP