A algunos se les llena la boca de palabras como Democracia, Libertad, Justicia, Igualdad, Medios de Comunicación Plurales y Libres, Consenso, etc., etc., pero en su interior encierran cierto atisbo de fascismo (carácter totalitario y antidemocrático) envuelto en papel tintado de democracia con lunares de cinismo e hipocresía.

Estos mismos son los que ponen las democracias en peligro, porque la democracia ya no termina con un bang (un golpe militar o una revolución), sino con un leve quejido: el lento y progresivo debilitamiento de las instituciones esenciales, como son el sistema jurídico o la prensa, y la erosión global de las normas políticas tradicionales, entre otras muchas estructuras. Y todo ello mezclado con el beneplácito de nuestras instituciones políticas que permiten el “abuso de poder” al que tienen sometido a los ciudadanos las grandes compañías financieras, energéticas, hidroeléctricas, etc., etc. y a las que se les permite abuso tras abuso en una clara política económica neoliberal consentida. Por cierto, ¿qué pasa con los 60.000 millones de euros que la Banca (tras el rescate) le debe a los ciudadanos españoles?

El hecho (constatado según el último informe del CIS) de que el principal problema de los españoles, incluso delante del paro, sea la política en general, con las actuaciones de los políticos, más el fraude y la corrupción, no hace más que poner en evidencia el tablero donde se juega hoy en día la esencia misma de la Democracia.

Porque tal y como vamos avanzando en el tiempo, al margen de las elecciones, los partidos políticos demuestran, cada día más, un sectarismo partidista ideológico del “yo, mí, me, conmigo” y de un “monoteísmo yoico” que raya la falta de respeto hacia la ciudadanía que es por la que debieran de trabajar y consensuar criterios, más allá de buscar el “sillón” de turno. Somos los ciudadanos y no otros por los que deben de procurar hacer políticas de Estado, a presente pero especialmente a futuro, con miras, al menos, a diez años vista. Estas políticas de Estado, en la clase política actual, brillan por su ausencia. Ahí están las noticias a diario que dan fe de ello. Son incapaces de lograr el consenso en casi nada de lo que realmente importa, ejemplo de ello, la ausencia de unos Presupuestos para este año 2019 que es por lo que, al final, nos hemos abocado a unas Elecciones Generales con el COSTE DE PAÍS que eso representa. Pero es obvio que les da lo mismo. Seguro que algunos de los que lean estas letras (políticos de turno) dirán que la culpa no es de ellos, sino de los otros, lo que refrendará, una vez más, lo escrito. Nadie tiene culpa de nada, siempre es el contrario.

Y así seguimos y así nos va, pero es que mucho me temo, vista las encuestas electorales, que este “yo, mí, me conmigo” y este narcisismo idólatra de nuestros representantes políticos, y este mirarse siempre al ombligo sin entonar nunca el “mea culpa”, nos lleve a unas nuevas Elecciones Generales si no son capaces de formar un Gobierno -tras el 28 A- con suficientes garantías de sacar adelante los ansiados Presupuestos que revitalicen y pongan en marcha el País.