El 29 de octubre de 2010, a los 92 años de edad, nos dejaba , fundador y primer Secretario General de CCOO, y miembro destacado, íntegro y humilde de lo que fue en su día el de España, garante y piedra angular de la Transición en la joven, inexperta e imperfecta Democracia Española que tenemos en la actualidad.

Él (Marcelino) y otros muchos dejaron en su camino mucho esfuerzo, muchos sinsabores, cárcel, vejaciones… y hasta su vida. Una vía de tren de largo recorrido que solo tenía una meta: la consecución de la justicia laboral y social de manera uniforme, en igualdad de condiciones para todos los españoles. Y todo ello en una época marcada por una dictadura, en principio, y por una transición, después, llena de “obstáculos” de todo tipo.

Lucha y esfuerzo austero y abnegado, lleno de dignidad, para que ahora muchos (de todos los partidos y colores) desde su “poltrona” y sus despachos inaccesibles y rodeados de estómagos agradecidos, puedan vivir a cuerpo de rey mientras determinan los tributos anuales cada año para poder mantener una infraestructura institucional burocratizada hasta la saciedad, inasumible para España en la situación económica actual.

A veces, “estos” que ahora se les llena la boca de frases llenas de teorías aprendidas en las aulas universitarias y en las clases de filosofía, y vacías de contenido práctico, deberían bajar al mundo real que ellos pretenden defender pero que no son capaces de palpar con sus propios sentidos. Una sociedad laboral (la española) llena de trabajadores y pequeños autónomos y empresarios que se las ven y se las desean para llegar a final de mes mientras los burócratas se empeñan en darnos lecciones de solidaridad desde las gradas de los tendidos y con sueldos que jamás ganarían si de pequeñas empresas privadas se tratara donde desempeñaran sus trabajos, entre otras cosas porque la “teta” no da para tanto, pero el Estado sí claro, y si no hay, pues más impuestos. ¡Buena manera de hacer justicia social!

Marcelino Camacho dejó un legado que nadie ahora es capaz de leer (y entender) y llevar a la práctica, tanto desde CCOO como desde el Partido Comunista.

Más de una vez he oido hablar con cierta acritud (a los que ahora van de salvadores y abanderados de la justicia social) tanto de CCOO como especialmente del Partido Comunista, sin saber ni de qué ni de quién hablan. ¡Desconocen tantas cosas, y la vida les ha sonreido tanto, que son incapaces de llegar a comprender y mucho menos de empatizar con los demás en sus necesidades diarias!

Es gracias a personas como Marcelino Camacho que en España tenemos una Democracia (aun imperfecta) que nos permite mirar a Europa y al resto del mundo con cierta dignidad.

Marcelino y muchos compañeros suyos vivieron la “lucha” dando ejemplo de austeridad, humildad y dignidad a raudales. Las mismas cualidades que les faltan a nuestros dirigentes burócratas actuales.

A Marcelino Camacho y a tantos otros (de los que sí quiero acordarme) que dejaron su alma, corazón y vida para que ahora podamos vivir un poco mejor, quiero dedicar estas humildes letras salidas del sentimiento más sincero y de la gratitud más respetuosa. Quizá algun día la gestión política sea hecha por personas con el talante solidario de verdad que emanaba y practicaba con el ejemplo Marcelino Camacho. ¡Quizá algún día…!

¡¡¡GRACIAS A MARCELINO Y A TANTOS OTROS QUE SE QUEDARON EN EL CAMINO… GRACIAS!!!