En los 45 años de trayectoria educativa, he recibido diversos reconocimientos, como el Premio “”, por la defensa de la , la presidencia de la de “Liderazgo y Calidad de la Educación”, o el Premio por la Defensa del Liderazgo y Derechos de la Mujer. Asimismo, en junio de 2018, me fue entregada la insignia de oro de la Facultad de Educación de la en Albacete, por mi dedicación a la docencia y la formación de profesorado. Anteriormente, ya se me había concedido la insignia de oro de la UNED. Sin embargo, el reconocimiento recibido el día 26 de noviembre, en el , por mis 33 años de profesora tutora, formando maestr@s especialistas en Educación Infantil, Educadores Sociales y Pedagogos, me ha supuesto a nivel personal uno de los mejores homenajes que se me podían otorgar, debido a la lucha en defensa de los derechos de los trabajadores y la persecución padecida por ello. Cuando se lucha con coraje, dignidad y sin desfallecer a pesar de las injusticias, enfermedades y acoso, no hay mayor satisfacción que poder comprobar que no se ha hecho del todo mal y que ha valido la pena el sufrimiento y el tiempo dedicado a ello. Como dice un proverbio chino, no hay que desfallecer y resistir porque el tiempo pone a cada uno en su sitio.

Nacer mujer en un pueblo pequeño de la serranía conquense, en la década de los sesenta, presentaba numerosas dificultades para poder estudiar. Pude conseguir una beca y terminar los estudios no universitarios con éxito. En Cuenca sólo podía estudiar Magisterio que finalicé con el número uno de mi promoción. A continuación, en , realicé la diplomatura de Pedagogía Terapéutica, que concluí también con el número uno. Afortunadamente, mi buen expediente me posibilitó trabajar como Maestra en el Colegio Anejo a la y, al tiempo, en 1975, iniciar mis estudios de Psicología y Pedagogía en la UNED, finalizando con mi Tesis Doctoral sobre integración escolar, en 1990, con la máxima calificación.

Desde mi infancia he sido una persona creativa y crítica, que defendía la equidad y la justicia social. Por ello, cuando fui elegida representante de los Profesores Tutores del Centro Asociado de la UNED de Albacete, como miembro del y del , pude comprobar que los trabajadores del Centro no tenían convenio y la mayoría se sentía desprotegida ante una lamentable situación de posible acoso y discriminación. Tristemente, no eran apoyados ni defendidos porque nadie se atrevía a sufrir las consecuencias de las represalias del cesado todopoderoso director. Defender los legítimos derechos de los trabajadores nos conllevó querellas, perecuaciones, acoso, seguimiento domiciliario,…, todo ello en solitario y un padecimiento incompresible en una sociedad democrática.

Afortunadamente, en algunos momentos de nuestra vida nos llega -como un relámpago- una gran emoción que embarga nuestros sentimientos y nos hace tener esperanza en lo que hacemos y creemos. He sido muy afortunada y he podido recibir una lección en mi vida que nunca olvidaré. Por ello, en esta sociedad invadida por representantes políticos y académicos que faltan descaradamente a la verdad, que no les preocupa su necedad y desprecio a la justicia y la equidad, conviene recordar a nuestros jóvenes que vale la pena luchar y trabajar por los derechos humanos y en la construcción de una sociedad sin discriminaciones. Aunque no sea noticia en los medios de comunicación, hay personas que entregan su tiempo, dinero y felicidad en la defensa de los acosados, desfavorecidos o rechazados por los todopoderosos que, en lugar de cumplir con sus obligaciones, tratan de “machacar” al que no se somete a sus injusticias y defiende los derechos humanos.

Considero necesario evidenciar que se puede y se debe defender los derechos y no tener miedo a nadie por muy poderoso que sea el personaje. La dignidad, lucha, coraje y activismo son muy importantes, pero aún es más no sucumbir ante las dificultades y, si te hacen caer, levantarse con más fortaleza. Esta lección de vida es la que deberían aprender nuestros jóvenes, pues conseguir un MUNDO MEJOR está en sus manos.