En los círculos agrarios se habla en estos días del dipolo “viña en espaldera – “avutarda”. Entiendo que la cuestión no debe ser de enfrentamiento, sino de encuentro, porque lo primero y lo segundo pueden tener encaje.

La protección del hábitat (entorno natural de una especie) de las avutardas, es uno de los principales motivos que llevaron a las autoridades comunitarias a declarar protegidas superficies agrarias bajo la figura de Zona Especial de Protección de Aves (ZEPA). Se trata de una necesidad para la supervivencia de estas aves estepáreas, este tesoro de la fauna del que nos quedan ya pocos ejemplares. Sí, las grandes avutardas, los sisones, las gangas y el alcaraván, por desgracia, son raros en nuestros campos de estepas cerealistas. La causa más importante de mortalidad, no natural, de adultos de avutarda son las colisiones con los tendidos eléctricos. El gran tamaño de las avutardas (especialmente los machos que pueden llegar a alcanzar los 18 kg de peso) las hace tener menos posibilidades de reaccionar a la hora de esquivar los cables en pleno vuelo. La corrección de los tendidos eléctricos con elementos que los hacen más visibles -“salvapájaros”- es necesaria para evitar muertes de las aves por esta causa y es un aspecto importante a solucionar.

Otras causas de regresión de los bandos de avutardas han sido: la caza no sostenible, responsable de la reducción o extinción de muchas poblaciones a lo largo del siglo pasado; la transformación de secano en regadío sin la preceptiva evaluación de impacto ambiental, el tratamiento con herbicidas, el laboreo de barbechos en época de cría, o la quema de rastrojos en verano, que destruyen nidos y merman el alimento para las avutardas y otras aves esteparias. Menos mal que estas prácticas no respetuosas con la conservación de la biodiversidad, han quedado ya prohibidas dentro de condicionalidad de la Política Agraria Comunitaria (PAC).

Las avutardas necesitan para vivir grandes espacios abiertos, estepas cerealistas, a modo de “aeropuerto” donde aterrizar y poder despegar. Si bien es cierto que los viñedos ocupan parte del espacio abierto necesario para estas aves, hay que considerar que en ocasiones las avutardas están en los bordes de los viñedos, donde pueden encontrar refugio o fuente de alimento. Hace 15 años que estoy en la provincia de Albacete y en mis salidas al campo consecuencia de mi profesión y de mi gusto por la naturaleza, todavía no he visto una avutarda enredada en los alambres de una viña en espaldera. Es más, en los bordes de las forestaciones de tierras agrícolas con pinos, encinas y matorral también campean las avutardas.

En la ZEPA “Área estepárea del este de Albacete” siempre ha habido viñedos, incluso antes de la declaración de esta zonas protegidas. Los viñedos, aunque de origen antrópico, son elementos tradicionales del paisaje manchego (tenemos 600.000 ha aproximadamente de viñedo en la región) y no dejan de ser vegetales leñosos que contribuyen al freno del cambio climático por su elevada superficie foliar. Además, los sarmientos pueden utilizarse como combustible en las plantas de biomasa.

Hablamos de superficie verde pero también productiva: no hay que olvidar que el viñedo es la base sobre la que se asienta la economía de gran parte de los habitantes de nuestras zonas rurales, con marcado carácter social, del que depende en gran medida la industria agroalimentaria de Castilla-La Mancha. Esta industria es fundamental y estratégica para el desarrollo socioeconómico de nuestra región: la agricultura, la ganadería y la industria agroalimentaria representan el 12% del de la región. Los viticultores precisan seguir viviendo del campo y mejorar sus condiciones económicas en un mercado cada vez más competitivo, especialmente el del vino.

En consecuencia, es necesario compatibilizar la conservación de la naturaleza con la producción vitícola. La publicación de normativa autonómica en 2012 que permitió las implantaciones de viñedos en espaldera en las ZEPAs, exceptuándolas en muchos casos del procedimiento de evaluación de impacto ambiental (con posterior sentencia desfavorable del ), permitió el incremento de estos cultivos sin el adecuado control ambiental. Es insuficiente exigir una determinada forma y diseño de plantación de la viña en espaldera para que esta sea considerada, sin más, como ambientalmente válida. Por otra parte, el criterio generalista de no superar una superficie máxima global de viñedo en espaldera dentro de una ZEPA, para decidir si se da o no se da “luz verde” a la implantación de una nueva viña en espaldera dentro de la ZEPA, no es riguroso a la hora de considerar la magnitud del impacto ambiental producido en cada caso concreto.

