Hace un par de años, cuando se cumplía el centenario del nacimiento de los tebeos en España e inauguré mi exposición “Un siglo de tebeos”, el padre , entrañable religioso filipense y párroco de Villalgordo del Júcar, que asistió a la muestra, me dijo que le gustaban mucho los personajes homenajeados, entre los cuales se encontraban “ y Pedrín”, “El Guerrero del Antifaz”, “El Cachorro”, “El Capitán ”, “Apache”, “El Jabato”, “Pantera Negra”, “Carpanta”, “Zipi y Zape”, “Doña Urraca”, “Tribulete”, “Mortadelo y Filemón” y decenas de héroes y heroínas del noveno arte hispano, pero que faltaba “Tintin”, icono del cómic belga.

Le expliqué que no me había olvidado de él y que más adelante le rendiría mi modesto tributo y ahora, al cumplirse el noventa aniversario de la presentación del “hijo adoptivo” de Hergé, ha llegado el momento porque el jovencito adolescente y reportero universal vio la luz el 10 de enero de 1929. En aquella memorable fecha echaba a andar el mozo ataviado con pantalones de golf y en ocasiones con faldita escocesa derechito a Rusia a la vera de su blanco perrito “Milou”.

“Tintin” deleitaba a los incondicionales correteando por las viñetas del suplemento “Le Petit Vingliéme” y desplazándose de forma ininterrumpida al Congo, América, Oriente y por todos los confines de la tierra ayudándole a la policía a echarle el guante a bandas terribles de falsificadores de moneda y recogiendo de la “Isla Negra” a un gorila propiedad de un grupo de malhechores que aterrorizaban a los pescadores de la región.

Hergé, sonriente y feliz con su vástago de papel y tinta china, confeccionaba álbumes y contaba historias amenas y gratificantes… y para colmo de bienes le concedió el honor de tener revista propia y lo introdujo en ediciones repletas de color y dinamismo.

“Tintin”, de éxito en éxito, en dibujitos sencillos y sin pretensiones (posiblemente ahí radica la grandeza del legendario paladín y aventurero fantástico). De “Tintin” podría seguir contando infinidad de cosas y añadiendo que es un clásico, un muñeco de culto y especialmente un impagable y delicioso triunfador. ¡Hasta la próxima, majos!

Valeriano Belmonte