Este mes de febrero, a invitación de la Peña Altozano, actuó en el Ateneo de Albacete el cantaor , acompañado a la guitarra por Juan Manuel Cadenas. Manuel es Lámpara Minera de la Unión 2002. Sevillano de Osuna, localidad de la que se siente orgulloso y entre bromas -dice- se inventó la saeta. De hecho hasta este año se ha celebrado allí el Concurso de Saetas “”, que este año se convertirá en Certamen.

El artículo nació como entrevista que, a invitación de Yaraví Serrano, iba a realizar a Manuel. Enseguida me vi envuelto en animada tertulia entre dos maestros del cante: Manuel y Yaraví por un lado y este alegre aficionado, que les escribe, por otro. Lo que sigue es una transcripción, con algún que otro comentario del que soy único responsable.

Describir a Manuel Cuevas no es difícil: buena gente, humilde como lo es su origen, del que no reniega y que gusta poner ejemplos para explicarse. Como cantaor, aparte de buen maestro, es un estilista con mucha personalidad, sabe lo que quiere y cómo conseguirlo. Cantaor largo en estilos y melismas que alarga casi a voluntad poniéndolos al servicio del arte y del público, al que gusta mantener en tensión. Su aprendizaje viene de lo jondo. El propio Manuel nos lo cuenta.

Luces y sombras de los concursos

MANUEL: Mis principios fueron con 7-8 años cantando saetas en Osuna. En mi casa había mucha afición. Una tía mía cantaba muy bien. Por parte de mi padre cantaba casi toda la familia. Él era costalero de la Hermandad y cantaba saetas debajo del paso. Un abuelo mío era bailaor cuando casi nadie bailaba en mi pueblo. Iba a casa de los señoritos para enseñar a sus hijas. Se lo llevaban a a fiestas…

Yo iba mucho a los festivales de verano de Andalucía y en los concursos pensaba: «¿si se sube ese hombre, porqué no me subo yo?». Una vez en un concurso de mi pueblo, -que entonces tendría 16 años y venía de ganar un concurso en Mairena- le preguntó a un guitarrista de la por dónde iba la malagueña del Mellizo: «que te la haga éste-dijo el guitarra señalándome-». La hice al tono de Mª Toledo y se quedaron admirados.

A partir de 1999 fui presentándome a concursos. Tuve mucha suerte y en 2001 gané muy buenos premios. En la Unión gané tres premios y al otro año, en el 2002, la Lámpara Minera. En algunos pueblos no llegaba a finalista, pero me contrataban para las fiestas porque les gustaba mucho mi forma de cantar.

YARAVÍ: Al final, el público es el que manda. La ortodoxia del cante es una cosa y luego el público otra distinta.

MANUEL: En la Unión me apoyaron mucho. A mí no me conocía nadie. Además, los concursos te ayudan porque en cada ciudad había un cante especial, p.e.j., en los fandangos de Lucena, en Viso del Arcón, la Bambera, en , la Petenera, la Farruca… Si cantabas lo que ellos te pedían era mucho más fácil. Cuando me di cuenta tenía un abanico grande de cantes. Eso te da maestría y de interpretarlos mucho, vas dándoles tu personalidad.

YARAVÍ: Claro, claro -asiente-.

MANUEL: Odiaba cantar como querían los viejos…

YARAVÍ: Los puristas, ¿no?

MANUEL: Sí, p.e.j., tú cantabas por Mairena… y a lo mejor, él era más cortito de aire y, en un tercio, tenía que respirar dos veces. ¡Como tú no respiraras dos veces…! Eso me lo ha dicho a mí un jurao: «Manuel, no te has llevao el premio porque Mairena ahí respiraba dos veces y tú lo has hecho de un tirón».

YARAVÍ: ¡Ay! -comenta asombrada-.

MANUEL: Si yo hago el mismo dibujo y no tengo que parar, por qué voy a parar. Eso era lo único que odiaba de los concursos, que querían que copiásemos. Cuando me salí de los concursos dije: «¡Ahora voy a cantar como a mi me dé la gana!». Hombre…, siempre desde el respeto.

