El jueves, 18 de enero del año en curso conocía la noticia: Hollywood. La Meca del Cine, clamaba contra el brillante director de “Annie Hall”, “Manhattan” y “Hanna y sus herma nas” por los presuntos abusos hace un cuarto de siglo a Dylan Farrow, hija de su ex pareja Mía, algo que entonces no llegó a prosperar en los tribunales creyendo que se trataba de una venganza de la intérprete de “La Semilla del diablo” por abandonarla.

En la actualidad el caso ha cobrado fuerza y más de un crítico asegura que ya no habrá más películas de uno de los genios del séptimo arte, el gran . Lamentable y terrible la situación del realizador de “La última noche de Boris Grushenko” e “Interiores”, del investigador, comediante, rey de la parodia del folletín histórico, escritor ( “Sin plumas” y “Cómo acabar con la cultura” ), articulista, el de los diálogos de lujo y chistes de categoría, el actor y guionista… Y el que se convirtió en personaje de tira cómica gracias al talento de Edward Forel.

Aquí en España, al “ psicoanalista” de una generación obsesionado con el amor y la muerte, el temor y el pesimismo, tras aplaudirlo en “Sueños de un seductor”, “Bananas”, “El dormilón” y “La rosa púrpura del Cairo”, lo disfrutamos en las páginas del remozado “TBO” haciendo las delicias en apenas dos o tres viñetas elaboradas por Hample. Woody nos conquistaba al lado de “Tragaperrez”, “Chez Ruperez’s” y “Encuentros en la tercera edad” recostado en su cómodo lecho y repitiendo que entre las mujeres ( las rubias lo acariciaban y las morenas lo mimaban y estaban coladas por sus huesos ) y él se daba la atracción de lo opuesto porque Allen las amaba y ellas le odiaban.

Woody escribía un diario íntimo y anotaba que había artistas que alcanzaban la inmortalidad por sus espléndidos trabajos y que él prefería alcanzarla gracias a no morirse… Y brincaba por la campiña en primavera y paseaba pisando las hojas marchitas en otoño proclamando a grito abierto en ambas estaciones que esos días de color y romanticismo le hacían a la gente estar contenta y feliz de vivir… menos a él.

En dichas colaboraciones y aportaciones a los tebeos surgían rateros ataviados con pantalones vaqueros, gorras verdes y botas futbolísticas exigiéndole que “la bolsa o la vida”… Y el mozo ingenuamente les preguntaba si querían su dinerito para una buena causa. Los cacos le vaciaban los bolsillos y se marchaban a “faenar” a otros “andurriales” al tiempo que el desvalijado, para consolarse , lanzaba que preservar la integridad de su nariz era tan buena causa como cualquier otra.

Valeriano Belmonte