Cuando tenía diez abriles y decía que se contaron por miles los claveles que le echaron a María de las Mercedes tras la muerte que observaron personas de aquel ayer ya demasiado lejano, soñaba con la ilusión de tener un tintero de tinta china porque los dibujitos que elaboraba a granel intentando imitar al inimitable los ponía a punto con tinta corriente… ¡y gracias! Pues la situación económica de la etapa no daba para más. Por eso al recibir de las delicadas manos de mi inolvidable progenitor, el afable, generoso y artista Natalio el guardia, la tinta acariciada me sentí tan contento y feliz que lancé un grito espectacular que, posiblemente, llegaría al Barrio Hogar Nacional Sindicalista o Casas Baratas. En cuanto abrí el tinterito de marras tomé papel de barba y emborroné varios pliegos trazando a galope tendido viñetas de mis personajes Edson, El Prehistórico y El Libertador de vociferando a pulmón batiente: ¡Están igualitos que los de los tebeos! (ni muchísimo menos, aunque entonces yo creía que sí).

Resultaba emocionante en 1953, 54, 55 y 56 contemplar las páginas en blanco inmaculado y oscuro azabache las ilustraciones de y Pedrín, El Guerrero del Antifaz, , el Hombre de Piedra, y , Pantera Negra y y sus chicos después de otear las espléndidas portadas realizadas por , el citado Gago, el albaceteño y el portentoso , “fachadas” gestadas en impagables colores.

En este segundo y último apartado os cuento fugazmente con bocetos de antaño conservados en mi atestado archivo o papelería, un poco de personajes tan populares como El Puma, titán que nació en la Editorial Marco allá por 1946 gracias al talento de un Boixcar debutante y continuó sus hazañas a lo largo de los cincuenta, esta vez conducido por Martínez Osete, tutor de Castor el Invencible, Red Dixon, El Príncipe , Simba –Kan y un larguísimo pelotón de paladines del noveno arte hispano.

El Puma, ataviado con la piel del mamífero carnicero de América parecido al tigre y de pelo suave y leonado, peleaba frente a los esbirros de un gobernador sin escrúpulos y salía triunfante con la inquietante y terrible sayaca, especie de puñal sagrado que al rozar a cualquier ser humano lo convertía en un abrir y cerrar de ojos en esqueleto.

El audaz protagonista, que recibirá más adelante un tributo merecido, amplio y justo, conquistaba a la encantadora Rosita. Adelanto a los interesados que fueron 124 ejemplares en tres series los que enriquecieron las tiendas albaceteñas.

Avanzando, amigos míos, que es gerundio y el tiempo apremia. Cambio de registro y me inclino ante la gracia, el tronío, el poderío y el salero de Doña Lío Portapartes, la astuta colaboradora del semanario Pulgarcito e hija adoptiva de Raf, la gordita, pícara y temeraria solterona y cuarentona que vivía sus increíbles andanzas a la vera de Don Bollete, el señor Cefalópodo y la portera Rufina Pérez, a la cual suplantaba dándole un narcótico potente y presentándose en su lugar en la fiesta que organizaban ciertos marqueses de altura. Al final la pobre ingenua concluía fregando platos, cucharas y tenedores.

Y ya que estoy con personal femenino no dejo para mañana lo que puedo hacer ya mismo, o sea que os muestro a las hembras de la revista Florita, es decir a Belinda, Elvirita, Rosy, Pirulina, Babalú, Dolly y Lalita – no Lolita – (de esta última me encantaban los pasteles, flanes, bizcochos y mermeladas que se zampaba la muy golosa… y el que esto escribe se consolaba al verlos dibujados).

Dichas muchachitas brillaban por obra y categoría de Stve Dowling, Ripoll, Julio Ribera y Gustavo Schmidt, papá de don Usurio, presente en este capítulo que echó a correr en 1950 cerca de los consagrados de Bruguera. y se deben al personalísimo Rojas de la Cámara que colaboró en Jaimito y Bruguelandia y tuvo el detalle de enviarme uno de sus soberbios apuntes para el homenaje que le hice a Manuel Gago en diciembre de 2005 con motivo de los veinticinco años de la muerte del legendario vallisoletano – albacetense- valenciano.

Don Percebe y su colega curraban al laíto de Miss Tela, que solo bebía ginebra, el sastre, el vigilante y el barrendero… Son infinidad de joyas en blanco y negro las que ilusionaron a millares de aficionados a los tebeos de postguerra… Y antes de despedirme os prometo volver la próxima semana con novedosos dibujos y la historia de un capitán con agallas que no le temía al peligro… con… ¡El Capitán !

Valeriano Belmonte