Ayer pudimos ver la presentación del decálogo del llamado Liberal de Ciudadanos. Una presentación a cargo de , líder de la oposición en el Parlament de Cataluña. La puesta en escena y el contenido del documento debieron prepararlo y decidirlo con bastante premura y poca reflexión, a tenor del resultado. Probablemente, al percatarse de que aproximándose el 8M y con todos los procesos electorales posibles convocados, no se habían puesto aún la chaqueta de “pseudofeministas oportunistas”.

Pues bien, el decálogo se analiza rápido, es un cócktel de obviedades y lugares comunes que intentan ocultar los viejos postulados del machismo, envuelto en un formato nuevo, tramposo, que quiere dar imagen de modernidad, para hacernos digerir de manera dulcificada todas aquellas discriminaciones e imposiciones que la sociedad patriarcal y el capitalismo más feroz nos hacen sufrir a las mujeres cada día.

Para comenzar, analicemos la forma; ni siquiera se les ha ocurrido que el producto podría tener mejor venta si utilizaran lenguaje inclusivo en su redacción, han ido más allá, han intentado hasta ridiculizarlo. Las mujeres estamos invisibilizadas tanto en el documento como en el propio nombre del partido, que es de ciudadanos, pero parece que no de ciudadanas. Las ciudadanas queremos que el lenguaje que se utilice nos reconozca, nos respete, que la sociedad nos considere y nos incluya, lo que no se nombra no existe.

En nuestra sociedad actual, el feminismo no puede ser liberalismo; no puede serlo porque el concepto ideológico mismo del liberalismo, centrado en la libertad del individuo, no considera la conciencia de colectividad que debemos tomar todas las mujeres independientemente de nuestra etnia, raza, cultura, profesión, situación económica, personal o social.

Es más, nuestra Constitución, en su artículo 9.2, ya dice que corresponde a los poderes públicos remover los obstáculos que impidan o dificulten la igualdad de los individuos y de los grupos en los que se integran, para que podamos participar en todos los ámbitos de manera real y efectiva.

Para llevar a cabo la revolución feminista que permita derrocar las estructuras imperantes desde hace siglos que nos han subordinado a los hombres, debemos tomar esa conciencia de nuestra propia situación colectiva, reflexionar sobre ella y unirnos para cambiarla, como ya decía a mitad del siglo XX, y ejercer la sororidad entre nosotras para defender los derechos y las libertades de todas.

Este decálogo tergiversa la definición de feminismo, considerando que hay un feminismo excluyente e intenta asemejarlo a un concepto contrario al machismo. El feminismo no es lo contrario al machismo, el feminismo es un movimiento que lucha por la igualdad de mujeres y hombres.

También se refiere a la corresponsabilidad y a la eliminación de la brecha salarial para que las mujeres no tengamos que renunciar a nuestras carreras profesionales, pero además de no mencionar ni una sola medida concreta, estos últimos días, las tres derechas cuestionan la necesidad y la urgencia de que el Gobierno del Presidente Pedro Sánchez aprobara en el pasado una medida tan positiva como la ampliación progresiva del permiso de paternidad para asimilarlo al de maternidad. Las mujeres somos el 51% de la sociedad, nos merecemos planteamientos serios y coherentes.

Hablan de guerra de sexos y de mujeres que quieren tutelar a otras mujeres. El movimiento feminista precisamente lucha contra las tutelas que siempre hemos padecido las mujeres, lucha por nuestra autonomía, nuestra independencia económica, por la libertad para decidir sobre nuestras vidas, lucha contra el mercantilismo de nuestros cuerpos, tanto de la trata de seres humanos con fines de explotación sexual, como de los vientres de alquiler, para satisfacer a quien tiene un deseo en contra de los derechos de las mujeres y de los menores más pobres del mundo.

Y para terminar, dicen que “es urgente implementar el Pacto de Estado Contra la Violencia de Género”; y ahí estamos de acuerdo, salvo en un matiz, que una de las primeras decisiones que tomó el al llegar al Palacio de La Moncloa en el verano de 2018 fue aprobar el RDL 9/2018 que permitió poner en marcha las medidas más urgentes recogidas en el pacto, como devolver las competencias a los ayuntamientos en la promoción de la igualdad y la lucha contra la violencia de género, y poner a disposición de autonomías y municipios los fondos destinados para ello en los PGE; un pacto que hasta ese momento estaba totalmente inédito.

Es tiempo de mujeres. España ha avanzado mucho en igualdad, pero nuestra sociedad necesita ir aún más allá, pasar de la igualdad formal a la igualdad material.

Los y las socialistas de Albacete estaremos con el movimiento feminista en las concentraciones y las manifestaciones, y secundaremos los paros convocados por los sindicatos mayoritarios. Nos queremos vivas, libres, sin miedo, y por eso, este 8M pararemos.