El mago Morgano, pese a su breve e importante aportación en “El Capitán ”, es uno de mis personajes predilectos, porque gracias a él disfruté cantidad con el globo aerostático que trasladaba al protagonista y a sus fieles camaradas a todos los rincones de la tierra. Morgano me hizo soñar y obligó a conocer a fondo la obra de , especialmente “La vuelta al mundo en ochenta días” y a sus héroes Phileas Fogg y “Picaporte”, arropados en el cine por los inolvidables y “Cantinflas”.

Phileas, matemático exacto, lo mismo que Morgano, y “Picaporte”, peón de confianza similar a Crispín y “Goliath”. Por eso, cuando en febrero de 1965, el “Merlín” hispano a partir del número 437 tornó a la vera de “Trueno” en “¡Un ajedrez siniestro!”, el que esto escribe lo agradeció infinitamente, por cierto que se despistó un pelín al presentar junto al mago a su hija , ya que la bella joven se había quedado lustros atrás en un lugar de la China milenaria mimando e idolatrando a su adorado Huan – Ho. No obstante me sentí feliz con el regreso del genio y de su encantadora chiquita, ambos dibujados en esta ocasión por .

Empiezo por el principio: En la isla de Nordia una paloma tan blanca como la nieve, parecida posiblemente a la que describía el fantástico en una de sus coplas, portaba un mensaje que decía así más o menos: “Capitán Trueno”, en recuerdo de nuestra vieja amistad, te ruego acudas cuanto antes a mi castillo… ¡Ha ocurrido una terrible catástrofe y necesito tu ayuda! “… y el generoso paladín no pasaba de largo, ni desoía la petición de auxilio y partía rápidamente a bordo del globo gestado por el icono medieval, después de escuchar las mil y una recomendaciones que le hacía la rubia y sensacional Sigrid.

Con ella quedaban “Robustiana Brazofuerte”, enamorada hasta las trancas de “Goliath” y una linda damisela que bebía los vientos por Crispín. Rumbo pues a la fortaleza de Morgano, enclavada entre pantanos de ciencia ficción. En las almenas el mago y Grune intentaban escapar con vida del acoso y derribo de unas fatídicas máquinas elaboradas por el afable caballero de pelo cano y espesa barba, que se rebelaban contra su “padre adoptivo”… Torres lanzadas hacia la puerta de la regia mansión, choques tremendos… y los acosados a punto de sucumbir por la maldad de unos seres de metal tan espectaculares como las bestias “Iris” y “Dorado” de “El Hombre de Piedra”.

“Trueno” y los suyos llegaban a tiempo y se medían las fuerzas con la “Reina Negra”, un robot de campanillas que poco o nada tenía que envidiarle al de “Metrópolis”, el film de Friz Lang… y el trío avanzaba ubicado en el centro de un ajedrez monstruoso… y posteriormente vivía sorprendentes odiseas con Tak –Rok, el águila gigante y con unos pigmeos de cuidado… Amenazas, abordajes, zafarranchos nocturnos, hombres leones… y el burrito “Nicasio” divirtiendo con las coces que les daba a los incorregibles vecinos de la estepa.

La princesa “Flor de Nieve”, el caballito “Diamante”, barcos ocultos, vikingos prehistóricos, tártaros, ciudades que desaparecían, el duque Boris, la isla de Rarako, caravanas misteriosas y una moza disparando flechas de fuego… Y así la longeva historia llegaba a un final que merecía mejor suerte para la serie y para los que la seguíamos desde el 56… ¡y estábamos en el 68! Con el ejemplar 618 titulado “Goliath al ataque”, en cuya portada veíamos al superhéroe y al célebre “Cascanueces” buceando en el lecho de un caudaloso río decididos a rescatar de las aguas a “Chún” el mandarín.

Total que en la última viñeta “Trueno”, Crispín y “Goliath” se despedían de los lectores enviándoles un simpático saludo explicando que debido a causas de fuerza mayor suspendían por el momento la colección de cuadernillos con un “Hasta pronto” que no nos convenció en absoluto. Editora, guionista y dibujantes tuvieron que haber reunido a los principales artífices de la trama (“Trueno”, Crispín y “Goliath”, Sigrid, Ragnar en el recuerdo, Ricardo “Corazón de ”, Gundar y Zaida, el puma “Garritas” , la foquita “Linda” y un largo etcétera de personajes secundarios en portada y en una ilustración a gran formato en páginas interiores… pero qué le vamos a hacer… así son las cosas… Yo no me despido, sino que os espero la semana que viene con “Apache”, otro grande del tebeo español… ¡Un abrazo, amigos míos!

Valeriano Belmonte