El fenómeno de la globalización siempre ha despertado aplausos y críticas a partes iguales entre los círculos de economistas y activistas sociales. Esto se debe a que la globalización no es más que la máxima expresión del liberalismo económico a escala mundial, lo que conlleva un provechoso sistema de libertades comerciales, beneficios económicos y adelantos tecnológicos a nivel internacional, pero también provoca grandes desajustes a escala local debido a que los agentes más modestos no pueden competir con las empresas. A continuación, se detallarán los beneficios y perjuicios más comunes del sistema.

Los efectos positivos de la globalización son cuantiosos como, por ejemplo, el aumento de las posibilidades de negocio y ventas de las empresas, ya que estas pueden jugar a escala global. A su vez también se benefician de la reducción de los gastos de producción, lo que les permite ofrecer productos a precios menores. También la liberación de mercados facilita la competitividad entre los empresarios que se ven obligados a elevar la calidad de los productos para garantizar su venta. Fruto de esta apuesta por la competitividad, se destinan más fondos para conseguir mejoras tecnológicas que ayuden a la producción y a la rapidez de las transacciones económicas e intercambios comerciales. Esto último contribuye a que haya una mayor accesibilidad a productos que antes eran imposibles de obtener en los países subdesarrollados.

Por otra parte, la globalización permite a los países aumentar la inversión extranjera para generar riqueza más allá de sus propios agentes económicos, aunque también les permite especializarse en unas actividades económicas concretas y más productivas. Asimismo, favorece la movilidad de la población y el aumento de la tasa de empleo en los países más desfavorecidos que reciben los encargos de producción de las multinacionales, lo que supone una mejora de los servicios sociales y un mejor acceso a los adelantos sanitarios, culturales y científicos. Todo ello desemboca en un aumento de la renta per cápita del país, algo de gran valor social sobre todo en países en desarrollo.

En cuanto a los perjuicios de la globalización, casi todos atañen al reparto injusto de la riqueza. Por ejemplo, los mercados globales provocan grandes desigualdades económicas entre las potencias mundiales y los países subdesarrollados debido que el capital generado en estos últimos se acumula en los primeros (lo que se conoce como acumulación externa de capital). Asimismo, también puede provocar diferencias económicas en el seno de cada país, ya que la globalización beneficia siempre a las empresas grandes y poderosas, que disponen de más medios para competir que los pequeños empresarios. Además, la búsqueda de mano de obra y materia prima barata en otros países por parte de las multinacionales puede provocar el aumento del desempleo en ciertos sectores de los países desarrollados y una mayor fuga de capitales, sobre todo si estas empresas deciden trasladar sus sedes hacia otros países que les ofrezcan mejores ventajas en su producción.

Debido a esta búsqueda de servicios y ventajas en los países en desarrollo, se produce también una mayor intervención económica y política por parte de los países más ricos hacia los estados más modestos, quienes además pueden sufrir una notoria degradación del medio ambiente por la explotación de sus recursos. Asimismo, estos países tienen una menor oportunidad de competir con las empresas multinacionales, a las que finalmente pertenecen como un eslabón más de la cadena y no como un agente económico similar. Todo ello causa una gran inestabilidad en los países en desarrollo que, como respuesta, pueden generar gobiernos totalitarios y hostiles a los intereses occidentales.

Por último, la interconexión entre economías favorece también aspectos muy perniciosos para la sociedad global como la mundialización de los delitos criminales (narcotráfico, terrorismo, tráfico de armas, etc.), el contagio de las crisis económicas entre los distintos países (como ha pasado a raíz de la reciente crisis del sistema financiero), la pérdida de las identidades culturales propias de cada nación y el incremento de las desigualdades territoriales entre modernas actividades dinámicas y sectores tradicionales más atrasados.

Todo ello ha provocado el nacimiento de los denominados movimientos antiglobalización (como los participantes en el Foro Social Mundial de ). Se trata de una corriente de protesta mundial que reúne a decenas de grupos de distintos países que comparten una beligerante actitud de rechazo al capitalismo y al modelo neoliberal. Es un movimiento formado por grupos diferentes, como sindicatos, intelectuales progresistas, ecologistas, indigenistas o grupos desfavorecidos que acusan al sistema económico de ser amoral e injusto. Algunos de los más importantes son Acción Global de los Pueblos, la y por la Acción Ciudadana (ATTAC), el Movimiento de los Sin Tierra (MST) o la Vía Campesina.

Estos activistas se organizan en numerosas campañas y actos de protesta en defensa de la condonación de la deuda externa de los países pobres o para exigir la reforma del y el , entre otros objetivos. Asimismo, pretenden fomentar un consumo responsable y colaborativo, un comercio de proximidad y una economía basada en la solidaridad y en la noción de prosumidor (acrónimo del inglés producer, “productor”, y consumer “consumidor”), es decir, de consumidores que prefieren consumir sus propios bienes y servicios.