El enorme daño social, político y económico que los independentistas, con Puigdemont a la cabeza, han hecho a Cataluña y al resto de España, no tiene nombre y además de alguna forma se tiene que parar para evitar una crisis nacional de calado espectacular e irreversible. Pero esto, que no deja de ser una opinión, no quiere decir que no se tengan que respetar otras opiniones y poner en valor el RESPETO PARA TODOS DEL DERECHO A EXPRESARSE LIBREMENTE sin violencia y con respeto a la legalidad vigente, y si no nos gustan las leyes las cambiamos cuando toque y por mayoría de lo que los ciudadanos decidan, de TODOS ellos independientemente de su procedencia, sexo, nivel educativo, religión, ideología, etc, etc, Y puede ocurrir, como así pasa, que unas leyes les gusten al 51% de la población y no al otro 49%, pero así es la Democracia si realmente es el sistema político que queremos.

El filósofo griego Platón era contrario a este sistema político, y argumentaba su criterio de muchas maneras. Platón manifestaba que, en base al sentido político y social de la Democracia, nuestros gobernantes elegidos podrían ser los menos adecuados para dirigir los gobiernos, dado que CUALQUIER CIUDADANO puede, si así lo quieren TODOS sus compatriotas, presentarse a las elecciones y por tanto salir elegido. Un tema controvertido y de muy profundo y largo debate que no viene ahora al caso.

Hay que tener en cuenta que siendo la Democracia el mejor de los sistemas políticos no es para nada perfecto y como tal requiere de permanente evolución adaptándose a la realidad de cada sociedad. Lo peor es pensar que las leyes pueden ser eternas, vitalicias, dogmas de fe por la historia de los tiempos.

Avram , lingüista, filósofo y activista estadounidense decía que el derecho a expresar y difundir libremente las opiniones es fundamental en nuestras sociedades y sólo puede ser restringido por la Justicia en el caso de que incumpla las leyes que democráticamente se han impuesto los ciudadanos.