Durante muchos años tuve la sensación de mirar el otoño con singular recelo, fue que un mes de noviembre me dejó una impresión que hizo impacto en mi mente con un “tupido velo”

Todavía era niño cuando una circunstancia de normal apariencia en aquel lugar me dio un miedo cerval, valga la redundancia, que duró largo tiempo sin poderlo olvidar

Por ello los noviembres no me gustaban, ni aquellos catafalcos en las iglesias que en el mes de Los Santos representaban lúgubres funerales, tristes exequias…

Ostentación en panteones y mausoleos, coronas funerarias, flores y lamparillas, visitar cementerios, igual que “jubileos”, lo mismo adinerados… que las gentes sencillas

Aparte de hacer culto a los camposantos y hablar con los difuntos en velatorios, responsos, letanías y a veces salmos… incluso ver tétricos dramas “Juanes Tenorios”

Aunque también tenían sus buenas cosas, comer Huesos de Santo y castañas asadas, chuletas a la brasa y morcillas sabrosas en típicas tabernas, mesones y posadas

Sin embargo, yo vi la luz un 25 de septiembre, por tanto libra es mi signo zodiacal, creo que mi estrella ha sido buena siempre, incluso desde que hace años disfruto mi edad otoñal

Además, el destino me quiso conceder… que hubiese otros septiembres en mi vida, mes en el que vino al mundo mi amada mujer y nuestro hijo Carlos, a quien dimos la vida

Cada una de estas fechas fue para mi notoria, con los frutos dorados que dona esta estación, y hace ya largo tiempo, con cierta euforia, recibo a los otoños sin ninguna “precaución”…

Tiempos de la vendimia y otros favores… Frutos que la naturaleza nos proporciona después de los calurosos veranos con sus rigores, noviembre y “Tenorios” son… una broma

De la serie ‘Poesías de una Vida’, de Carlos Bachiller Huertas