YARAVÍ: Los concursos te hacen conocedor de los cantes. Te obligan a estudiar y conocer. Yo decía durante tu actuación: «Manuel canta por tangos y mete todos los cantes que van a ese compás (se refiere al 4/4 flamenco); canta por garrotín, por triana, por milonga…

JALEO: ¡Y lo que no entra! porque en los compases de 4/4 has metido la Guajira, que es un compás alterno (ese estilo flamenco, lleva 3 compases de 6/8 y dos de 3/4).

YARAVÍ: ¡Pero entra!, si lo aceleras… entra ahí… -dice con tono de admiración por la pericia de Manuel-.

MANUEL: Llevamos ahora un espectáculo (se refiere al montaje «Diario Sonoro», en el que Manuel canta melodías que le acompañan desde niño: flamenco, Montolla, Farina, Machín y hasta Raphael, acompañado de piano, violín y 6 músicos más del que está más que satisfecho), en el que echamos muchos cantes diferentes buscando la «planta».

JALEO: ¿Qué es eso de buscarle la «planta»? -interrumpo curioso-.

MANUEL: Eso es cuando el cante o la guitarra empieza y el público no sabe todavía qué va a pasar (se refiere al estilo flamenco que va a interpretar). Tú empiezas a lo mejor con la primera frase y el público no puede decir: «va a hacer esto o va a hacer lo otro»… Es como una sorpresa.

JALEO: Vas destapando los estilos poquito a poco…

Lágrimas de cera. La Saeta

La conversación nos ha llevado a la saeta antigua, que nada tiene que ver con la flamenca. Falta por aclarar si, finalmente, su origen es judío o morisco. Siempre tuvo una función litúrgica y se cantó en la calle. Parece que fueron los franciscanos quienes la “cristianizaron” y durante mediados del s. XIX se cantaban saetas antiguas a modo de jaculatorias aunque nunca a las imágenes. Hasta que en 1876 se prohibieron en Sevilla. En 1887, en el barrio sevillano de La Macarena, reaparecen de manera anónima y progresivamente se van aflamencando. Parece que el “milagro” se lo debemos a Enrique el Mellizo, hecho importante para el cante jondo porque fue un cauce para que carceleras,martinetes, seguidillas o soleares puedan mantener una función social y un desarrollo artístico. También ayudó al eco universal del flamenco.

Saeteros flamencos clásicos

A Manuel se le abren los ojos, porque es un apasionado de este estilo.

MANUEL: La saeta ha evolucionado mucho, pasa como con la guitarra. Entre los ortodoxos, el que tú varíes un cuerpo o lo que sea, les tira pa ´tras. Se ha enriquecido mucho , antes era muy cortita. A mí La Niña los Peines, Tomás Pavón… me encantan: sus florituras, la forma que tenían de colocar y llorar la voz, pero ¡cantaban saetas de minuto o minuto y medio! Ahora… canta tú una saeta de esas. ¡No te escuchan!.

YARAVÍ: Ni los de antes cantan como se canta ahora, ni los de después cantarán como cantamos ahora. Eso va evolucionando como la vida. El cante de antes es perfecto y creo que hay que respetarlo y hacerlo ortodoxo, pero hay que evolucionar.

MANUEL: No soy hombre de polémicas, pero estoy seguro que cuando pase el tiempo, la saeta va a tener su época de los 70, los 90 y los 2000 han marcado una época.

JALEO: ¿Y quién o quienes la han marcado?

MANUEL: Pues gente como Kiki de Castiblanco, como Jehová Sierra.

YARAVÍ: ¡Y cómo Manuel Cuevas! -se revela contra la modestia de Manuel-.

MANUEL: ¡Pero yo he sido discípulo de ellos! -se justifica-.

YARAVÍ: Tú has cantado con Kiki y hecho saetas a dúo. Queramos o no, eres un contemporáneo de la saeta. En temporada de semana santa está haciendo dobletes y triplete. Un lunes santo que no se canta, un martes… este hombre no descansa en Semana Santa. Al final, ha hecho la saeta a su forma y ha creado escuela, que hay mucha gente que estudia la saeta de Manuel Cuevas.