Entiendo que el camino a seguir ahora para solucionar el problema creado es estudiar caso por caso, aplicando el procedimiento de Evaluación de Impacto Ambiental de nuestra Ley 4/2007, de 8 de marzo, de EIA para Castilla-La Mancha, que para algo la tenemos. Para ello, pueden tenerse en cuenta como criterios orientadores los establecidos en el Informe “Compatibilidad entre viñedo en espaldera y ZEPAS esteparias en Castilla La Mancha”, de la . Este informe, del año 2010, considera superficies mínimas continuas de 25 ha de espacios abiertos como necesarias para la vida de las avutardas. Indica que en la ZEPA “Área estepárea del este de Albacete” existe un 24,9% de superficie viable para compatibilidad de usos vitícolas (implantación o transformación de viñedos en espaldera) con un total de 6.424 ha, donde ya hay viñedos. Esta superficie con mayor densidad de barreras se encuentra en torno a los núcleos de población o a las carreteras, así como en las zonas de intensificación agrícola por lo que, atendiendo a las necesidades de las aves esteparias, se puede considerar que estas zonas no son las óptimas para su establecimiento y que las aves harán poco uso de ellas y tenderán a buscar zonas más amplias y menos antropizadas. Por tanto, quizás estas zonas se sobrevaloraron como zonas a proteger, porque las avutardas se sitúan escasamente en las mismas. En todo caso, este mismo informe señala otros criterios obtenidos utilizando la herramienta SIG en un análisis espacial de las zonas de influencia (buffer) de las instalaciones en ZEPAS, como son la distancia mínima de 600 m a respetar entre instalaciones, o el tamaño máximo de 1,7 ha de superficie para las nuevas instalaciones o bloques de viña en espaldera. Teniendo en cuenta estos criterios orientadores, podrían ponerse viñedos en espaldera en las zonas viables sin correr el riesgo de superar el punto de no retorno como superficie aprovechable para las aves estepáreas.

A partir de la publicación del futuro Plan de Gestión de la ZEPA se disipará la incertidumbre al contar con un instrumento legal que definirá dónde si y dónde no se pueden poner viñas en espaldera y en su caso las condiciones a cumplir. Hoy en día, este Plan se encuentra en fase de Participación, hasta el inicio de la fase de Información Pública (se publicará en el Diario Oficial de Castilla-La Mancha), del mismo modo que el Plan de Gestión de la ZEPA “Zona estepárea de El Bonillo” donde la cuestión no está con las viñas en espaldera sino en las nuevas plantaciones de almendros.

En la actualidad, existen medidas de ayuda dentro del Programa de Desarrollo Rural de Castilla-La Mancha (PDR 2014-2020) para compensar a los agricultores por las limitaciones en los cultivos en las zonas ZEPA, en un apoyo a la conservación de la avifauna. Estas medidas persiguen compensar al agricultor la diferencia de ingresos entre un viñedo en espaldera y un cultivo de cereal de secano, pagando al agricultor por su labor activa en la conservación de la avifauna silvestre. Dichas medidas se vienen aplicando desde tiempo: en diversos polígonos catastrales de los términos municipales de Corral Rubio, Chinchilla de , Higueruela, Montealegre del y , ha habido un Programa de Ayudas para 20 años a la adopción de prácticas agrícolas compatibles con la conservación del hábitat para las aves esteparias de la Comunidad Autónoma (Orden de la Consejería de Agricultura y Medio de 24 de marzo de 1995).

Como conclusión, hasta que no se publique el Plan de Gestión de la ZEPA, entiendo que es necesario aplicar el procedimiento de evaluación de impacto ambiental individualizado y caso por caso, añadiendo las medidas correctoras y compensatorias más adecuadas en cada uno de ellos para los casos que resulten con resolución ambiental positiva. Así se garantizará el equilibrio entre la conservación de las aves estepáreas y la existencia de las viñas en espaldera dentro de las zonas ZEPA. Al mismo tiempo, debe compensarse económicamente a los agricultores por su compromiso ambiental en aquellos casos en los que no haya compatibilidad de usos, para lo que el PDR 2014-2020 ya tiene medidas previstas.

Artículo de opinión de , Dr. . Vocal del en Albacete.