Una vida por y para la música

Soprano de vocación y amante de la música lírica. Con la ópera como uno de los puntales de su carrera, género en el que (1813-1901), Giacomo Puccini (1858-1924), (1685-1750) y (1813-1883) figuran entre sus autores preferidos, la albaceteña Ana Luisa Espinosa se declara una apasionada del español (1867-1916), a quien presume de haber llevado por los teatros y auditorios de medio mundo.

Ana Luisa Espinosa estudió en el , donde en el año 1993 obtuvo el título de profesora de canto. Varias becas para continuar su carrera en París le introdujeron en la seducción de la melodía francesa, entre la que esta artista destaca autores como (1845-1924), Maurice Ravel (1875-1937) y (1862-1918).

Unas preferencias que no eclipsan su predilección por el maestro Ernesto Lecuona (1895-1963). “Yo me he dedicado durante muchos años a recopilar la obra vocal de Lecuona y a difundirla por todo el mundo y es uno de los autores con los que me siento más identificada. Tiene un tipo de escritura que me gusta mucho y la verdad es que al público, aunque sea de una cultura diferente a la nuestra, le llega de una manera muy directa y cercana, le aplauden muchísimo, pone en pie a los auditorios de todo el mundo”, nos comenta Espinosa, quien añade que cuando se le presentas al público “termina asumiéndolo como si fuera suyo y eso tiene una magia especial”. Esta soprano albaceteña sabe de lo que habla, pues a lo largo de sus 25 años de trayectoria profesional ha cantado en Alemania, Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca, Italia, Francia, Grecia, Israel, Jordania, Filipinas, Turquía, Egipto, Rusia y Colombia, entre otros países.

Procedente de una familia de músicos, donde su abuelo y su tío ya cosechaban éxitos internacionales, Ana Luisa Espinosa se muestra convencida de que su pasión por este mundo viene desde su infancia. “Siempre ha habido música en casa, no lírica exactamente, pero creo que es importante porque lo que se escucha desde pequeño forma parte de tu bagaje personal y te marca la pauta a seguir el resto de tu vida”, asevera. Confiesa que en un principio quería hacer carrera de piano, seguramente por la trayectoria familiar, pero pronto “me gustó más cantar”.

Ilusión e indefinición son las palabras con las que Espinosa describe los primeros años de su carrera, convencida de que las profesiones artísticas “son muy difíciles de desarrollar”. No académicamente hablando, especifica, sino “cómo empezar a hacer que eso ande y se meta en el mercado”. Una incertidumbre que acompaña al artista a lo largo de su carrera profesional, “pues es algo que no se resuelve nunca, sino que tienes que desarrollar la intuición”.

Ana Luisa Espinosa, una mujer a quien le caracteriza una disciplina que ella misma califica como espartana, asevera que la ópera necesita una renovación que en España no se la estamos dando. “La ópera es un género muy complejo y en su montaje intervienen muchos factores, yo creo que lo que ha ocurrido últimamente es que los directores de escena han tomado la preponderancia y tienen éxito porque hacen cosas estrambóticas que, en la mayoría de las veces, van en contra de los cantantes, de la propia obra que se representa, del autor y de la partitura y eso debería controlarse. Creo que tendríamos que recuperar la estructura originaria donde lo importante realmente son las voces y la partitura y que todo lo demás estuviese supeditado y por debajo de eso”.

Una responsabilidad, la de la renovación, en manos de los programadores. “Si uno no programa tonterías no salen tonterías al público”, asegura Espinosa quien considera que la ópera puede y debe renovarse “pero no haciendo cosas estrambóticas y de mal gusto”.

“Me hubiera gustado sentir que el teatro de mi ciudad era mi teatro por el componente afectivo”

“Llevo 25 años de carrera y mis padres se murieron sin verme cantar un buen concierto en el Teatro Circo y eso ya no tiene solución”, lamenta Ana Luisa Espinosa, quien no entiende por qué ha actuado en teatros y auditorios de medio mundo y en su ciudad natal no se cuenta con ella. El no figurar en la programación del Teatro Circo el año pasado durante la conmemoración del III Centenario de la ciudad no le sentó especialmente bien, aunque considera que aún hay tiempo por delante para solucionarlo.

Esta soprano albaceteña asegura que “me hubiera gustado sentir que el teatro de mi ciudad era mi teatro porque tiene un gran componente afectivo”. Considera, además, que hay tiempo por delante para que esta apreciación dé un giro, siempre y cuando los programadores culturales de la ciudad se acuerden de ella a la hora de decidir qué espectáculos tienen cabida y cuáles no. “En cualquier caso, me gusta mi profesión y donde requieran mi trabajo yo voy. No miro si la ciudad es más grande o más pequeña ni el aforo del teatro, lo que sí quiero es actuar donde se reconozca mi trabajo, me esperen con ilusión y me den la categoría que me corresponda en virtud de mi desarrollo profesional. Con eso me conformo, siempre me he encontrado a gusto y espero que sea así durante algunos años más”, asevera.

Ana Luisa Espinosa está rotundamente en contra de aquello que dice que nadie es profeta en su tierra y asegura que le gustaría que dicha afirmación “estuviera borrada de la faz de la tierra y cuando se aplica, surge o se ve que es así no hay más explicación que la envidia”. A pesar de reconocer que en su ciudad no cuenta con el reconocimiento que se merece, esta cantante lírica no pierde la ilusión y mucho menos la esperanza por actuar en el emblemático Teatro Circo.

