Decía , escritora y política que fue una de las principales impulsoras del sufragio femenino en España: “Estoy tan alejada del fascismo como del comunismo, soy liberal. La libertad se aprende ejerciéndola. ante todo soy humanista. La victoria total, completa, aplastante de un bando sobre el otro, cargará al vencedor con la responsabilidad de todos los errores cometidos y proporcionará al vencido la base de la futura propaganda, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras”.

A muchos nos pasa lo mismo, no “comulgamos” ni con una cosa ni con otra, ni con aquellos que no piden perdón por las víctimas del terrorismo etarra que sembraron el terror en España durante décadas, ni con los que tampoco quieren visualizar la realidad que supuso el golpe de estado de las tropas rebeldes en el año 1936 y que dio lugar a una de las etapas dictatoriales más crueles, sangrientas y tristes de la reciente historia de ese país.

Lo peor de todo esto es cuando uno de estos, que ahora se llaman demócratas, solo quiere ver una de estas cosas y no la otra. De demócratas no tienen nada, están cegados por el odio y el rencor. Afrontar y decir las cosas como son, siempre y en todo lugar, es lo que hace que seamos libres y demócratas de verdad, lo demás es cualquier otra cosa menos democracia. Pero claro, en este país a algunos la palabra Democracia les viene grande y solo la utilizan para sus intereses políticos concretos, no para la colectividad.