El , un modelo en crisis

El liberalismo, corriente de pensamiento cuya premisa básica es la defensa de la libertad individual, fue asimismo un movimiento político que inspiró las transformaciones económicas, sociales y políticas que se produjeron en los países occidentales a lo largo del s. XIX. Las ideas liberales constituyen un sistema coherente de ideales y objetivos prácticos, tanto en los aspectos económicos (liberalismo económico) como en los políticos (liberalismo político). Representaron las reivindicaciones de la burguesía frente al Antiguo Régimen e inspiraron las revoluciones del período 1776-1848.

La expresión Antiguo Régimen se empleó por primera vez durante la revolución francesa para referirse a la estructura social imperante hasta entonces y al conjunto de elementos e instituciones tradicionales que debían ser suprimidos. En la actualidad, la denominación se aplica al modelo sociopolítico que dominó en desde la edad media hasta la revolución francesa y las revoluciones liberales burguesas del s. XIX, caracterizado por el feudalismo económico, la división de la sociedad en estamentos (nobleza, clero y pueblo) y el absolutismo monárquico.

Durante los ss. XVII y XVIII, el enriquecimiento de la burguesía comercial, grupo que formaba parte del tercer estado, contrastaba con las estructuras económicas feudales; la estricta reglamentación de la economía por el estado y por los gremios era un impedimento para el desarrollo del comercio. La revolución industrial hizo más evidentes las limitaciones que el modelo económico feudal imponía al crecimiento de la producción. La burguesía se había convertido en un grupo social que necesitaba introducir cambios en las estructuras sociales para su propio desarrollo. Por ello, entró en conflicto con la nobleza y con la monarquía absoluta, que constituía la expresión política del poder político de los nobles.

Orígenes históricos de las doctrinas liberales

Los intelectuales del s. XVII y, sobre todo, del s. XVIII cuestionaron la preeminencia del pensamiento absolutista y consideraron la razón como la base de cualquier análisis de la realidad.

Locke y la revolución inglesa de 1688

En Ensayo sobre el gobierno civil (1690), el filósofo John Locke (1632-1704) afirmó que los hombres eran por naturaleza libres y que sólo voluntariamente aceptaban ser sometidos al poder del estado.

Locke contradecía la teoría del derecho divino de las monarquías y afirmaba que el estado debía estar al servicio de los ciudadanos para velar por los derechos de éstos (igualdad, derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad). En la obra Dos tratados de gobierno (1690) defendía la separación de poderes y el parlamentarismo como alternativas a la monarquía absoluta.

Locke fue el ideólogo de la revolución inglesa de 1688-1689, que transformó la monarquía absolutista de los Estuardo en una monarquía constitucional. Tras deponer a Jacobo II, el Parlamento inglés nombró reyes a María, hija de Jacobo II, y a su esposo, , cuyos poderes quedaron limitados por la Declaración de Derechos (The Bill of Right).

• Los ilustrados

En el s. XVIII se formó en un movimiento de renovación intelectual, denominado Ilustración. Ésta partía de la revolución científica y filosófica del siglo anterior y propagaba la defensa de la razón como método de conocimiento y de progreso.

Los filósofos franceses recogieron y divulgaron las ideas de Locke y configuraron una nueva concepción del poder. Los ilustrados definieron la política como el arte de hacer felices a los pueblos.

Montesquieu (1689-1755) reformuló la teoría de Locke sobre la división de los poderes del estado en El espíritu de las leyes (1748). (1694-1778) atacó en sus escritos a la Iglesia y al absolutismo. Entre 1751 y 1780 se publicó la Enciclopedia o Diccionario razonado de las ciencias, de las artes y de los oficios, bajo la dirección de Diderot (1713-1784) y D’Alembert (1717-1783). Esta obra, en la que trabajaron los intelectuales más prestigiosos de Francia, recogió y divulgó todo el saber de la época según los principios ilustrados.

Rousseau (1712-1778) propugnó una estructura política democrática. En El contrato social (1762) afirmó que el estado debía basarse en un contrato mediante el cual el pueblo confiriera el poder a los soberanos. Su ideal era la democracia directa, derecho extensivo a todo el pueblo.

El discurso de los ilustrados proporcionó argumentos ideológicos a las fuerzas revolucionarias que luchaban contra el absolutismo. Sus ideas (libertad individual, derechos naturales, soberanía nacional, división de poderes, igualdad ante la ley) fueron la fuente de inspiración de la independencia de y de la revolución francesa.