Guardo tantos recuerdos de las Semanas Santas pasadas que podría escribir varios libros y me faltaría espacio. Las más entrañables fueron, por supuesto, las de la infancia y adolescencia compartidas con mis padres y hermanos María Natalio y en aquella casa inolvidable del barrio Parque-Sur.

En la década de los años cincuenta los niños disfrutábamos en las jornadas de la Pasión de Cristo contemplando las procesiones, esperando cantidad de caramelos de los nazarenos más generosos y leyendo tebeos de “El Defensor de la Cruz “, serie ambientada en etapa de romanos, anfiteatros, gladiadores, emperadores terribles y mártires.

Al mismo tiempo los cines de la capital proyectaban películas tan espectaculares como “La Túnica Sagrada”, la primera rodada en cinemascope y technicolor que abarrotó el patio de butacas, entresuelo y “gallinero” del viejo e imborrable Teatro Circo. A ella le siguió la segunda parte titulada “Demetrio y los gladiadores “, cinta que no pude ver porque era “no tolerada”, lo mismito que “Salomé “ (la culpa la tuvieron la seductora Mesalina y la fascinante , radiante en la “danza de los siete velos “ que interpretaba a petición de un Herodes codicioso, decidido a mantener un romance con su esplendorosa hijastra).

Indignado por tales prohibiciones les decía a los padres franciscanos que aquello no podía “tolerarse “ y ellos me frenaban en seco y me aconsejaban leer con frecuencia los pasajes del Nuevo Testamento, especialmente la Vida, Pasión y Muerte de Jesús que aparecía en las páginas del segundo grado de la Historia Sagrada de la Editorial Luis Vives de Zaragoza comenzando por la Entrada Triunfal de Cristo en , cuando el dando por terminada su predicación, días antes de la Pascua, se dirigió a la capital de Palestina donde debía consumarse, con su muerte, la redención del género humano, advirtiendo previamente a sus discípulos lo que debía suceder para que se cumpliera lo que los profetas habían escrito del Hijo del hombre.

Preparativos, pues para la llegada… Y en lecciones posteriores Jesús llorando sobre la ciudad deicida arrojando a los mercaderes del templo a un paso de la traición de Judas, lavándoles los pies a los apóstoles en la última cena, instituyendo la Sagrada Eucaristía y del Secerdocio, el sermón de despedida, orando en el huerto de Getsemaní, prendimiento, ante Caifás, Herodes y Pilatos, escuchando que Barrabás, el temible malhechor, resultaba indultado gracias al sacrificio del Mesías. Mientras repasaba los capítulos intentaba copiar los espléndidos dibujos realizados a tinta china que mostraban al Redentor con la corona de espinas, camino del Calvario y en la cruz, asesorado en todo momento por mi hermana , presente en la tercera de las ilustraciones, que cosía a granel para vecinas, amigas y conocidas que deseaban estrenar faldas, vestidos y trajes de chaqueta en las señaladas fechas. Bruguera lanzó por entonces una colección de cromos deliciosa sobre la vida de Jesucristo dibujada por Angel Pardo… Y en cuadernos y revistas de diversas editoriales surgían viñetas de la Vía Dolorosa y la crucifixión del Todopoderoso.

El cine español estrenaba los largometrajes “El beso de Judas “, “El Judas” y “El Mártir del Calvario” con intervenciones memorables de , Antonio Vilar, y Arturo Fernández… y el , celebrado a las diez y media de la mañana en la Catedral con misa pontifical y homilía–sermón a cargo de don , los chicos y chicas lanzábamos el grito de gozo porque cesaban un pelín las prohibiciones y nos preparábamos a fondo para recibir como merecían “Más allá del “, “Scaramouche “, “Los hijos de los Mosqueteros” , “Coraza Negra “ y “El Prisionero de Zenda … ¡ Hasta la semana que viene, amigos!.

Valeriano Belmonte