Hace unos días he estado viendo la película de “Mientras dure la guerra”. Una película que, en lo esencial, refleja la historia vivida por , escritor y filósofo español, en aquellos años tristes en que unos sublevados intentaron acabar con lo que ellos consideraban que tenía que ser una República que, según manifestaban, había perdido sus valores y era origen del caos nacional, y que lo que consiguieron, y materializaron, fue un golpe de estado en toda regla a los cimientos democráticos de la España de la época, por mucho que dichos cimientos dejaran mucho que desear.

Más allá de entrar a juzgar la situación que dio origen a la contienda de nuestra vergonzante Guerra entre semejantes (que no es el caso, de momento), lo que está claro es que en esta película queda perfectamente reflejado que los españoles no tenemos término medio y que el refrán “otro vendrá que bueno me hará” podría servir como parte de una reflexión profunda y posiblemente no muy certera del devenir que desde que el tiempo es tiempo viene padeciendo el sufrido pueblo español.

La película en sí puede gustar o no. El guión y la estricta veracidad de las frases y actos que refleja Amenábar, dependiendo de los historiadores en cuestión, pueden ser analizados con más o menos rigor, todo dependerá de cada cual y de la documentación veraz que pueda tener. No obstante, no olvidemos que de nuestra “Guerra Incivil” (sí incivil, no es un error) los que menos sabemos somos los propios españoles. Seguramente son franceses, ingleses y americanos los que más puedan aportar al respecto de esta “vergüenza nacional” que sumió a hermanos a enfrentarse y matarse.

La interpretación que hace de Miguel de Unamuno es sencillamente extraordinaria, magistral, una cátedra de interpretación y puesta en escena.

La película se llama “Mientras dure la guerra” pero bien podría llamarse “Unamuno, la conciencia de España”. Una de las cosas que más caracterizan a este país es que la política, en general, no suele servir para, por desgracia, consensuar y llegar a acuerdos, como sería lo normal, sino para enfrentarnos entre nosotros y, más allá del acuerdo, conseguir distanciarnos y, por tanto, no encauzar los esfuerzos comunes en lo único que nos debería de preocupar, que debería de ser el bienestar general de todos y cada uno de los españoles, y no solo los de un determinado bando político.

Siempre lo suelo decir, vuelvo a repetirlo, entre el blanco y el negro hay multitud de matices grises que, especialmente en política, habría que analizar y tener en cuenta. Quizás Amenábar, en esta película, haya querido hacer un guiño a unos y otros para contentar a todos y, sinceramente, no sé si lo habrá conseguido. En todo caso, aunque solo sea por la magnífica interpretación del actor Karra Elejalde, es una película recomendable que, al menos, invita a la reflexión serena y a la recapacitación sobre algunos datos históricos que, más pronto que tarde, los españoles iremos averiguando. Sí, porque la realidad es que de nuestra Guerra Incivil, por mucho que se diga lo contrario, sabemos muy poco, solo lo que unos y otros han querido que sepamos.

Quizás generaciones venideras, y con el paso del tiempo, puedan averiguar y tener mucha más información, realista y con datos mucho más objetivos y menos partidistas, sobre aquellos años de la II República Española a la que unos “exaltados” consiguieron “derribar” y sumir a España en una de las etapas más negras y tristes de su historia contemporánea.