El comentario de Yaraví no es inocente, ella misma ha estudiado con el propio Manuel su saeta y en ese estilo se considera su discípula. Un escalofrío me recorre la espalda cuando percibo entre ellos un vínculo, casi sanguíneo de mutuo orgullo entre maestro y alumna aventajada.

JALEO: Por dónde va la evolución de la saeta. Por seguidillas o martinetes es donde suele ir pero…

MANUEL: ¡No! la saeta va por el mismo sitio, solamente que se va enriqueciendo…

JALEO: Explícame eso.

MANUEL: A mi me gusta mucho la gente de Jerez porque le da un pellizquito donde es difícil dárselo. Por supuesto, de la saeta sevillana he escuchado mucho a Antoñita Moreno. P. e. j., la saeta de es muy larga, Antonio Canilla hacía un final mù largo pero de ese final también se pueden coger melismas…

YARAVÍ: Sí, melismas, armonías… vaya.

MANUEL: Es como la ensalà que coge todo lo bueno de cada uno (risas). Durante los concursos de saetas de mi pueblo me empapaba tò. Después lo echaban por la tele y lo grababa. Cuando me di cuenta, me había enriquecido y ahora, ya lo adopto a mi forma de cantar.

JALEO: El diálogo entre músicos es lo que va desarrollando las músicas. (Algún día haré una reflexión de lo que implica ese diálogo, qué elementos participan y qué códigos lleva implícito. Mientras tanto dejo a Manuel con su discurso enamorado.)

Abrazado a la cruz

MANUEL: El 50% de una buena saeta es que seas creyente.

JALEO: Pero… ¿de qué dios? -le provoco para descubrir su espiritualidad-.

MANUEL: ¡Tienes que ser creyente!

JALEO: _¿De algún dios? _

MANUEL: ¡Sí..! Yo lo soy. Cuando le canto a una imagen, en si, no creo en la escayola, pero sí en lo que hay detrás.

YARAVÍ: Por lo que representa ¿no?

MANUEL: ¡Claro!. La gente ve un cuadro y se puede emocionar, pues igual en una imagen.

El flamenco después de Camarón, Morente y

Cambiamos el tercio y nos vamos a la actitud que mucha gente del flamenco está adoptando respecto a volver la mirada atrás, a unas raíces poco definidas del flamenco y retrasar los tiempos en el que se está dando su evolución.

Es curioso que se dé este movimiento de conservación de lo “puro”, sin que e realidad estén muy claras esas referencias de pureza excepto en cantes concretos.Al tiempo que, una vez fallecidos, se elevan a los altares a Camarón, Morente o Paco de Lucía, que revolucionaron el flamenco sin perder de vista lo jondo o lo popular. El impulso renovador artístico y estético que representaron ha quedado huérfano de referentes de peso y la renovación en barbecho.

Todo es confuso. De un lado se busca una pureza sin referentes claros (no sé si es correcto meter en el mismo saco a la Niña de los Peines y a Farina, por e.j.p., como se hace en la actualidad), al tiempo que se tiene conciencia de que después de Camarón, Morente y Paco de Lucía ni se puede cantar como antes, ni tocar la guitarra como si Paco no hubiera existido. Pero Manuel nos da otra visión del problema.

MANUEL: Los flamencos íbamos muy deprisa. Tú ves una carretera y si vas muy rápido, no te da tiempo a ver el paisaje.

JALEO: _¡Antes decías lo contrario! (intento ponerle una “zancadilla dialéctica” para ver por dónde me sale). _

MANUEL: No, una cosa es copiar y otra es acordarse, porque yo canto por seguidillas y me acuerdo de Tomás (Pavón), de Antonio (Mairena), de la Niña los Peines. Yo le busco mi forma, pero…

YARAVÍ: Canta por soleá y respeta la ortodoxia de lo que está cantando.

MANUEL: Claro, me lo llevo a mi terreno.

