Comienza el plazo para que los contribuyentes cumplamos con nuestras obligaciones fiscales.

El deber de ingresar en la Hacienda Pública puede ser tan poco agradable como otras tantas cosas que se hacen por obligación. Sin embargo, cada vez más, va calando en la sociedad que todos debemos contribuir, porque el dinero que aportamos con nuestra declaración del IRPF repercute en beneficio de todos.

De “pensar como defraudar e intentar que no te pillen” a “tomar conciencia de que Hacienda somos todos”, es un gran cambio, y, sin duda, se debe a medidas disuasorias como mayores sanciones, un aumento de control gracias a mejores sistemas informáticos e inspecciones cada vez más exigentes…, pero, también, creo que cuando uno percibe que si lo que aporta al Tesoro de su país está bien administrado y se hace un uso austero y transparente, es más fácil cumplir con esta obligación.

Además, podemos sentirnos satisfechos de levantar nuestro país, porque son nuestras aportaciones, las de cada ciudadano, el que más como el que menos, con este y otros impuestos, las que hacen posible que cada día se abra esta gran empresa que es España, educativa, sanitaria, social productora, constructora, industrial, de servicios, agrícola y pesquera etc, en definitiva generadora de empleo.

Nunca un Ministro de Hacienda ha sido el mejor valorado -las razones son obvias-, pero podemos tener la tranquilidad de que el Sr. Montoro reparte con austeridad y prudencia a los Ministerios, Comunidades Autónomas, Entidades Locales y demás organismos públicos que, a su vez, están haciendo, en su mayoría, un esfuerzo eficiente para recortar el déficit y volver a llenar los cajones, e ir superando la situación actual, creando empleo y generando riqueza.

Ahora bien, depende de quien gobierne que se gestione con despilfarro o austeridad y por tanto que nuestro dinero caiga en saco roto o sirva para crecer o, por ahora, para tapar agujeros y crear cimientos sólidos. Esta es nuestra decisión y nuestra responsabilidad, cuando libremente acudimos a las urnas.

Sería pasarme un poco decir que hacer la declaración de la renta no es tanto un deber como un orgullo de contribuir con nuestro país, pero al menos vamos a sentirnos satisfechos por el deber cumplido y lo mucho que solucionamos entre todos y para todos.

En este momento en que tenemos que cumplir con esta obligación fiscal, hay un pequeño, pero importante, detalle que no debemos olvidar, lo que llamamos la “X solidaria o X tantos”, bien a favor de la Iglesia, bien a favor de otras entidades.

Este gesto supone, en primer lugar, una manifestación de democracia directa, pues somos nosotros quienes decidimos con nuestra elección al marcar la X, a quien queremos destinar el 0,7% de nuestra cuota íntegra: a la , a otras ONG’s, a ambas o a ninguna. Pero es también la oportunidad para muchos de colaborar socialmente y contribuir a una buena causa. Por eso, no olvides realizar este pequeño gran gesto.

Artículo de opinión de Maravillas Falcón Dacal - Diputada Nacional por Albacete GPP