“Tic tac, tic tac. Está en marcha la cuenta atrás”. Así arengaba el pasado domingo a los suyos un crecido , que para ser un anti-casta vocacional enseguida le ha cogido el gusto a vicios de la casta como la adoración mitinera del líder, las soflamas sin contenido o la defensa a ultranza de los afines (sean su compañera sentimental adicta a las autoadjudicaciones, o sus compañeros de universidad y de ejecutiva pillados con el carrito de los helados). Ahora Pablo Iglesias debe de estar aprendiendo griego a marchas forzadas, aunque visto lo arcaico de las ideas que impregnan Podemos, quizá se apunte al griego clásico de Homero antes que al griego contemporáneo de Syriza.

A mí lo del “tic tac” me suena a amenaza, a desastre inminente. Parece la cuenta atrás de una bomba de relojería que explotará si nadie es capaz de cortar a tiempo los cables que conectan el artefacto. Es la carrera inexorable de un mecanismo ya puesto en marcha, que cuando llegue a cero destruirá de manera indiscriminada lo que le pille cerca.

Ante esa cuenta atrás hay quien parece optar por meterse debajo de la mesa lo más cerca posible de quien exhibe en sus manos el detonador. Es lo que ha hecho García-Page con sus encuentros (inconfesables pero confesados) para preparar el pacto con Podemos. Craso error. El PSOE tendrá futuro si es capaz de articular un discurso de izquierda moderada, de izquierda moderna y europea, que le permita seguir ofreciendo una alternativa creíble para una mayoría de la población. Si los socialistas se acercan al monstruo, el monstruo los devorará. En la famosa cena con Iglesias, Bono fue la Celestina de una unión contra natura, y en la mesa se sentaban y ; pero recuérdese que en la tragicomedia todos terminan mal. La cuenta atrás también va por ellos.

Acabar con el sistema, como propugna Podemos, además de retroceder un siglo en la evolución política implica acabar con las bases del sistema democrático español, que están bien claras en el artículo 1 de la Constitución: libertad, igualdad, justicia y pluralismo político. Pablo Iglesias se despachó en su mitin diciendo al gobierno de Rajoy que “este país quiere cambio, porque sois unos golfos, unos inútiles”. En la primera parte tiene razón: este país quiere cambio, y por eso hace tres años votó a un partido que ha cambiado el paro por el empleo, el despilfarro por la eficacia, el descrédito por la confianza. La segunda parte de su cita, lo de “golfos e inútiles”, yo, que no soy del gobierno de Rajoy pero sí lo apoyo, no la acepto: en este país los golfos van a la cárcel y los inútiles pierden las elecciones.

Guárdese su detonador, señor Iglesias. La única cuenta atrás que necesita este país es la que dejará atrás la crisis, y ésa ya la ha puesto en marcha el y no la va a interrumpir ningún radical nostálgico de las momias de Lenin y de .

Artículo de opinión de , Senador del Partido Popular en representación de la provincia de