Estas dos fotos que publico con este artículo se corresponden con dos épocas muy distintas, y distantes en el tiempo, una corresponde a unos refugiados que en el año 1939, en la Guerra Civil Española, se tuvieron que ir de España huyendo de la dictadura, la represión, la barbarie, el hambre, la miseria… todo aquello que un golpe de estado militar hizo que este país se sumiera en un pozo de desgracia.

Familias destrozadas, desunidas, rotas de dolor, sin esperanza… sin futuro.

Fueron acogidas por otros países europeos y muchos sudamericanos. Con su acogida, muchos resistieron las penurias de una Guerra Civil injusta. Salieron adelante, prosperaron, construyeron un proyecto de vida, una familia… se desarrollaron como seres humanos. Se dignificaron como personas arropadas por el respeto que otras le transmitieron a lo largo de sus vidas.

¿Ya no nos acordamos?

La otra fotografía se corresponde con otros refugiados, en este caso procedentes de Libia, que fueron rescatados por el buque Aquarius hace unos días y que, tras un largo periplo burocrático/político/institucional, consiguieron llegar al puerto de tras la autorización del a que fueran acogidos en España.

Las diferencias de las dos fotografías, al margen de la calidad de las mismas, es inexistente. El objeto visual siempre es el mismo, aunque hayan pasado 80 años, personas en busca de refugio donde salvaguardar sus vidas, proteger a sus familias, conseguir hacer un hogar, una familia… ¡VIVIR!

España ha sido uno de los países con mayor emigración de Europa y muchos países nos acogieron cuando más lo necesitábamos.

¿Con qué derecho critican ahora muchos españoles la actual situación de acogida de estos migrantes que vienen huyendo de la guerra, el hambre, la miseria… la muerte?

¿Quiénes somos para juzgarlos?

¿Alguno de nosotros sabe lo que estas personas han podido llegar a pasar hasta estar a salvo en los países que finalmente los acogen?

Cuando una persona sale de sus países a la desesperada, con niños pequeños, mujeres embarazadas, personas enfermas… sin sus pertenencias, dejando a otros familiares y amigos en sus lugares de origen… dejándolo absolutamente todo… debe estar muy desesperada, al borde de la locura.

Por favor, no juzguemos si no queremos ser juzgados.

Lo más importante de este mundo es la Vida, si somos capaces de ayudar a conservarla muy posiblemente esas Vidas sean capaces de construir otros proyectos de vida, otros hogares, una familia…

¡Intentémoslo, igual merece la pena!