Los principios del liberalismo político

Las ideas de Locke, de los ilustrados y de los revolucionarios estadounidenses y franceses dotaron de coherencia a los argumentos ideológicos de la burguesía en su lucha contra el . Con ellas tomó forma un nuevo sistema político, basado en los principios siguientes:

• Los derechos naturales e inalienables del ciudadano: la libertad individual se contempló como el primero de los derechos naturales del individuo. La igualdad ante la ley se entendía como la desaparición de los privilegios legales. El derecho a la propiedad evidenciaba la estrecha relación entre liberalismo y capitalismo. El derecho a la vida y a la felicidad eran considerados imprescindibles para todos los seres humanos.

• El derecho a la participación del ciudadano en la vida política: el liberalismo definió la nación como el conjunto de los ciudadanos, y defendió que éstos eran dueños de decidir su propio destino. Es decir, era a los ciudadanos y no al rey a quienes correspondía el poder supremo del estado (la soberanía nacional). Ésta implica que el ciudadano participe en la actividad política mediante elecciones periódicas.

• División de los poderes del estado: para evitar la dictadura de una sola persona o de un único grupo, es necesaria la separación de los poderes ejecutivo (gobierno), legislativo (parlamento) y judicial (tribunales de justicia).

• Estado constitucional: el liberalismo basó la organización política en regímenes regidos por una constitución que recogiera los derechos fundamentales de los ciudadanos y los deberes del estado para garantizar el cumplimiento de tales derechos. La primera constitución fue la de EUA de 1787, seguida de la francesa de 1791. En España, la primera constitución se promulgó en 1812 en .

El liberalismo económico

La revolución industrial creó un nuevo sistema social. Los economistas contemporáneos describieron las bases del capitalismo y las condiciones que debían cumplirse para su desarrollo equilibrado.

La revolución industrial

A partir de la segunda mitad del s. XVIII se produjeron en una serie de transformaciones económicas y demográficas, conocidas como revolución industrial.

La introducción de maquinaria en la industria y el uso del carbón mineral como nueva fuente de energía permitieron un rápido aumento de la producción de manufacturas. Simultáneamente, la revolución demográfica facilitó mano de obra barata para trabajar en las nuevas fábricas, mientras que las mejoras introducidas en la agricultura aumentaron la producción de alimentos y suministraron capitales a las nuevas empresas industriales. La aplicación de la nueva energía a los transportes facilitó los intercambios comerciales.

Todos estos cambios posibilitaron la desaparición del Antiguo Régimen y la implantación del capitalismo industrial.

Sin embargo, la política económica se regía aún por las normas del mercantilismo, sistema en el que el estado había asumido la función de protector y dinamizador de la economía.

Los economistas de la escuela de

En el Reino Unido, el primer país que vivió la revolución industrial, se desarrolló una nueva teoría económica. Los economistas de la escuela de Manchester definieron las bases económicas del nuevo sistema, al que se denomina liberalismo económico. Los liberales defendieron una economía no controlada por el estado. La propiedad y la iniciativa privadas, junto con el libre comercio, garantizarían la prosperidad económica y el progreso social.

El capitalismo liberal jerarquizó la sociedad en función del acceso a la propiedad; nacía así una sociedad marcada por las desigualdades económicas entre las clases sociales, a diferencia de los estamentos sociales del feudalismo, que se definían por criterios legales.

El representante más importante de la escuela de Manchester fue (1723-1790). Su obra Investigaciones sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones (1776) contiene los principios económicos básicos del liberalismo.

Smith atacó las teorías mercantilistas y defendió que la riqueza de un país se basa en el trabajo individual y no en la acumulación de metales preciosos. Para el buen funcionamiento de la economía es necesaria una total libertad económica.

Para Smith el valor de las mercancías estaba determinado por los salarios, los beneficios y las rentas agrarias. El precio de las mercancías es fijado por el mercado, que tiende siempre a un equilibrio automático entre compradores (demanda) y productores (oferta).

Smith afirmaba que la riqueza de las naciones se basa en el incremento de productos manufacturados y de objetos de cambio. El estado no debía intervenir en la economía para no alterar su armonía natural. El interés personal era para Smith el motor de la economía, pero los resultados finales se traducían en un interés general. Según Smith era como si existiera “una mano invisible” que dirigía la consecución del mejor objetivo social, es decir, el bienestar colectivo.

Thomas Robert Malthus (1766-1834), ante el fenómeno del rápido crecimiento demográfico y de la superpoblación de los suburbios de las ciudades industrializadas británicas, planteó su teoría de la población (Ensayo sobre el principio de la población, 1798). Según Malthus existía un desajuste entre el crecimiento de los recursos y el de la población: mientras la producción de alimentos aumentaba aritméticamente, la población se incrementaba en razón geométrica, lo que conduciría a una crisis de subsistencia si no se controlaba el crecimiento demográfico. Para Malthus la pobreza radicaba en el exceso de población y no en la estructura social. Malthus recomendaba que los salarios no superaran el mínimo para garantizar la supervivencia. Su idea de proteger el bienestar limitando el número de beneficiarios fue adoptada por el liberalismo más ortodoxo.

En la obra Principios de economía política y tributación (1817), (1772-1823) planteó su teoría del valor del trabajo. Para Ricardo el trabajo es una mercancía. El valor de cada producto guarda una relación directa con la cantidad de trabajo empleado en su elaboración. El aumento del trabajo aplicado a la producción de una mercancía provoca la disminución de los beneficios del empresario. A partir de un determinado nivel de crecimiento económico los beneficios decrecen necesariamente y, para evitarlo, es necesario controlar los salarios manteniéndolos a un nivel de subsistencia.