Mucho se habla hoy en día sobre cambiar la Constitución y uno de esos cambios viene determinado por la utilidad que tiene el Senado y cuál es realmente o debería de ser su función.

Efectivamente hoy en día el Senado no deja de ser más que la continuación del , en ambos casos las dos cámaras gobernadas por partidos políticos centralistas y no por partidos políticos que defiendan, más allá de la propia ideología de cada partido, los intereses territoriales, mal que le pueda pesar en un momento dado al propio partido en cuestión.

El Senado debe de ser (porque así lo dice la propia Constitución) una Cámara de representación territorial donde se defiendan los intereses propios de cada Comunidad Autónoma y que sean esos representantes los que, mediante consenso con el resto de los territorios, lleguen a acuerdos que beneficien a cada parte sin perjudicar a nadie.

El Senado que tenemos actualmente en España no tiene nada que ver con esa representación territorial a la que aludo más arriba sino a una representación de partidos políticos centralistas con un único fin común que es el del propio , sea el que sea. Y eso, le pese a quien le pese, no vale absolutamente para nada, salvo para jubilar a las viejas glorias de la política que no sabemos dónde colocar. Y todo ello con el mayor cariño y respeto para todos los que actualmente tienen el cargo del Senador o Senadora.

Si realmente lo que se quiere es defender y tener una representación legítima de los intereses de cada Comunidad Autónoma, el Senado, tal cual está configurado ahora mismo, debería de reconfigurarse y cambiar su concepción de representación de Partido Político Centralizado por la de representación de Partido Político Territorial (que no es lo mismo).

Obviamente los militantes o simpatizantes de los distintos partidos políticos deberían cambiar su chip y pensar que más allá de los intereses de su partido político están los del territorio a quien representan. ¿Sería eso posible? Pues es cuestión de mentalidad y educación democrática. Lo que está claro es que, tal y cómo está actualmente representado y concebido el Senado en la actualidad, los intereses de las Comunidades Autónomas no están ni defendidos ni representados, mejor dicho, en teoría deberían de estarlo pero la realidad es que no lo están, priman los intereses de Partido por encima de los que realmente interesan, que son los de los ciudadanos que viven en cada Comunidad Autónoma cada una con unas peculiaridades distintas.

Esto es lo que dice la Constitución Española al respecto del Senado en su:

Artículo 69

  1. El Senado es la Cámara de representación territorial.
  2. En cada provincia se elegirán cuatro Senadores por sufragio universal, libre, igual, directo y secreto por los votantes de cada una de ellas, en los términos que señale una ley orgánica.
  3. En las provincias insulares, cada isla o agrupación de ellas, con Cabildo o Consejo Insular, constituirá una circunscripción a efectos de elección de Senadores, correspondiendo tres a cada una de las islas mayores -Gran Canaria, Mallorca y Tenerife- y uno a cada una de las siguientes islas o agrupaciones: Ibiza-Formentera, Menorca, Fuerteventura, Gomera, Hierro, Lanzarote y La Palma.
  4. Las poblaciones de y elegirán cada una de ellas dos Senadores.
  5. Las Comunidades Autónomas designarán además un Senador y otro más por cada millón de habitantes de su respectivo territorio. La designación corresponderá a la Asamblea legislativa o, en su defecto, al órgano colegiado superior de la Comunidad Autónoma, de acuerdo con lo que establezcan los Estatutos, que asegurarán, en todo caso, la adecuada representación proporcional.
  6. El Senado es elegido por cuatro años. El mandato de los Senadores termina cuatro años después de su elección o el día de la disolución de la Cámara.

Y todo esto estaría muy bien si luego, una vez en la Cámara Alta, los representantes elegidos por el juego democrático realmente defendieran a su territorio y a los que los han elegido. De esta forma sí habría una defensa real de los intereses de cada Comunidad Autónoma, pero la realidad histórica nos dice que no es así, sino que lo que realmente se defiende, por encima de los intereses de cada territorio, son los intereses del Partido Político en cuestión a nivel centralizado. Un ejemplo de lo que digo ocurre en Castilla-La Mancha con el tema del agua. Posiblemente si nuestros representantes políticos que están en el Senado se dedicaran a defender los intereses de Castilla-La Mancha, en vez de los de su Partido Político, es fácil que al Trasvase Tajo Segura se le hubiera dado hace mucho tiempo una solución más acorde con la realidad e intereses de los castellano-manchegos.

Concluyo, ¿es realmente el Senado una Cámara de representación territorial tal y cómo dice el artículo 69 de la Constitución Española, o es un “efecto óptico” de cara a los ojos de los votantes?