Es fundamental que se haga buena política social, sin duda, de eso se trata, pero paralelamente no debemos olvidar la actual infraestructura económica española y cómo está formado el tejido empresarial de la nación, y no solo de las grandes urbes y/o comunidades autónomas como o Cataluña, que solo entre ellas aportan el 40% al PIB español.

Más allá de estas regiones están el resto de pequeñas urbes, provincias y otras comunidades autónomas, donde las grandes industrias son inexistentes y las pequeñas empresas y los pequeños negocios de autónomos es lo habitual. En estas localidades españolas fuera de las grandes urbes, y tal y cómo está estructurado el tejido empresarial español, resulta muy difícil competir y sacar estos negocios adelante. La mera subsistencia es la generalidad de todos estos negocios.

Que las grandes “cifras medias” españolas, en términos empresariales y económicos, no nos impidan ver la realidad en la que, más allá de las grandes compañías de todo tipo de las grandes regiones españolas, viven el resto de los españoles que no tienen la “suerte” de tener y estar amparados por una economía potente que avala unos grandes beneficios empresariales y, por tanto, unas nóminas y salarios acordes a esta sinergia productiva.

Los costes de vivir en una de estas grandes urbes motivados por los precios de la vivienda, el transporte y la propia vivencia diaria en una de estas ciudades no tienen nada que ver con esos mismos costes en otras ciudades españolas mucho más pequeñas y alejadas de la industrialización y los grandes centros financieros y productivos nacionales.

A la hora de implantar políticas económicas, fiscales y laborales se hace imprescindible saber cuál es la realidad de todos y cada uno de los territorios que componen la nación española.

Generalizar y unificar, sin más, cantidades y porcentajes del SMI, de las cuotas de autónomos, del régimen de la seguridad social, de tributos de todo tipo, de convenios laborales, etc, etc, sin tener en cuenta la propia idiosincrasia económica de cada una de las zonas españolas, puede generar un mal superior al que ya sufren algunas de las zonas más pobres y deprimidas, y con mayor tasa de paro.

Por otra parte, que a nadie se le olvide, aunque nos cueste reconocerlo y afrontar la realidad, “gracias” a ese 25% (como mínimo) de economía sumergida, que parece ser que tenemos en España según los expertos, muchos de los colectivos más vulnerables de este país logran salir adelante. Esto es un hecho, pese a quien pese, que habría mucho que hablar a este respecto y que no daría, por su complejidad y matices, este pequeño post para hacer una reflexión y análisis exhaustivo al respecto.

Hagamos política con mayúsculas pero también con cabeza y teniendo en cuenta la diversidad social, económica y empresarial del amplio espectro territorial de las distintas regiones españolas, y por supuesto de esa España vaciada de la que mucho se habla pero pocas actuaciones reales se llevan a cabo para potenciarla con políticas sociales y económicas acordes a la idiosincrasia de los territorios en cuestión. No hagamos de la “torta un pan” ni mucho menos políticas demagógicas solo para la galería y a corto plazo.