YARAVÍ: Manuel canta por soleá y suena a Manuel, aunque sepamos que está cantando la soleá de Alcalá o de .

MANUEL: Eso que has dicho antes es verdad, están retrocediendo otra vez a la pureza.

YARAVÍ: Sí, es verdad.

MANUEL: El flamenco es arte y el arte lleva su curso. No podemos obligarlo a ir más rápido.

Comentamos unas recientes declaraciones de y Manuel aprovecha para mostrar su admiración por esta cantaora.

MANUEL: _Si te tuviera que citar tres artistas flamencos de ahora, estaría Mayte Martín. No se puede cantar con más gusto, ni más conocimiento. Por la Niña de los Peines no canta nadie igual (cita también a un cantaor de Linares, pero no nos viene el nombre). Yo creo, que a la Niña le tenían que haber dado la Llave del Cante lo que pasa… (hace un gesto señalando la discriminación de la mujer en el cante). Y Mayte conoce de la Niña hasta como se peinaba (risas). _

JALEO: Ibas a citar a algún artista más ¡no te cortes!

MANUEL: Me gusta mucho Poveda (Miguel), es muy inteligente, muy aficionao. Aparte, como persona… quítate el sombrero. En Lucena, que es un pueblo poco aficionado al flamenco , llenó la Plaza de Toros y la media era de 20 años, está ayudando mucho. Otro es Arcángel, ¡peazo aficionao!

JALEO: ¿Y de las chicas?

MANUEL: ¡Uy! ¡Mayte está muy alta! Ahora están saliendo más mujeres jóvenes que hombres cantando bien.

YARAVÍ: Porque somos más estudiosas. Las mujeres vamos dando duro ¡ahí!… (risas).

La r-evolución instrumental

Sigue Yaraví hablando ahora del espectáculo “Diario Sonoro” que está llevando Manuel, y del que ya he hablado en este artículo. para hablar de los nuevos instrumentos que se están acercando al acompañamiento al cante como el piano, el violín, etc.

MANUEL: A mí me encanta cuando se mete bien, no cuando se mete por meterlo y se hacen “chorràs”.

Decía que la guitarra occidentaliza el cante y -añado yo- el violín lo orientaliza. Al prolongar los melismas, nos destapa la música andalusí, su pasado o inspiración más remota. Aunque en el caso del flamenco es claro que la llamada cadencia andaluza (también llamada cadencia flamenca: Lam, Sol, Fa, Mi), espina dorsal de las armonías flamencas, es en realidad la cadencia oriental procedente de Persia, cuya conquista por los árabes extendió a su área de influencia y que posiblemente Ziryab trajo al califato cordobés en el s. IX.

La introducción del piano como acompañamiento al cante va a forzar cambios en la forma de cantar. No todas las voces son capaces de adaptarse a la profundidad sonora que tiene el piano, al menos el de cola. Otra cosa es el teclado, aunque me temo que todavía hay que mejorar las prestaciones de estos cacharros para que el maridaje con la guitarra y con los registros vocales flamencos sean los óptimos.

La conversación con Manuel deriva en nuestro mutuo gusto por Pavaroti y la recién descubierta facilidad de Manuel con algunos registros líricos.

MANUEL: Creo que los flamencos lo tenemos más fácil.

YARAVÍ: Eso es verdad, somos muy versátiles para hacer otras músicas.

Y como el mundo es un pañuelo resulta que se sorprende al descubrir que conocemos a (cantaor de Albacete), al que conoce del Conservatorio del Gran Poder de Sevilla y al que sigue en su divertida y flamenca página de Facebok -la cual recomiendo-, famosa por sus vídeos e iniciativas artístico-sociales.

Nos da cosica, pero la despedida es inevitable. Es ya de madrugada y los artistas están fundidos y van a agradecer la cama. Lo hacemos con un abrazo en la puerta del Hotel, momento que aprovecha para decirme algo así como: «¡Qué bien canta la Yaraví!» dicho con rabiay en “sevillano”, que no transcribiré literalmente, por temor a que se malinterprete, lo que no es sino una muestra de gran admiración.