La globalización es un fenómeno que ha marcado la actividad económica, política y social de todo el planeta en las últimas décadas. Se trata de un proceso por el que las diversas economías nacionales se unen de forma progresiva en un mercado internacional, de manera que su evolución pasa a estar en manos de los mercados externos y no tanto de las políticas económicas de los gobiernos locales. A continuación, se detallarán las principales características del fenómeno, sus causas y factores, su evolución en el tiempo, las claves de su funcionamiento y sus pros y contras.

La globalización supone la interdependencia cada vez mayor de las distintas economías de todos los países que conforman una economía de mercado a escala internacional. Por economía de mercado se entiende aquella que se basa en la producción y consumo de bienes y servicios siguiendo las reglas de la oferta y la demanda, con el objetivo de alcanzar un mercado libre. La mundialización de la economía de mercado se materializa en tres aspectos: las inversiones de capital se realizan en cualquier lugar del mundo, los bienes y servicios se intercambian entre los distintos países y el flujo de mano de obra se realiza en movimientos migratorios masivos. Estas acciones son gestionadas por los agentes económicos, que son los propulsores de la globalización. Los agentes más importantes son las multinacionales, los bancos, los gobiernos y los organismos internacionales.

La globalización es un fenómeno que afecta a otras disciplinas además de la economía. Por ejemplo, tiene evidentes consecuencias políticas como la supremacía de las potencias mundiales frente a la pérdida de soberanía de los países más pobres o la creación de pactos, alianzas, bloques y organismos internacionales. Socialmente, provoca cambios en las estructuras tradicionales que ceden ante el avance del individualismo de las sociedades cosmopolitas. En materia cultural, facilita la creación de una cultura global, que tiende a homogeneizar identidades locales afectando así a la diversidad. Por último, en el campo de la tecnología, la globalización ayuda a desarrollar las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC).

El todavía reciente fenómeno de la globalización ha sido producto de una serie de causas y factores (algunos económicos, otros sociales y coyunturales) que han marcado las políticas económicas de gran parte del mundo occidental durante las últimas décadas. En primer lugar habría que destacar el definitivo triunfo de las políticas capitalistas en todo el mundo (sobre todo a raíz de la caída del bloque comunista en 1989), lo que ha supuesto la generalización de las políticas neoliberales, que son aquellas que tienden a no limitar el mercado y a eliminar aranceles y protecciones comerciales. Todo ello ha consolidado la noción de mercado global, en el que todo el planeta es un espacio de compraventa, protegido por la eliminación de las barreras comerciales entre los países y por el papel mediador de los grandes agentes internacionales.

Otro factor importante es la continua mejora de la red de transportes y los avances tecnológicos acaecidos en las últimas décadas. Ambas cosas han permitido abaratar los costes de elaboración de los productos (ya que no dependen tanto de los gastos de cubrir elevadas distancias como en otras épocas) y alcanzar una gran rapidez en el flujo de mercancías a escala global. Además, gracias a estos adelantos en tecnología e infraestructuras se ha conseguido un mejor acceso a zonas antes muy remotas, donde el empresario puede proveerse de recursos y servicios a más bajo precio. Por último, la óptima coordinación de estos procesos de producción a gran escala se ha visto mejorada por la expansión de los avances informáticos y, sobre todo, por Internet, otro de los grandes factores del triunfo de la globalización en el siglo XXI.

Como decíamos, la caída del bloque comunista supuso el triunfo definitivo del modelo económico capitalista y, para muchos especialistas, este hecho supuso el inicio de la globalización. No obstante, antes hubo dos precedentes claros: la crisis del petróleo de los años 70 y los gobiernos neoliberales de la década de 1980. El primero fue una grave recesión internacional causada en 1973 por la subida del precio del crudo, que provocó que los países afectados iniciasen una estrecha colaboración para fomentar el crecimiento económico, reducir el gasto y garantizar la viabilidad de los mercados. Este cambio de mentalidad fomentó la llegada en los años 80 de dirigentes neoliberales como el estadounidense o la británica , que favorecieron el sector económico a base del libre intercambio de productos, la privatización y la desregulación.

Tras la caída del bloque comunista en 1989 se impuso un nuevo modelo fomentado por la administración estadounidense que tenía como objetivo no solo la libre circulación de productos sino también la libre circulación de los servicios y capitales, todo bajo la regulación de tribunales arbitrales internacionales. Con ese objetivo se creó en 1995 la (OMC), organismo internacional que garantiza el libre comercio a nivel mundial y reduce cualquier medida local de carácter proteccionista. Pronto todo el planeta empezó a integrarse en este gran mercado global (incluso un gigante comunista como ingresó en 2001 en la OMC), el cual empezó a sufrir de forma colectiva tanto fases de burbujas especulativas (como la de Internet de finales de la década de 1990 o la del ladrillo de inicios del siglo XXI) como de crisis sistémicas (como la crisis del sistema financiero mundial surgida en 2008).

La base de la globalización son los mercados internacionales, o más concretamente, la existencia de un mercado mundial en el que se destruyen todas las barreras arancelarias para facilitar la libre circulación de los capitales. Para conocer su funcionamiento, hay que tener en cuenta cuatro puntos básicos: la naturaleza de los capitales, los flujos financieros, la mundialización de la producción y la banca mundial.

La globalización permite la libre circulación por todo el mundo de los tres tipos de capitales que existen: el capital financiero (el dinero propiamente dicho, materializado en préstamos, créditos e inversión); el capital productivo (materias primas, bienes de capital como maquinaria, herramientas o vehículos, y mano de obra); y el capital comercial (los bienes y servicios que acceden al mercado de compraventa, cuyos principales vendedores son las empresas multinacionales).

Todos estos capitales fluyen por todos los mercados internacionales, aunque brillan con luz propia los flujos financieros, ya que al no ocupar un lugar concreto y poder ser trasladados con rapidez por la tecnología encarnan la quintaesencia de la globalización. El mercado financiero mundial mueve cada día millones de dólares, la mayor parte de ellos en operaciones especulativas en lugar de pagos por bienes o servicios, o sea, en operaciones que buscan beneficios de la compraventa de moneda, fondos de inversión, productos financieros, etc.

Según la globalización, el mundo es una gran cadena de producción de bienes, distribución comercial y mercados consumidores. Por tanto, toda etapa del proceso comercial puede darse en cualquier parte del planeta, y solo dependerá de si resulta beneficiosa para las multinacionales. Estas multinacionales son empresas de grandes dimensiones afincadas en un país concreto pero que operan en otros a través de filiales. En el caso de España, algunas de las más poderosas son , Repsol o Telefónica.

Las empresas internacionales necesitan un gran apoyo financiero para funcionar y esto lo logran de los grandes bancos multinacionales, que facilitan el crecimiento del capital financiero a través de las inversiones en las bolsas de valores de todo el mundo. Los bancos multinacionales actúan unidos en grandes consorcios financieros. También existen organismos financieros internacionales como el (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) que son instituciones de asistencia financiera y técnica que condicionan sus préstamos a que los países adopten políticas destinadas a eliminar las barreras a la libre circulación del capital.

Fuente: Gran Enciclopedia Planeta