España no está rota (creo y quiero pensar) pero lo que sí es cierto es que la “rotura” que provocó la Guerra Civil (debida a un golpe de estado, todo hay que decirlo) entre la población española es obvia. Los rescoldos de aquellas ascuas en las que el odio y la venganza acampaba por doquier no terminan de apagarse y a la menor ráfaga de “viento” encienden de nuevo la llama de una de las épocas más tristes de la Historia de España. Esta es la cruda realidad, generaciones de españoles en las que las historias de esa Guerra de vergüenza han ido pasando de abuelos a padres y de estos a nietos.

Quizá todavía es muy pronto para que unos y otros, aun sin olvidar aquello, por lo menos asuman que no se puede vivir bajo las rencillas permanentes. El caso de Cataluña y la represión franquista de la dictadura en esa región es el ejemplo vivo de lo dicho. Solo hay que oír a los más radicales independentistas donde, más allá de la sensatez y la coherencia, hablan desde el rechazo más absoluto a todo lo que suene a español; y lo hacen así porque no han asimilado todavía que el Dictador murió y su legado también.

Muchos en el bando perdedor de aquella Guerra hubieran, y todavía quieren y esperan, deseado una transición mucho más radical para con el legado de aquella Dictadura. Cuantas veces estamos escuchando de los más veteranos, en los últimos años, lo que acabo de decir.

El tiempo irá limando asperezas y odios, pero todavía es pronto, muy pronto; a los españoles nos cuesta mucho perdonar y empezar de nuevo asumiendo un futuro distinto a ese pasado nefasto. Por todo ello y sabiendo el terrible daño que causó esa Guerra (cuyos efectos negativos seguimos pagando), deberíamos todos sobreponernos a la Historia y afrontar el futuro sin mirar atrás. No digo olvidar, pero sí al menos guardar en lo más hondo de nuestra alma esos sentimientos que no nos dejan avanzar. Por eso, como he dicho en muchos de mis últimos artículos, ahora más que nunca nuestros dirigentes políticos deben demostrar sensatez, coherencia, inteligencia y una gran dosis de Política de Estado. Y todo ello bajo la connivencia y “consejo” de otras democracias con mucha más experiencia que la nuestra.

¡Nos jugamos nuestro futuro, el de toda España incluida Cataluña! No caigamos en el juego fácil que quiere provocar una minoría.