La zarzuela, un género propio por exportar

Esta soprano albaceteña compagina su vida artística con la docencia. Como profesora de canto en el Conservatorio de Ciudad Real, Ana Luisa Espinosa considera “insuficiente” el número de horas lectivas de la especialidad. Reconoce que los estudios de música se han profesionalizado bastante en los últimos años, siendo más accesibles para la población y afirma que hay una predilección del alumnado por la ópera y no tanto por la zarzuela, siendo nuestro género lírico nacional.

“Hay como una especie de idea de que la ópera es el género grande y la zarzuela, menor y no deberíamos tener esa idea, es nuestro bagaje cultural, nuestra herencia musical y deberíamos ponerla más en valor. Aún así, hay zarzuelas muy bien escritas que son maravillosas y otras que son un horror y óperas que son joyas de la historia de la música y otras, peor”, comenta Espinosa al tiempo que nos explica que “lo que ocurre es que con la ópera puedes hacer carrera internacional porque es un género internacional y la zarzuela es un género nuestro que aunque se ha hecho esfuerzos por exportarlo, no es prioritario en teatros internacionales”. Un hecho que lleva a los estudiantes a decantarse más por el repertorio internacional, ya que cuando van a hacer una audición “les quieren escuchar ese repertorio internacional que es luego el que se programa”.

Preguntada por si hemos sido capaces de exportar la zarzuela, Espinosa no duda en asegurar que el esfuerzo ha sido “insuficiente”. Como solista de la Antología de Tamayo durante sus últimos años, un espectáculo de zarzuela que viajó por todo el mundo “y se dejó morir”, esta artista apuesta por un soporte permanente capaz de situar a la zarzuela en el lugar que se merece “porque verdaderamente ha habido joyas dentro del género”.

En su faceta de musicóloga, en la actualidad Ana Luisa Espinosa está inmersa en un proceso de recopilación de la obra vocal de los maestros Ernesto Lecuona y Manuel Vicente García (1805-1906), siendo este último en el que Espinosa se ha inspirado para diseñar su propia metodología de canto. En este sentido, nos explica que le ha sido “muy interesante recuperar la antigua escuela del maestro García, adaptarla y empezar a aplicarla y la verdad es que me ha dado muy buenos resultados tanto en alumnos como para mí misma”.

Una carrera internacional repleta de éxitos

Durante muchos años, Ana Luisa Espinosa se ha dedicado en exclusiva a su vida profesional, algo que a partir de ahora va a compaginar con su familia, y ha tenido el privilegio de cantar acompañada por orquestas de renombre internacional, entre las que destacan la Sinfónica de Frankfurt o la , ciudad en la que protagonizó la primera versión discográfica de La Clementina de Luigi Boccherini (1743-1805), bajo la dirección de Rudolf Barshaï.

Otra de sus conquistas fue la inauguración de la sede del Instituto Cervantes en la ciudad serbia de Belgrado bajo la atenta mirada de los Príncipes de Asturias.

Recientemente, ha participado, junto al pianista albaceteño Pedro Alonso Martínez, en el noveno Festival Internacional Three Centuries of the Classic Romance, celebrado en San Petersburgo.

Numerosos reconocimientos, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, entre los que destacan el Prix Spécial d’Opèra (Francia), el Premio (Italia), Castellano-manchega de Honor 2004 y la distinción especial de La voz de Rusia, avalan la profesionalidad de esta cantante lírica dedicada en cuerpo y alma a su profesión.

Con éxitos que cosechar por delante y con una larga y ambiciosa carrera sobre los escenarios de todo el mundo, la soprano Ana Luisa Espinosa y el pianista Pedro Alonso Martínez comparten un mismo deseo, un concierto completo en su ciudad natal, Albacete, y en concreto, en el colosal Teatro Circo.

“Me gustaría tocar en Albacete alguna vez y por qué no, en el Teatro Circo”

El pianista albaceteño Pedro Alonso Martínez acompaña a la cantante lírica Ana Luisa Espinosa en sus espectáculos y asegura que para él es un honor. “Es realmente placentero, los dos tenemos una visión bastante cercana de la música, nos encanta y disfrutamos mucho colaborando juntos”, comenta al tiempo que nos explica que lo más difícil para un pianista “es conocerse”. Convencido de que el conocimiento de uno mismo “es la base que realmente te hace evolucionar”, Pedro Alonso Martínez reconoce que otro de los pilares fundamentales “es tener un buen profesor que te pueda guiar”.

Sus inicios en el mundo de la música no fueron con el piano, sino con la flauta dulce en sus años de colegio. Más tarde ingresaría en el conservatorio para hacer carrera de piano. Se confiesa amante de la música rusa, país en el que ha residido durante seis años, pero reconoce sentir predilección por distintos estilos.

Cuando se sienta delante de un piano intenta, del mismo modo que un actor tiene un guión y deduce las emociones, dar sentido a la obra que interpreta. “Si está contando una historia trágica el deber del intérprete es reflejar esa tragedia y si es una obra de amor, intentar acercarse a ese sentimiento”, asegura este pianista local, quien anhela una oportunidad en su ciudad natal, Albacete. “Me gustaría tocar en Albacete alguna vez y por qué no, en el Teatro Circo para que me viera la gente de aquí, mi gente”, afirma.