Parafraseando a Federico García Lorca, “la verdadera patria es la patria del amor y la igualdad”, es conveniente recordar que una sociedad es más importante cuando en ella predominan la justicia social, la educación en valores, el respeto hacia y para cada una de las demás personas y lógicamente cuando no existen barreras de ningún tipo que impidan el desarrollo personal por el motivo y condición que sean. Cualquier sociedad que se precie de serlo debe de estar mentalizada para lograr la igualdad social, sin embargo todavía estamos a años luz de conseguirla.

Todos los partidos políticos, o así quiero pensarlo, están de acuerdo en los principios de solidaridad e igualdad de oportunidades. Tantos unos como otros tienen por bandera de sus discursos el concepto de solidaridad al igual que manifiestan que todo el mundo debe tener las mismas posibilidades de escoger qué hacer con su vida y enriquecerse si se tiene talento, sin tener en cuenta privilegios o títulos, riqueza heredada, color de la piel, ideologías, creencias, discapacidades de todo tipo… Las diferencias entre unos y otros políticos se centran en cómo conseguir que esa igualdad de oportunidades sea real, y qué grado de intervención estatal y redistribución de la renta es necesaria para conseguirla.

Sin embargo, gran parte del fracaso en el tema de la solidaridad, que sin duda es una cuestión de educación y respeto por la sociedad bien entendida, como la igualdad de oportunidades, no proviene de restricciones impuestas, sino de la enorme capacidad humana de cometer errores. Una política de solidaridad e igualdad de oportunidades no debe ser solamente tirar dinero al problema, sino también hacer que muchas de estas decisiones no tengan oportunidad de aparecer. Es decir, motivar conciencias desde muy temprana edad al respecto de que un país avanza y se desarrolla cuanto más y mejor entendidos están los conceptos de igualdad y solidaridad. La educación en unos valores bien entendidos y generalmente aceptados por la sociedad es el pilar básico del desarrollo social de un país.

Dijo el novelista ruso León Tolstói que “no hay más que un modo de ser felices: vivir para los demás”. Desgraciadamente no es fácil hoy en día vivir viviendo para los demás, pero sí al menos estar mentalizados para evitar en lo posible generar a la sociedad un mal mayor que los que ya viene arrastrando. Por mucho que nos empeñemos en demostrar, con palabras que no con hechos, que somos solidarios y practicamos la justicia social, la realidad del mundo en que vivimos nos lleva a pensar que aún nos queda un largo camino por recorrer.

Por todo ello, cuando surgen instituciones, empresas públicas o privadas, y personas cuya filosofía de vida está basada en aportar, con mayúsculas, a la sociedad, valores de altruismo y solidaridad, conviene ponerlos en valor y reconocérselo de manera muy especial. Decía la madre Teresa de Calcuta que “a veces sentimos que lo que hacemos es tan sólo una gota de agua en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota”.

Hoy en día hablamos mucho de política y de políticos (actualmente más bien para mal), se poseen grandes conocimientos de todo tipo, se han hecho grandes avances tecnológicos pero, humanistas, ya quedan pocos. Ya lo decía el Emperador de Prusia Federico II: “conocimientos puede tenerlos cualquiera, pero el arte de pensar es el regalo más escaso de la naturaleza”. Eso lo dijo a principios del siglo XVIII, me parece que en ese sentido hemos avanzado poco. Hoy en día se poseen muchos conocimientos pero muchas veces mal empleados. Además, dónde están los grandes poetas de nuestro tiempo, aquellos que marcaron con su manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra el final del siglo XIX y la mitad del siglo XX; dónde están los grandes pensadores, con mayúsculas, del siglo XXI.

Existen unos valores, cada vez más escasos, que sin duda son fundamentales para un desarrollo humano sostenible: el trabajo y el gusto por las cosas bien hechas, la excelencia y calidad en nuestras acciones, el esfuerzo, la constancia, la voluntad, el sacrificio, la solidaridad, la justicia social, la igualdad… Recordando al filosofo alemán Friedrich Nietzsche que dice “aquel que tiene un ‘porqué’ para vivir se puede enfrentar a todos los ‘cómos’”.

Hablando de solidaridad e igualdad social se hace conveniente recordar a Martin Luther King y a su famoso discurso leído en las gradas del Lincoln Memorial durante la histórica Marcha sobre Washington a favor de la libertad (28-08-1963) donde promulgaba de manera constante su ya famosa frase: ¡Hoy tengo un sueño!. La sociedad en la que vivimos, al igual que Martín Luther King, también tiene un sueño, el que hacia al comienzo de esta editorial recordando las palabras de Lorca, conseguir la patria del amor y la igualdad.

Y como conclusión de este artículo, me van a permitir que repita lo que ya manifestó Luther King hace ya muchas décadas en referencia a la tolerancia y la libertad de las personas: “Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos”.

Hoy, más que nunca, reivindico: Liberté, égalité, fraternité

¡Vive la France!