La escasez de dulce es la gran amenaza a la que se enfrenta la humanidad, sobre todo en los países en vías de desarrollo. En 2002, en la Conferencia sobre Desarrollo Sostenible de la ONU, se anunció que 2.700 millones de personas sufrirían de forma directa la falta de agua hacia el 2050, un año en que según las previsiones la población mundial sumará 9.000 millones de habitantes. Hoy en día, 2.000 millones de personas cuentan con menos de 50 litros de agua al día para beber, asearse y cocinar. Aunque en el 2050, los afectados se duplicarán hasta 4.000 millones. Otro dato más para alimentar el desasosiego actual es que el consumo de agua se ha multiplicado por seis en los últimos 70 años, mientras que la población se ha triplicado.

El agua salada de mares y océanos representa casi el 97% del agua del planeta. El resto, un 3%, es agua dulce. Alrededor del 70% del agua dulce se halla en los casquetes polares y los glaciares en forma de hielo. El 30% del agua dulce se halla en el subsuelo, la mayor parte en acuíferos profundos, difíciles de alcanzar. Los lagos y los ríos contienen un poco más del 0,25% del agua dulce del planeta, aunque la mayor parte está en los lagos. Los barros, ciénagas y zonas pantanosas, plantas y animales contienen algo menos del 0,1% del agua dulce. Las nubes y el vapor de agua de la atmósfera contienen una cantidad de agua seis veces mayor que todos los ríos del planeta.

El acceso y la utilización del agua en el mundo no invitan al optimismo. Ahora mismo, unos 1.100 millones de personas, el 18% de la población mundial, no disponen de agua en condiciones para beber y unos 2.400 millones de personas, el 40% de la población mundial, carecen de sanitarios o de red de alcantarillado. Más de cinco millones de personas mueren cada año de enfermedades relacionadas con el agua, como el cólera y la disentería. En cualquier rincón del planeta, se extrae del subsuelo más agua de la que éste puede reponer. El agua dulce de la Tierra se está malgastando sin medir el coste que ello representa para el futuro. Sobre todo en la agricultura, a la que se destina el 70% del agua consumida. A medida que aumenta la población mundial y crece la demanda de alimentos, el regadío sin control representa una grave amenaza para los ríos, los humedales y los lagos. El riego por goteo, que emplea tuberías perforadas para distribuir el líquido a los cultivos, permite un ahorro de entre un 30 y un 70% de agua, pero solo se emplea en menos del 1% de los cultivos de regadío. En la mayoría de los países, el agua para riego está tan subvencionada que los agricultores no se preocupan por invertir en técnicas que reduzcan el gasto. La industria consume el 20% del agua y el 10% restante se destina al uso doméstico.

La existencia de agua dulce no implica que siempre se pueda utilizar. En los acuíferos subterráneos hay un volumen de agua cien veces superior al de los lagos y ríos juntos, aunque la mayor parte del agua se encuentra a excesiva profundidad. Los acuíferos menos profundos se están agotando y gran parte del agua superficial se vierte directamente al mar o va a parar a regiones poco pobladas. Por ejemplo, Canadá dispone de la décima parte del agua dulce superficial para menos del 1% de la población del planeta. Pero una gran parte del problema no es la disponibilidad del agua, sino la población. A medida que la población crece, las zonas que hoy tienen suficiente agua pueden llegar a ser deficitarias. El consumo de agua dulce en malas condiciones es otro grave problema que afecta de manera especial al continente africano: anualmente mueren dos millones de personas a causa de enfermedades diarreicas. Al 54% de la población africana le falta agua potable.

Para estudiar con mayor precisión el estrés hídrico, un equipo de investigadores de la Universidad de New Hampshire (Estados Unidos) elaboró en 2002 un mapa que relaciona la densidad de población con la disponibilidad del agua. Llegaron a la conclusión de que cerca de 2.000 millones de personas sufren un grave estrés hídrico, como así se denomina a la situación extrema de los individuos que viven en lugares donde se consume más del 40% del agua renovable disponible. Hay que señalar también que el estrés hídrico no tiene la misma importancia en todas partes. En casi todo el oeste de Estados Unidos escasea el agua. Pero en los países ricos se pueden encontrar otras soluciones: construcción de presas, desalinización del agua marina, reciclaje de las aguas residuales. Las 45.000 presas mayores del mundo suministran agua para el 40% de los cultivos de regadío y proporcionan a unos 65 países más de la mitad de su electricidad. Pero los costes también son enormes. En la India casi 38 millones de personas fueron desplazadas a causa de la construcción de los grandes embalses.

A primera vista, la Tierra es un planeta rebosante de agua. Si se nivelara la corteza terrestre, rellenando las cuencas oceánicas con el material de las masas continentales, la superficie de la Tierra quedaría cubierta por un océano de 2.700 metros de profundidad. Por desgracia, el agua marina es prácticamente inutilizable. Si toda esa agua se evaporara, se formaría una capa de más de 12 metros de sal. Algunos esperan que la desalinización del agua marina, el 97% del agua del planeta, resuelva los problemas de la escasez del agua potable. Hoy en día, sólo el 0,2% del agua consumida se ha obtenido por desalinización: la mayor parte en zonas desérticas o insulares.