El cinismo, hipocresía y… digamos falta de rigor, seriedad y respeto de Puigdemont y sus correligionarios hacia el resto de los seres humanos de este Planeta, tuvo ayer su punto máximo de inflexión al poner como argumento para su declaración de la República Independiente de Cataluña, aunque solo durara unos segundos, ya que acto seguido la dejó en suspenso apelando al diálogo, el resultado (según él y sus seguidores) del referéndum ilegal del 1-O.

O este hombre no está bien de la cabeza, y lo digo sin acritud, o simplemente se está riendo de todos nosotros, es más, llego a pensar que nos toma por seres inferiores y de hecho lo está haciendo, ¡se está literalmente riendo de nosotros! no se entiende de otra forma.

Poner como argumento, para hacer la pantomima (ambigua por cierto) que hizo ayer en su lamentable discurso que, desde luego pasará a la historia por el ridículo tan espantoso que hizo ante el mundo, el intento de referéndum ilegal del pasado 1 de Octubre donde votó el que le dio la gana, donde quiso, cuando quiso y cuantas veces quiso es un atentado a la inteligencia de cualquier persona con un mínimo de sensatez y coherencia.

Repito que el ridículo que Puigdemot hizo ayer ante la opinión pública internacional pasará a la historia por su falta de coherencia. responsabilidad y ambigüedad.

Declarar una República Independiente para Cataluña, para a los pocos segundos decir que la dejaba en suspenso en busca de diálogo, supone un acto de irresponsabilidad de un calado social de proporciones solo comparables a otros acontecimientos internacionales que en determinados momentos han conmocionado al mundo.

Presionado por la propia (alcaldesa de ), los empresarios catalanes, la UE, el resto de organismos internacionales y la mayoría de los ciudadanos españoles en Cataluña y la totalidad de ellos en el resto del territorio nacional, lo que Puigdemot tenía que haber hecho es haber realizado un discurso más por las vías de la búsqueda de llevar sus propósitos por los cauces legales que por seguir insistiendo en esa imagen de fascista dictatorial nacionalista que le caracteriza.

La patata caliente se la ha querido dejar al y al conjunto de los partidos demócratas que, como no podía ser de otra manera, están en contra de cualquier acto subversivo ilegal contra la Democracia y el Estado de Derecho. Mucho tacto, altura de miras, inteligencia y conciencia de Estado tienen que tener nuestros dirigentes (democráticos) para no caer en las redes que Puigdemot ha tirado para que caigan en ellas y así, cual más puro pensamiento de , dar ante la opinión pública internacional una imagen de víctima, de aquel que nunca ha roto un plato.

Nuestros políticos deben aplicar ahora la sensatez, la que sin duda no tiene, visto lo visto, Puigdemot y sus compañeros de viaje

El término sensatez es aquel que hace referencia a la capacidad que tienen los seres humanos de actuar racionalmente, guiándose por el sentido común y por la utilización de la verdad. Desde luego si por algo se caracteriza Puigdemont es por la sarta de mentiras expuestas para tratar de argumentar sus ruines acciones ilegales y “maquiavélicas”.

Una persona sensata es aquella que no sólo dice la verdad de manera honesta y correctamente, si no que además se maneja en su vida de acuerdo al sentido común, no dejándose llevar por emociones incontrolables como el odio, la amargura, la pasión o la violencia. De estas últimas cosas el independentismo catalán tiene mucho, por desgracia.

Evidentemente, la sensatez es una capacidad que sólo los seres humanos han logrado desarrollar ya que la misma tiene que ver con la utilización del raciocinio. La sensatez es poder guiarse por el sentido común, aquel que nos lleva a actuar de manera racional, evaluando las diferentes posibilidades y circunstancias para actuar del mejor modo sin generar perjuicio a otros.

Sensatez, divina palabra que nuestros dirigentes deben de llevar como ideario básico en su forma de actuar para no caer en las redes que los independentistas ilegales y radicales quieren llevar a todos los españoles. Buscan ir de víctimas, no lo permitamos.