Un amigo acaba de publicar, tras el cierre de la Feria de Albacete 2017, que ahora se hablará mucho de los recursos económicos generados por dicha Feria; se dirá que Albacete ha generado muchos millones de euros y que se han dado muchos puestos de trabajo. Textualmente este es su escrito del que no puedo estar más de acuerdo:

“Se cerró la puerta de hierros de la Feria de Albacete. En unos días nos dirán que ha generado más de 60 millones de euros de beneficios. También en estos días se deberán abonar los salarios a las más de cinco mil personas que han trabajado en los distintos establecimientos a destajo y en la mayoría de los casos sin haber estado de alta en la seguridad social por el tiempo realmente trabajado. Al menos que les abonen las retribuciones que acordaron antes del inicio de la Feria. En caso contrario, animo a que demanden y exijan los salarios que les conrrespondan. Y el año que viene, a ver si de una vez, se controla la legalidad de este gran evento manchego que mueve tanto dinero y que en gran parte, se diluye por las grietas de la precariedad laboral y falta de control fiscal.

Sí señor, esa es la cruda realidad de este país en términos económicos, financieros y fiscales: “pan para hoy y hambre para mañana”. La realidad es que este es el país que entre todos hacemos. Consentido por los distintos gobiernos a costa de una economía sumergida que, según los expertos, podría rondar entre el 25 y el 30 por ciento.

Unos datos que nuestros gobernantes, de todo tipo y condición, vienen consintiendo año tras año no vaya a ser que se arme una revuelta social de unas magnitudes alarmantes.

Este país funciona de auténtico milagro. Es la España de la pandereta y el chiste fácil. Una economía basada en el turismo barato y de una calidad que no es para tirar cohetes, y en unos servicios que no generan materia prima con la que poder plantear una economía de recursos tangibles o intangibles que permitan generar un PIB de calidad y además exportable. Un PIB que genere demanda interna capaz de mover mano de obra con puestos de trabajo de calidad y consolidada en el tiempo. Una mano de obra que pague los tributos de todo tipo que hacen falta en este país para poder pagar una carga administrativa e institucional que hoy en día es inasumible tal y como está estructurado este país, se mire por donde se mire.

La economía sumergida en España y la gran corrupción existente, unida al gran despilfarro incontrolado por nuestros políticos y la sobrecarga institucional y mal administrada, es la gran asignatura pendiente de un país que si no fuera porque está en la UE hubiera saltado por los aires hace mucho tiempo.

Pero haber quién le pone el cascabel al gato, haber quién ejerce la presión fiscal necesaria y de control de la corrupción y gasto público para poder ser un país acorde con unos principios que aun emanando de Europa no tienen nada que ver con la idiosincrasia española.

Y así llevamos décadas, haciéndonos ver que en España rige una Democracia, cuando realmente lo que tenemos es una chapuza política consentida por “todos” y para mayor gloria de la gran banca, las multinacionales de todo tipo, los “partidos políticos” que viven a su amparo y unos gobiernos que consienten y miran para otro lado esperando que pase el tiempo electoral.

Esta es la cruda realidad, mal que nos pese y por muy políticamente incorrecto que sea, pero ya está bien de que el Pueblo español siga consintiendo estas tropelías de “unos y otros”.

España y Europa requieren con urgencia una reforma que nos lleve a un sistema único (o casi) económico, político, fiscal y de justicia social, entre otras muchas cosas. Difícilmente se podrá hablar de una UE sólida cuando cada país hace de “su capa un sayo” en todas estas materias. Y de manera especial España necesita que sea “arrastrada” por esas ideas y planes de una Europa unida en todos los aspectos. Mientras no sea así, nosotros (los españoles) por sí mismos (visto lo visto) no seremos capaces de generar un país auténticamente democrático, justo y socialmente basado en la igualdad de derechos para todos. España, lamentablemente, está muy lejos de esa Social Democracia de la que, con orgullo, presumen nuestros compañeros de viaje europeos de los países del norte de Europa.

¡¡¡Sigamos entre todos haciendo la técnica del avestruz que nos va de cine!!!